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con el duque Maximiliano Esforcia, y por este camino recobrar aquel ducado, que á su marido á tuerto quitaron. Como valerosa hembra, en su pobreza no se olvidaba de su dignidad y de la grandeza de su casa; á la sazon se entretenia en el reino de Nápoles. Sentia el Papa que la señoría de Venecia estuviese á punto de perderse, y de secreto trataba de amparalla. Envióá requerir al Virey no pasase adelante en hacelle guerra hasta tanto que se tomase algun buen apuntamiento con venecianos. Todo era en sazon que Aragon andaba alborotado por pasiones entre los condes de Ribagorza y de Aranda. Púsose el rey Católico de por medio. Tratóse la diferencia por via de justicia. Dió su sentencia, en que condenó por culpado al conde de Ribagorza, y le mandó que saliese desterrado de todo el reino de Aragon por lo que fuese su voluntad. En el reino de Nápoles algunos pueblos estaban alzados por los malos tratamientos de sus señores, en especial Santa Severima, Policastro y Maturan, lugares muy fuertes. Para allanar á Calabria fué enviado don Pedro de Castro, que lo sosegó todo, aunque con dificultad y tiempo. Al conde de Muro, que era gobernador de la Pulla, se ordenó fuese á residir en su gobierno, y á la montaña del Abruzo enviaron á Miguel de Ayerve para que la tuviese en defensa, todos con órden diesen calor á la justicia. CAPITULO XXII. Que el rey Católico prorogó la tregua que tenia con Francia.

La reina de Francia falleció á los 9 de enero del año que se contaba de 1514. Su muerte fué muy sentida de todos, mayormente del Rey, su marido, que en Bles se sentia muy agravado de la gota, y recelaba no se rebelase lo de Bretaña. Entre otros príncipes que enviaron á visitar aquel Rey y consolalle de aquella muerte, la reina doña Germana envió á fray Bernardo de Mesa, obispo de Trinópoli, para hacer este oficio y juntamente solicitar lo que de dias atrás pretendia, es á saber, le entregasen el ducado de Nemurs y el señorío de Narbona con los demás estados que fueron de Gaston de Fox, su hermano, pues era su legítima heredera. Pasó asimismo en Italia Ramiro Nuño de Guzman por órden del rey Católico para hacer oficio de su embajador en Roma. De camino asentó en Génova confederacion con aquella señoría. La sustancia era que se obligaron el rey Católico de amparar aquella ciudad, y su duque Octaviano Fregoso y los ginoveses de ayudar al Rey en cierta forma para la defensa de sus estados. Hízose este concierto á los 5 del mes de marzo en sazon que los adornos trataban con los suizos y con su ayuda de mudar el estado de aquella ciudad. En Francia por medio del obispo de Trinópoli se volvió á la prática de casar el infante don Fernando con Renata, la hija menor del rey de Francia. Por medio deste casamiento se pretendia asentar entre aquellos príncipes una firme paz, cosa que á entrambos estaba bien por lallarse cansados y enfermos. Llevóse este tratado tan adelante, que se platicó que el rey de Francia por estar viudo y deseoso de tomar estado por tener hijo varon, casase con la infanta doña Leonor, hermana del príncipe don Cárlos. Por otra parte, se hacia instancia que

el Emperador y venecianos se concordasen. Acordaron de comprometer sus diferencias en manos del Pontífice. Llevó el compromiso el cardenal de Gursa, en que expresamente se declaraba que ninguna cosa se determinase en este caso sin el beneplácito del rey Católico. Aceptó el Papa el compromiso, oyó lo que por las partes se alegaba, finalmente, á 18 del dicho mes pronunció sentencia, en que mandó que el Emperador quedase con Verona y Vicencia, venecianos con Bresa y Bérgamo, y que contasen al Emperador docientos y cincuenta mil ducados por una vez, y por año treinta mil. Restaba el consentimiento del rey Católico; pero antes que viniese, los venecianos se declararon que no pasarian por la sentencia del Papa. Llegábase el término en que la tregua puesta con Francia espiraba; asentóse por medio del secretario Quintana, que estaba en Francia por parte del rey Católico, que entre tanto que las pces no se concluian, la tregua se prorogase por otro año. Las condiciones fueron las mismas que pusieron el año antes, sin añadir ni quitar. Esta prorogacionde la tregua no se recibió por los otros príncipes de una misma manera. El delfin de Francia no la quisiera por recelarse se encaminaba á la paz, que él mucho abor. recia por no quedar privado por esta via del ducado de Milan. El Emperador no curó mucho della por tener vuelto su pensamiento á continuar la guerra contra renecianos, antes holgaba se llegase á la conclusion de la paz. Al rey de Inglaterra se atajaron los pensamientos de continuar sus empresas por Picardía y Guiena, que sintió gravísimamente. Llegóá tanto su desgusto, que se resolvió de ganar por la mano y hacer paces con el rey de Francia. Concertó de casalle con su hermana María, esposa del príncipe don Cárlos. Juntáronse en Lóndres por parte del Inglés Tomás Volseo, arzobispo eboracense, que fué poco despues cardenal, el mariscal de Inglaterra y el Obispo vintoniense; por parte de Francia el de Longavila y el presidente del parlamento de Normandía. Concluyeron el concierto y amistad á 7 del mes de agosto. Obligáronse que se acudirian entre sí con cierto número de gente contra todos los que pretendiesen ofendellos. Notóse mucho que ellglés entre sus confederados no nombró al Rey, su suegro; tan grande era la saña que contra él tenia. Hacia en aquella corte oficio de embajador todavía don Luis Carroz, que procuró con todo cuidado atajar aquellos desabrimientos. La reina doña Catalina, por ser mu amada en aquel reino, hacia todo lo que podia por aplacar á su marido, pero toda su diligencia era de poco efecto. Poco adelante don Luis Carroz volvió España; y en su lugar fué por embajador el obispo de Trinópoli desde Francia, do era ido. En Lombardíaso continuaba la guerra; los sucesos eran varios, dudo

el remate. El Virey con su campo entró en una villa

por fuerza, muy fuerte, que se llama la Citadela, do

millas de la Brenta entre Padua y Treviso. Próspero

Colona con la gente del duque de Milan se puso sobo

Crema. Defendióla muy bien Renzo Cherri, que la teolo

por venecia. García Manrique con algunas compano

de gente de armas tenia su alojamiento en Robigo. Al

biano, que deseaba mucho satisfacerse en parte deo

daños pasados, tuvo aviso del gran descuidoqueleno",

efecto de la prosperidad. Cargó sobre ellos una noche al improviso; los españoles, aunque procuraron defenderse lo mejor que el tiempo daba lugar, al fin por no poder hacer mas resistencia, se rindieron. García Manrique y los capitanes que con él se hallaron fueron llevados presos á Vicencia. Renzo Cherri, animado con este suceso y por ser de suyo muy esforzado, salió una noche de Crema y dió sobre una parte de la gente del Duque, que estaba ácargo de Silvio Sabelo, muy descuidada, con tal brio, que los desbarató, y en prosecucion desta victoria pasó á Bérgamo, y se entró en ella sin hallar alguna resistencia. Los españoles se recogieron á la fortaleza; acudió el Virey con su gente para socorrellos 1.o de noviembre. Renzo, que vió no se podia defender, rindió la ciudad á partido. Por este mismo tiempo el castillo de la Lanterna, que todavía se tenia por Francia y era gran freno para la ciudad de Génova, se dió al duque Octaviano Fregoso. Volvamos atrás. CAPITULO XXIII.

De las cosas de Portugal.

El gran Turco, desembarazado de la guerra que tuvo con sus hermanos y con el Sofi Ismael, que hacia sus partes, armaba pasadas de ciento y cincuenta galeras con intento, á lo que se publicaba, de volver la guerra contra Italia, que era la cabeza de la cristiandad. Entendíase queria acometer por la Marca de Ancona, que es del patrimonio de la Iglesia. Suele el miedo de fuera ser causa que los ciudadanos se conformen en una voluntad, olvidadas sus pasiones particulares; pero andaban nuestros príncipes tan encarnizados entre sí, que ninguna cosa bastaba para desenconallos. Hizo el Papa sus diligencias; trató que el Emperador y rey Católico se ligasen con él para tener sus fuerzas unidas contraun tan poderoso enemigo. Recebian en esta alianza al duque de Milan y á la señoría de Génova. Confiaban que los demás reyes, en especial los de Francia, Inglaterra y Portugal, no faltarian en tan santa demanda. Hicieron sus capitulaciones, cuya sustancia era que cualquiera que acometiese á alguno de los confederados, fuese tenido por enemigo comun, y todos saliesen á la causa y á la venganza. Para la defensa de cualquiera provincia de cristianos contra el Turco todos acudiesen con cierto número de caballos, conforme á la posibilidad de las partes, y con el dinero que señalaron, para levantar y pagar la infantería. En particular expresaban que tomasen á sueldo por lo menos diez y seis mil suizos; verdad es que toda esta prática desbarataron las pretensiones particulares de los príncipes, demás de otras guerras que tuvieron ocupado al Turco, y no le dieron lugar de emprender contra cristianos. Solo el rey de Portugal se hallaba muy sosegado y contento con las riquezas que le venian de la India y con el progreso que hacia en la conquista de Africa. Acordó por fin del año pasado enviar á Roma una solemne embajada para prestar la obediencia al Pontífice. Envió juntamente para muestra de su grandeza muy ricos presentes al Papa, es á saber, un pontifical de brocado sembrado de perlas y pedrería, el mas rico que se vió jamás en la recámara y palacio de San Pedro;

de Persia una onza, de espantosa ligereza, de que los antiguos romanos gustaban mucho en sus juegos y cazas. Un indio, que la llevaba á las ancas de un caballo, la tenia amaestrada, cuando le hacia señal, de correr los bosques y cazar. Venia asimismo un elefante encubertado de brocado, con su castillo, enseñado demás de otros juegos á hincar la rodilladelante el Príncipe y danzar al son de un pífano, henchir la trompa de agua, con que por burla rociaba los circunstantes. Finalmente, traian un rinoceronte, bestia feroz y brava, de siglos atrás nunca vista en Italia. Pretendian sacalle á pelear con el elefante por la enemistad que entre sí tienen estas fieras naturalmente, en representacion de la antigua magnificencia del pueblo romano; pero el que desde lo último de la tierra vino libre de las furiosas ondas del Océano se anegó en la costa de Génova con un recio temporal con que se quebró la nave sin podelle librar ni salirá nado á causa de las cadenas en que le llevaban. El embajador principal Tristan de Acuña, caballero muy ejercitado en aquellas partes de la India, hizo su entrada en Roma á los 12 del mes de marzo, y á los 20, el dia que le señalaron para dalle audiencia pública, habló al Papa en esta sustancia uno de sus dos compañeros, por nombre Diego Pacheco, gran jurista:

. «El rey don Manuel de Portugal, Padre Santo, nos en

via á dar el parabien á vuestra Santidad de su felice asumpcion al pontificado, que seapor largos años y para mucho bien de la Iglesia, como todos esperamos, y á prestar la obediencia acostumbrada; oficio debido, pero hecho muy de voluntad, que debe excusar la tardanza ocasionada de impedimentos precisos y graves. Junto con esto suplica á vuestra Santidad ponga los ojos de su paternal providencia en soldar las quiebras del cristianismo, pacificar los príncipes cristianos y unir sus fuerzas contra el enemigo comun, que siempre crece con nuestros daños, y de nuestras ruinas edifica y engrandece su casa. Porque ¿qué empresa puede ser ni mas gloriosa ni de mayor interés que esta? Basta la locura pasada; que tal nombre merecen los que contra sí mismos vuelven sus armas furiosas y desatinadas. Para todo ayudará mucho que el sagrado concilio se lleve adelante y no se disuelva, lo cual desea en gran manera. Lo que es de su parte, ofrece no faltará á la causa comun, y si fuere necesario, derramará en esta querella su sangre. El que todo su cuidado emplea en adelantar la religion cristiana, sea en la India por donde con gran gloria ha levantado el estandarte real de la cruz entre naciones fieras y bárbaras hasta los fines últimos de las tierras, sea en la conquista de Africa, en que tiene gastados sus tesoros y empleados sus valerosos soldados, de los despojos de la India y de sus riquezas me mandó trajese aquí la cata y las primicias; presente que debe ser estimado por el lugar de donde viene y por la devocion con que se ofrece, demás de la esperanza que nos dan aquellos anchísimos reinos de ponerse en breve á los piés de vuestra Santidad. En lugar de los despojos de Africa, que por ser mas ordinarios no fueran tan agradables, presento á vuestra Santidad una peticion, á mi parecer, muy justificada, esto es, que atento lo que importa llevar adelante aquella conquista, y que para continualla no son bastantes las rentas reales de Portugal, vuestra benignidad se

digne ayudar al Rey, miseñor, con su bendicion y indulgencias; fuera desto, se sirva que en aquella empresa se ayude de alguna parte de las rentas eclesiásticas; porque ¿en qué mejor se pueden emplear ni mas conforme á la intencion de los que las dieron que en destruir los enemigos de Cristo? Y pues del provecho y honra cabe á todos parte, justo es que todos ayuden á llevar la carga. No creemos querrá esta Santa Silla negará tal necesidad y intento lo que á otros príncipes ha otorgado en diversos tiempos.» Oyó el Pontífice con mucha alegría al Embajador; respondió benignamente que estimaba la persona del rey de Portugal y recebia con mucha voluntad sus presentes y ayudaria sus intentos por todas las vias que pudiese. Mandó despachar sus bulas en que concedió la cruzada; otorgó otrosí que el Rey se aprovechase para aquella empresa de las tercias de las iglesias, consignadas, es á saber, á las fábricas; de las demás rentas eclesiásticas mandaba se le acudiese con la décima parte. En la ejecucion destas gracias se hallaron grandes inconvenientes á causa de los malos ministros. Por esto las iglesias se compusieron en ciento y cincuenta mil cruzados, que pagaron en junto, y pasados tres años, se alzó la mano de todas ellas. El pueblo llevaba mal que las rentas consignadas para el sustento de los ministros de Dios y ornato del culto divino se divirtiesen á otros usos; principio de parar en el regalo de cortesanos y palaciegos. Decian era justo escarmentar con el ejemplo de Castilla; á cuyos reyes, despues que extendieron la mano á los bienes de las iglesias, no solo no les lucia aquel interés, sino tampoco las rentas seglares que tenian, antes los que con poca hacienda acabaron grandes empresas, echaron los moros de España y conquistaron otros reinos, al presente, sin embargo que tenian el pueblo consumido con tributos y se aprovechaban en gran parte de la renta de las iglesias, apesgados con su misma grandeza, se iban á tierra sin remedio. Quejábanse que los testamentos departiculares se guardasen, y defraudasen por esta via los de aquellos que dejaron á Cristo por su heredero; que el dote, tan privilegiado en lo demás por las leyes, se quitase álas esposas de Cristo, contra la voluntad dellas y de los que las dotaron. Los ministros del Rey, como suelen, sea por adulalle, sea porque así lo sentian, defendian su partido con decir que, pues el Rey defendia no solo los bienes de los seglares, sino los de las iglesias, era razon que todos acudiesen á los gastos necesarios y cargas del reino, de cuyos bienes poseen gran parte las iglesias; y es averiguado que en tiempo de san Ambrosio las posesiones de las iglesias pagaban tributo á los emperadores. Lo cierto es estar muy puesto en razon que los eclesiásticos no acudan al príncipe con mayor cota que conforme á las haciendas que tienen de la república; de suerte que si tienen la cuarta ó la quinta parte, no les saquen mayor porcion que esta, ni de sus rentas ni de los tributos que se pagan á los reyes. Además que esto se debe hacer por autoridad del que tiene poder para ello, que es el Papa; y aun parece allegado árazon se juntase con esto el beneplácito del clero, como á las veces se ha hecho. Tal fué el suceso desta embajada. Por el mis

mo tiempo de parte del Preste Juan, grande emperador de Etiopia, aportó á Lisboa un embajador, armeno de nacion, de profesion religioso, por nombre Mateo. Tenia aquel príncipe, por nombre David, desde el tiempo que Pedro Covillan pasó á aquellas partes, como arriba se dijo, noticia del rey de Portugal; despues la tuvo de las armadas que enviaba á las Indias y de las proezas de su gente. Deseaba comunicarse con él para ayudarse de sus fuerzas. Acordó envialle este embajador, que fué recebido muy bien de Alonso de Alburquerque. Envióle con la primera ocasion á Portugal. Los que le llevaban, por tenelle en figura de burlador, le hicieron muchos desaguisados, prendiéronlos por ende en Lisboa, y los castigaran, si el mismo Embajador no se pusiera de por medio. Recibióle el Rey muy amorosamente. Vió las cartas que le traia en las lenguas abisina y persiana. Gustó mucho, así dellas como de un pedazo de la verdaderacruz que le presentó de parte de aquel Rey, engastado en otra cruz de oro. Deste Embajador se entendieron los ritos de aquella gente, que son asaz extravagantes para tener nombre de cristianos. No quiero relatallos por menudo; basta saber que al octavo dia se circuncidan, así hombres como mujeres, y á los cuarenta se bautizan. Guardan la purificacion de las partidas. Abstiénense de los manjares que veda la vieja Ley. Ayunan hasta puesto el sol. Comulgan en las dos especies depan y de vino. Los sacerdotes se casan, mas no los monjes ni los obispos que sacan de los monasterios. Usan la confesion y veneran los santos; en conclusion, algunas cosas tienen loables, otras fuera de camino. Volvamos á Italia. Teníase por el Papa la ciudad de Regio de Lombardía; prestó al Emperador cuarenta mil ducados con cargo que le diese en empeño la ciudad de Módena. Estas dos ciudades junto con Placencia y Parma, se entendia queria dar en feudo á Juliano, su hermano, aun juntar con ellas si pudiese á Ferrara, y aun poco despues le casó con Filiberta, hermana de Cárlos, duque de Saboya. Dotóla el mismo Papa en cien milducados.

CAPITULO XXIV. Que el reino de Navarra se unió con el de Castilla,

El casamiento de Inglaterra acarreó en brevela muerte al rey Ludovico de Francia, que así suele acontecer cuando las edades son muy desiguales, mayormente si hay poca salud. Falleció el primer dia del año que se contaba del nacimiento de nuestro Salvador de 155. Sucedióle su yerno Francisco de Valoes, duque de Angulema, primero deste nombre, príncipe de prendas aventajadas y de pensamientos muy altos. Todos entendian que no reposaria hasta recobrar el estado de Milan, y aun el reino de Navarra, de que daba intencion á aquellos reyes despojados. Lo de Italia le tenia en mayor cuidado. Para poder acometer aquella empresa, trató de asegurarse que no le acometiesen por las espaldas y le divirtiesen. La paz entre Inglaterra Francia iba adelante; acometió á casar al príncipe don Cárlos con Renata, su cuñada. Púsose el negocio en términos, que por medio del conde de Nasau y de Miguel de Croy, camareros del Príncipe, que vinie

ron á Paris sobre el caso, se concertó el casamiento á los 24 de marzo. Señaláronle en dote seiscientos milducados, los docientos mil en dinero, y por los cuatrocientos mil el ducado de Berri. Esto era en sazon que el Príncipe era salido de tutela, y el Emperador y princesa Margarita, sus tutores, le emanciparon y pusieron en el gobierno de aquellos estados de Flándes. Restaba de ganar al rey don Fernando. El de Lautreque, gobernador de la Guiena, movió plática al marqués de Comares que la tregua se continuase por término de otro año. El rey Católico porentender el juego, como no era dificultoso, no quiso venir en ningun sobreseimiento de guerra con aquel Príncipe, si no fuese universal por estas fronteras y por Italia; antes para prevenirse hacia instancia que se asentase la liga general ya platicada para hacer guerra al Turco y para defensa de los estados de cada cual de los confederados. Junto con esto, venia en que se concertase otra nueva alianza que el Papa movió al Emperador por medio del cardenal de Santa María, en Pórtico, Bernardo Bibiena, en daño de venecianos, cuyas condiciones eran que Verona, Vicencia, el Frioli y el Treviso quedasen por el Emperador; Bresa, Bérgamo y Crema se entregasen al duque de Milan, en recompensa de Parma y Placencia, ciudades con que el Papa se queria quedar para dallas á Julian, su hermano. Con esto parecia al rey Católico se aseguraba el duque de Milan, y venia en que casase con una de las hermanas del príncipe don Cárlos ó con la princesa Margarita ó con la reina de Nápoles, su sobrina, todos casamientos muy altos. Tuvo el rey Católico la Semana Santa en la Mejorada, con resolucion de juntará un mismo tiempo Cortes de las dos coronas, las de Castilla en Búrgos, las de Aragon en Calatayud. Despachó sus cartas en 0lmedo á los 12 de abril, en que mandaba se juntasen las de Aragon para los 11 de mayo. Para presidir en ellas envió á la Reina, para lo cual estaba habilitada, con órden que, concluidas aquellas Cortes, pasase á Lérida á hacer lo mismo en las de los catalanes, y despues á Valencia á las de los valencianos. Con esto partió el rey para Búrgos por hallarse allí al tiempo aplazado. Todo se enderezaba á recoger dinero para la guerra que amenazaba por diversas partes. Acordaron las Cortes de Búrgos de servir con ciento y cincuenta cuentos, grande servicio y derrama. Movióles á hacer esto la union que el rey Católico entonces hizo del reino de Navarra con la corona de Castilla, si bien de tiempo antiguo estuvo unido con Aragon, y parecia se podia con razon pretender le pertenecia de presente, pues se ayudó para la conquista, y el mismo que la conquistó era rey propietario de Aragon. El Rey empero tuvo consideracion á que los navarros no se valiesen de las libertades de aragoneses, que siempre fueron muy odiosas á los reyes. Además que las fuerzas de Castilla para mantener aquel estado eran mayores, y en la conquista, en gente, en dinero y capitanes sirvió mucho mas. Lo que da á entender este auto tan memorable es que el rey Católico no tenia intencion de restituir en tiempo alguno aquel estado, y que le tenia por tan suyo como los otros reinos, sin formar algun escrúpulo de conciencia sobre el caso; así lo dijo

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él mismo diversas veces. Las razones que justificaban esta su opinion eran tres: la primera la sentencia del

Papa, en que privó á aquellos reyes de aquel reino; la

segunda una donacion que hizo á los reyes de Castilla del derecho que tenia á aquel reino ó corona la princesa doña Blanca, primera mujer del príncipe don Enrique, que despues fué rey de Castilla, el cuarto de aquel nombre, cuando el rey don Juan de Aragon, su padre, le entregó en poder de Gaston y de su hermana doña Leonor, sus enemigos declarados, que no pretendian otra cosa sino dalle la muerte para asegurarse ellos en la sucesion de Navarra, y era justo vengar aquella muerte conquitar el reino á los nietos de los que cometieron aquel caso tan feo, especial que doña Blanca era hermana del rey don Fernando. Otra razon era el derecho que pretendia tener á aquella corona la reina doña Germana despues de la muerte de su hermano Gaston de Fox, que si por este derecho no pudo el Rey, su marido, unir aquel reino con Castilla, puédeseentender que se hizo con su beneplácito, pues se halla que tres años adelante, en las Cortes de Zaragoza, renunció aquel su derecho y traspasó en el príncipe don Cárlos, ya rey de Castilla y Aragon. La suma de todo, que Dios es el que muda los tiempos y las edades, trasfiere los reinos y los establece, y no solamente los pasa de gente en gente por injusticias y injurias, sino por denuestos y engaños. Tratábase que aquel reino de Aragon sirviese con alguna buena suma de dineros para los gastos de la guerra en las Cortes que se hacian de aragoneses en Calatayud. Los barones y caballeros para venir en ello porfiaban que se quitase á sus vasallos todo recurso al Rey. Estuvieron tan obstinados en esto, que las Cortes se embarazaron algunos meses. Trabajaba el arzobispo de Zaragoza lo que podia en allanar estas dificultades, y visto que por Cortes no se podia alcanzar se otorgase servicio general, dió por medio que se tratase con cada cual de las ciudades le concediesen en particular. El Rey, dado que se hallaba en Búrgos muy agravado de su dolencia, tanto, que una noche le tuvieron por muerto, acordó partir para Aragon; creia que con su presencia todos vendrian en lo que era razon. Envió á mandará su vicecanciller Antonio Augustin que se fuese para él, porque tenia negocios que comunicalle. Luego que llegó áAranda de Duero, do halló al Rey, fué preso en su posada por el alcalde Hernan Gomez de Herrera y llevado al castillo de Simancas. Muchas cosas se dijeron

desta prision; quién entendia que tenia inteligencias con el príncipe don Cárlos en deservicio del Rey; quién

que no tuvo el respeto que debiera á la reina doña Germana. Puédese creer por mas cierto que en aquellas Cortes noterció bien con los barones, y que con su castigo pretendió el Rey enfrenar á los demas. Dejó en Segovia al Cardenal con el Consejo real. Apresuróse para Calatayud, y en su compañía llevó al infante don Fernando. No pudo acabar con los barones que desistiesen de aquella porfía tan perjudicial al ejercicio de la justicia. Apretábale la enfermedad; y aun se dice que la famosa campana de Vililla daba señal de su fin; mensajera de cosas grandes y de muertes de reyes. Así se tiene en Aragon comunmente; la verdad ¿quién la ave374 riguará? ¿Cuánta vanidad y engaños hay en cosas semejantes? Por esto, sin concluir cosa alguna en lo del servicio general, por el otoño dió vuelta á Madrid. La Reina, despedidas las Cortes de Calatayud, pasóá Lérida á tener las Cortes de Cataluña. Al mismo tiempo que las Cortes de Castilla y Aragon se celebraban, en Viena de Austria se juntaron el Emperador y los hermanos Sigismundo, rey de Polonia, y Ladislao, rey de Hungría, con el hijo del húngaro Luis, rey que ya era de Bohemia. Llegaron á aquella ciudad á los 17 de julio. La causa desta junta fueron los casamientos que se celebraron, el dia de la Madalena, de los infantes don Fermando y doña María, su hermana, con los hijos del rey de Hungría, Ana y Luis, rey de Bohemia. Halláronse presentes á las fiestas, que fueron grandes, los tres desposados. La ausencia del infante don Fernando suplió como procurador suyo el Emperador, su abuelo. Desposólos Tomás, cardenal de Estrigonia, legado de la Sede Apostólica. Es de notar que como los infantes don Fernando y doña María eran nietos del rey don Fermando, bien así Luis y Ana, su hermana, eran bisnietos de doña Leonor, reina de Navarra, hermana del rey don Fernando; ca Catalina, hija de doña Leonor, casó con Gaston de Fox, señor de Candala, cuya hija, por nombre Ana, casó con Ladislao, rey de Hungría, y parió á Luis y Ana. Tan extendida estaba por todo el mundo la sucesion y la sangre del rey don Juan de Aragon, padre del rey don Fernando.

CAPITULO XXV. De la muerte de Alonso de Alburquerque.

Grandes fueron las cosas que Alonso de Alburquerque, gobernador de la India Oriental, hizo en el tiempo de su gobierno; mucho le debe su nacionpor haber fundado el señorío que tiene en provincias tan apartadas. Hallábase viejo, cansado y enfermo; muchos émulos, como no era posible contentar á todos, acudian con quejas á Portugal. Acordó el rey don Manuel de proveer en todo con envialle sucesor en el cargo que tenia. Escogió para ello áLope Juarez Alvarenga, persona de prendas y esperanzas y muy inteligente en las cosas de la lndia. En su compañía iba Mateo, embajador del Preste Juan, y juntamente Duarte Galvan para que fuese en embajada de parte suya á aquel Príncipe. No pudo ir por la muerte que le sobrevino. En su lugar fué los años adelante Rodrigo de Lima, y llevó en su compañía áMateo, que falleció antes de llegar á aquella corte, y á Francisco Alvarez, sacerdote, cuyo libro anda impreso de todo este viaje, curioso y apacible. El nuevo Gobernador, en menos de cinco meses, que fué navegacion muy próspera, partido de Lisboa, llegóá Goa á los 2 de setiembre, en sazon que la reina de Portugal, cinco dias adelante, parió un hijo, que se llamó don Duarte, príncipe dotado de mansedumbre, y muy cortés en su trato, dado á la caza y á la música; falleció mozo, y todavía dejó en su mujer un hijo de su mismo nombre, y dos hijas, de las cuales doña María casó con Alejandro Farnesio, príncipe entonces, y despues duque de Parma; doña Catalina fué y es hoy duquesa de Berganza. Cuando Lope Juarez aportóá Goa, Alon

EL PADREJUAN DE MARIANA.

so de Alburquerque se hallaba en Ormuz, muy trabajado de una enfermedad y desconcierto de vientre, que le acabó. Compuestas las cosas de aquella isla, con deseoantes de su muerte de verá Goa, en que tenia puesta su aficion, se embarcó. En el mar tuvo aviso de la llegada de su sucesor. Alteróse grandemente de primera instancia. «Dios eterno, dijo, de cuántas miserias me hallo rodeado Si contento al Rey, los hombres se ofenden; si miro á los hombres, incurro en la desgracia de mi Rey. A la Iglesia, triste viejo, á la Iglesia, que ningun otro refugio te queda.» Mostró esta flaqueza, á lo que yo creo, por la congoja de la enfermedad, que todo lo hace desabrido, ó por sentir mucho que las calumnias hubiesen tenido fuerza contra la verdad, porque luego como vuelto en sí: «Verdaderamente, añadió, Dios es el que gobierna el corazon de los reyes, revuelve y ordena con su providencia todas las cosas. ¡Qué fuera de la India si despues de mi muerte no se hallara quien me sucediera en el cargo Cuán gran peligro corriera todo!» Dicho esto, se sosegó. Aumentósele con la navegacion la dolencia. Mandó que de Goa, que estaba cerca, letrajesen su confesor, con quien comunicó sus cosas, y cumplido con todo lo que debia á buen cristiano, una mañana dió su espíritu. Señalado varon, sin duda de los mayores y mas valerosos que jamás España tuvo; su benignidad, su prudencia, el celo de la justicia corrieron á las parejas, sin que en él se pueda dar la ventaja á ninguna destas virtudes. Gran sufridor de trabajos, en las determinaciones acertado, y en la ejecucion de lo que determinaba muy presto; á los suyos fué amable; espantoso á los enemigos. Mucho favoreció Dios las cosas de Portugal en dar á la India los dos primeros gobernadores tan señalados en todo género de virtud, de gran corazon y alto, muy semejables en la prudencia, y no memos dichosos en todo lo que emprendian. Verdad es que si bien se enderezaban á un mismo fin, que era ensalzar el nombre de Cristo y ponerse á cualquier peligro por esto y por el servicio de su Rey y honra de su nacion; pero diferenciábanse en los pareerces y en los caminos que tomaban para alcanzar este fin. Francisco de Almeida, que fué el primer gobernador de la India, era de parecer que las armadas de Portugal no se empleasen en ganar ciudades en aquellas partes. Las fuerzas de los portugueses eran pequeñas; Portugal estaba muy léjos. Temia que si se dividian en muchas partes, no podrian ser tan poderosos como era menester para tan grandes enemigos. Parecíale que les estaria mejor conservar el señorío del mar, con quo todas aquellas provincias los reconocerian. Alburquerque, por el mismo caso que la gente era poca y el socorro caia léjos, pretendia que en la India debian tener tierras propias que sirviesen como de seminarios para proveerse de gente, de mantenimientos y mader para fabricar bajeles. Sin esto entendia no se podrian mantener largo tiempo en el señorío del mar ni con servar el trato de la especería; pues una vez ú otro, quier por la fuerza del mar, quier por el poder de los enemigos, se podrian perder sus armadas. Finalmento,

que para asegurarse seria muy importante tener en o

poder algunos puertos y tierras por aquellas marinas,

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