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Aborrecido de Dios y de los hombres, sus propias mal- | puestas á pelear por la salud de la república. La prindades le sirven de tormento, porque el alma y la con- cipal fué Paris, que aventaja á todas las de Europa por ciencia quedan laceradas por la crueldad y el miedo, sus riquezas , por su saber , por sus medios de iostrucdel mismo modo que el cuerpo por los azotes y los cion, y sobre todo, por su grandeza. Considerable fué demás castigos. A los que son objeto de la venganza el incendio; pero los movimientos de la muchedumbre del cielo, precipita el cielo á su ruina, quitándoles la son como los torrentes; crecen con rapidez, duran poco prudencia y el entendimiento. En la historia antigua tiempo. Estaban ya muy debilitados los ímpetus del como en la moderna abundan los ejemplos y las prue- | pueblo, y acampado Enrique á cuatro millas de Paris, bas de cuán poderosa es la irritada muchedumbre cuan- no sin esperanza de lavar con sangre la mancha que do por odio al príncipe se propone derribarle. Tenemos sobre su lealtad habia caido, cuando la audacia de un cerca de nosotros, en Francia, uno muy reciente, por solojóven fué á fortalecer de nuevo los abatidos ánimos, el que podemos ver cuánto importa que estén tranqui- cambiando de repente la faz de los sucesos. Llamábase los los ánimos del pueblo , sobre los que no es posible ese jóven Jacobo Clemente; era natural de una aldea de ejercer el mismo dominio que sobre el cuerpo. ¡Triste y Autun, conocida con el nombre de Serbona, y estaba memorable suceso! Enrique III, rey de aquella monar á la sazon estudiando teología en un colegio de domiquia, yace muerto por la mano de un monje con las en nicos, órden á que pertenecia. Habiendo oido de los trañas atravesadas por un hierro emponzoñado. ¡Qué teólogos que era lícito matar á un tirano, se procuro espectáculo! Repugnante á la verdad y en muy pocos cartas de los que pudo entender estaban pública ó secasos digno de alabanza. Aprendan, sin embargo, en él cretamente por Enrique, y sin tomar consejo de nadie, Jos príncipes; comprendan que no han de quedar impu- partió para los reales del Rey con intento de matarle nes sus impios atentados. Conozcan de una vez que el el dia 31 de julio de 1589. Admitido sin tardanza por poder de los príncipes es débil cuando dejan de respe creerse que iba á comunicar al Rey secretos de importarle sus vasallos.

tancia, le fueron devueltas las cartas que habia presene Intentaba aquel, por carecer de descendencia , dejar tado citándole para el siguiente dia. Amaneció el 1. de el reino á su cuñado Enrique, manchado desde su tier- agosto, dia de San Pedro Advincula, celebró el sanna edad con depravadas doctrinas religiosas, maldecido to sacrificio , y pasó á ver á Enrique, que le llamó en el por los pontifices, despojado entonces del derecho de momento de levantarse cuando no estaba aun vestido. sucesion, por mas que ahora , cambiadas las ideas, sea Luego que, cruzadas de una y otra parte algunas conrey de Francia. Sabida esta resolucion, gran parte de testaciones, estuvo ya Jacobo cerca de su víctima, finge la nobleza, despues de haber consultado á otros prín- que va a entregarle otras cartas, y le abre de repente cipes nacionales y extranjeros, toma las armas por la una profunda herida en la vejiga con un puñal envenenareligion y por la defensa de su patria, recibiendo de to-do que cubria con su misma mano. ¡Serenidad insigne, das partes cuantiosos socorros. Guisa va al frente de hazaña memorable! Traspasado el Rey de dolor, hiere Jos sublevados; Guisa, ese duque en cuyo valor descan con el mismo puñal el ojo y el pecho de su asesino, dansaban en aquel tiempo las esperanzas y la fortuna de la do grandes voces de: «Al traidor, al parricida.» Francia. Los reyes no mudan nunca de propósito; de Entran en esto los cortesanos conmovidos por tan seando Enrique vengar los nobles esfuerzos de los pró- inesperado suceso, y se ceban con crueldad y fiereza en ceres, llama á Guisa á Paris con la seguridad y el intento multiplicar las heridas del ya postrado y exánime Clede matarle; y cuando ve que no puede llevar a cabo su mente que, sin proferir una palabra, dejaba ver en sa obra, porque enfurecido el pueblo toma en contra de él semblante cuán alegre estaba de haber ejecutado su inlas armas, deja precipitadamente la ciudad; finge poco tento, de evitar penas para las que hubieran sido quizá despues que ha mudado de pensamiento, y anuncia que débiles sus fuerzas y dejar por fin redimida con su sanquiere deliberar con todos los ciudadanos sobre lo que gre su infortunada patria y la libertad del reino. conviene á la salud del reino. Convocadas y reunidas ya Herido el Rey, captóse el monje gran fama por halas clases del estado en Blesis, ciudad que bañan las ber expiado la muerte con la muerte, y sobre todo, por Aguas del Loira , mata en su propio palacio al duque y haberse ofrecido en sacrificio á los manes del duque al cardenal de Guisa, que no habian vacilado en asistir de Guisa , pérfidamente asesinado. Murió siendo consiá la asamblea , fiando en lo sagrado de las palabras de derado por los mas como una gloria eterna de la Fransu Príncipe; y luego para colmar tanta injusticia, imputa cia; murió cuando solo contaba veinte y cuatro años. á los que son ya cadáveres crímenes de lesa majestad, Era de modesto ingenio y de no mucha robustez da de que no pueden defenderse, llevando el escándalo

cuerpo; mas indudablemente una fuerza superior auhasta el punto de aparentar que han sido muertos en mentó la suya y fortaleció su alma. Llegó el Rey á la virtud de la ley de alta traicion, es decir, con razon y noche con grandes esperanzas de salud y sin recibir por por el rigor del derecho. No contento aun, prende a esta razon los sacramentos, y exhaló su último suspiro otros muchos , y entre ellos al cardenal de Borbon, á las dos de la madrugada , pronunciando aquellas paque aunque de edad muy avanzada , tenia la justa espe- labras de David : « Hé aquí pues que en la iniquidad ranza de suceder á Enrique, fundada en el derecho de fuí concebido y en el pecado me concibió mi madre.) la sangre.

Qué lástima ! Hubiera podido ser este Rey feliz si sus Conmovieron grandemente estos sucesos los ánimos últimos actos hubiesen correspondido a los primede gran parte de la Francia, y se sublevaron muchas ros, y se hubiese manifestado tan buen príncipe como ciudades, destronando á Enrique y manifestándose dis se cree que lo fué bajo el reinado de su hermano Cáre

los, siendo general en jefe de las tropas del Rey contra han colocado en la cumbre del imperio para que sean los rebeldes, conducta que le sirvió de escalon para su- respetados por sus súbditos como hombres de condibir al trono de Polonia por voto de los magnates de aquel cion superior, como divinidades de la tierra? Los que reino. Mas cambiaron desgraciadamente sus hechos, y intentan además mudar de principe ¿saben acaso si los crímenes cometidos en sus postreros años hicieron en lugar de procurar un bien á la república le procuolvidar las glorias de su edad primera. No bien murió su ran mayores y mas terribles males? No es fácil derribar hermano, fué llamado otra vez á su patria y proclama un gobierno sin que haya graves alteraciones y sean do rey de Francia; todo lo convirtió en juguete de su muchas veces los mismos autores de la rebelion las vícpoderío. ¡Ay, no pareció sino que le habian levantado timas. Los ejemplos históricos abundan. ¿De qué aproá la cumbre de la grandeza para que fuese mayor su vechó á los siquimitas la conjuracion fraguada contra caida! Así juega la fortuna ó una fuerza superior con Abimelech para vengar, segun querian, á los setenta las cosas de los hombres.

hermanos que este habia sacrificado impía é inhumaSobre la hazaña del monje no todos opinaron de una namente, movido por la terrible y perniciosísima ammisma manera. Muchos la alabaron y le juzgaron digno bicion de mandar, a pesar de ser poco menos que de la inmortalidad; otros mas prudentes y eruditos le bastardo? La ciudad fué completamente destruida, vituperaron , negando que un particular pudiese matar sembrado de sal el territorio que ocupaba , muertos de á un rey, proclamado por consentimiento del pueblo y un solo golpe todos los ciudadanos. ¿De qué sirvió á ungido y consagrado, segun costumbre, por el ólio Roma la muerte de Domicio Neron sino para llamar al santo. Importa poco, decian, que las costumbres de trono á Oton y á Vitelio, dos tiranos que fueron tan este Rey se hayan depravado; importa poco que haya perciciosos como él para la salud de la república ? Si so degenerado su poder en tiranía; los libros sagrados, la logró que fuesen menos sus estragos fué á costa de la misma historia del cristianismo manifiestan que no hay vida misma del imperio. nunca razon para matar á los reyes. ¡Cuánta po fué en Creen pues muchos en vista de tantos y tan terrilos antiguos tiempos la maldad de Saul, rey de los ju- bles ejemplos que justo ó injusto debe sufrirse al príndíos! Cuán libertina no fue su vida, cuán depravadas cipe reinante y atenuar con la obediencia los rigores de sus costumbres! Agitada su frente por infames pensa su tiranía. La clemencia de los reyes y de todos los jemientos, no vacilaba sino cuando obraban con fuerza ses del Estado depende, dicen, no solo de su carácen él los remordimientos de su conciencia. Destronado ter, sino tambien del carácter de sus súbditos. Si el él, habia de pasar la corona á David , y David, no obs rey de Castilla don Pedro llegó á merecer el nombre tante, a pesar de saber cuán injustamente reinaba, á de Cruel no fué tanto por su culpa como porque,

inpesar de verle sumergido en la locura y en el crímen, tolerantes los magnates y ávidos de vengar á diestro y á pesar de tenerle una y otra vez bajo su poder , a pesar siniestro las injurias recibidas ó impuestas, le pusieron de que parecia asistirle cierto derecho , ya para vindi en la dura necesidad de reprimir tan temerario atrevicar el mando, ya para defender su salud propia, contra miento. Mas tal es la condicion de las cosas de este la cual estaba aquel atentando de mil modos sin tener mundo. Las desgracias de la virtud las atribuimos al jamás motivo, a pesar de que le veia siempre siguiendo vicio, y acostumbramos á juzgar siempre de las cosas con mala intencion sus pasos, no solo no se atrevió por sus resultados. ¿Qué respeto podrán tener los puenunca á matarle y le perdonó siempre sus injurias, sino blos á su príncipe si se les persuade de que pueden casa que hasta mató como impío y temerario al jóven ama tigar las faltas que cometa? Ora por motivos verdaderos, lecita que le asesinó viéndole vencido en la batalla, ora por motivos aparentes, se turbará á cada paso la echado sobre su propia espada y deseando que otro tranquilidad de la república, el don mas apreciable que acabase de quitarle su enojosa vida. No por ser Saul un podemos recibir del cielo. Caerá sobre nosotros todo tirano, creyó este prudente Rey que era digno de per género de calamidades, se disputarán bandos opuestos don el que se atrevió á atentar contra un príncipe con el poder con las armas en la mano, males todos que sagrado por la mano de Dios desde el momento de haber ¿quién no creerá que deban evitarse, á no ser que esté sido ungido. Es además sabida la crueldad que desple falto de sentido co:nun ó tenga el corazon de hierro? garon los emperadores romanos en los primeros tiem

Así hablan los que defienden al tirano; mas los papos de la Iglesia contra los que profesaban la religion tronos del pueblo no presentan menos ni menores arde Cristo. Hacian horrorosas carncerías en todas las

gumentos. La dignidad real, dicen, tiene su origen en provincias, agotaban en el cuerpo de los fieles el mayor la voluntad de la república. Si así lo exigen las circunsJujo posible de tormentos, se cebaban en ellos como tancias, no solo hay facultades para llamar á derecho fieras acosadas por el hambre. ¿Quién empero creyó al rey, las hay para despojarle del cetro y la corona si se jamás que hubiese derecho para vengarse ni para en niega á corregir sus faltas. Los pueblos le han trasmifrenarles con las armas? ¿No se sostuvo, por lo contrario, tido su poder, pero se han reservado otro mayor para que era preciso oponer la resignacion á la crueldad, al imponer tributo; para dictar leyes fundamentales es crímen la obediencia? ¿No dijo san Pablo que resistir siempre indispensable su consentimiento. No disputaá la voluntad de un magistrado era resistir a la volun rémos ahora cómo deba este manifestarse, pero conste tad de Dios? Y si no se consideraba lícito poner las manos que solo queriéndolo el pueblo se pueden levantar nueen un pretor por inicuo y temerario que fuese , ¿ha de vos impuestos y establecer leyes que trastornen las anserlo matar a los reyes por estragadas que sean sus cos tiguas; conste, y esto es mas, que los derechos reales, tumbres ? i Ignoramos acaso que Dios y la república los aunque hereditarios, solo quedan confirmados en el su

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cesor por el juramento de esos mismos pueblos. Es de sufrirsele, a pesar de sus liviandales y sus vicios, preciso además tener en cuenta que han merecido en mientras no desprecie esas mismas leyes que se le imtodos tiempos grandes alabanzas los que han alenta- pusieron por condicion cuando se le confió el poder do contra la vida de los tiranos. ¿Por que fué puesto en supremo. No hemos de mudar fácilmente de reyes , si las nubes el nombre de Trasibulo sino por haber liber no queremos incurrir en mayores males y provocar distado á su patria de los treinta reyes que la tenian opri- | turbios, como en este mismo capítulo dijimos. Se les ha mida? Por qué fueron tan ponderados Aristogitos y de sufrir lo mas posible, pero no ya cuando trastornen Harmoviu? Por qué los dos Brutos, cuyos elogios van re- la república , se apoderen de las riquezas de todos, me pitiendo con placer las nuevas generaciones y están nosprecien las leyes y la religion del reino, y tengan ya legitimados por la autoridad de los pueblos ? Cons por virtud la soberbia, la audacia, la impiedad, la conpiraron muchos con éxito desgraciado contra Domicio culcacion sistemática de todo lo mas santo. Entonces es Neron: ¿quién reprende su conducta ? Han merecido, ya preciso pensar en la manera cómo podria destronárpor lo contrario, la alabanza de todos los siglos. Cayo, sele, a fin de que no se agraven los males ni se vengue monstruo horrendo y cruel, sucumbió á las manos de una maldad con otra. Si están aun permitidas las reQuereas, Domiciano á las de Estéban, Caracalla á las uniones públicas, conviene principalmente consultar el del yeruo de Marcial, Heliogabalo, prodigio y deshon parecer de lodos, dando por lo mas fijo y acertado lo ra del imperio que al fin expió sus crímenes con su pro que se estableciere de comun acuerdo. Se ha de amopia sangre, a las lanzas de las guardias pretorianas. Y nestar ante todo al principe y llamarle á razon y á de¿quién, repetimos, vituperó jamás la audacia de esos recho; si condescendiere, si satisficiere los deseos de hombres? El sentido comun es en nosotros una especie la república, si se mostrare dispuesto á corregir suis de voz natural, salida del fondo de nuestro propio en faltas, no hay para qué pasar mas allá ni para que se tendimieuto , que resuena sin cesar en nuestros oidos, propongan remedios mas umargos; si empero rechay nos enseña á distinguir lo torpe de lo honesto. zare todo género de observaciones, si no dejare lugar

Añádase á esto que el tirano es una bestia fiera y alguno á la esperanza, debe empezarse por declarar cruel, que adonde quiera que vaya , lo devasta, lo sa públicamente que no se le reconoce como rey, que se quea , lo incendia todo, haciendo terribles estragos en dan por nulos todos sus actos posteriores. Y puesto todas partes con las uñas, con los dientes, con la pun- que necesariamente ha de nacer de ahí una guerra, conta de sus astas. ¿Quién creerá solo disimulable y no viene explicar la manera de defenderse, procurar ardigno de elogio á quien con peligro de su vida trate de mas, imponer contribuciones á los pueblos para los redinir al pueblo de sus formidables garras ? Quién gastos de la guerra, y si así lo exigieren las circunstanque no se han de dirigir todos los tiros contra un mons cias, sin que de otro modo fuese posible salvar la patruo cruel que mientras viva no ha de poner coto á su tria, matar á hierro al principe como enemigo público carnicería? Llamamos cruel, cobarde é impío al que y matarle por el mismo derecho de defensa, por la auve maltratada á su madre o á su esposa sin que la socor- toridad propia del pueblo, mas legítima siempre y me ra; y ¿ hemos de consentir en que un tirano veje y ator-jor que la del rey tirano. Dado este caso, no solo reside mente á su antojo a nuestra patria, á la cual debemos esta facultad en el pueblo, reside hasta en cualquier mas que á nuestros padres ? Léjos de nosotros tanta particular que, abandonada toda especie de impunidad maldad, lejos de nosotros tanta villania. Importa poco y despreciando su propia vida, quiera empeñarse ea que hayamos de poner en peligro la riqueza, la salud, ayudar de esta suerte la república. la vida; á todo trance hemos de salvar la patria del pe Se preguntará quizá que debe hacerse cuando no hay ligro, á todo trance hemos de salvarla de su ruina. ni aun facultad para reunirse, como muchas veces acon

Tales sou las razones de una y otra parte. Conside tece; mas suponiendo que esté oprimido el reino por radas atentamente, ¿será acaso difícil explicar el modo la tiranía , existe siempre la misma causa y de consi. de resolver la cuestion propuesta ? En primer lugar, tan guiente el mismo derecho. No por no poderse reunir to los filósofos como los teólogos, están de acuerdo en los ciudadanos debe faltar en ellos el natural ardor por que si un príncipe se apoderó de la república á fuerza derribar la servidumbre , vengar las manifiestas é inde armas, sin razon, sin derecho alguno, sin el con tolerables maldades del príncipe di reprimir los cosentimiento del pueblo, puede ser despojado por cual natos que tiendan á la ruina de los pueblos, tales como quiera de la corona, del gobierno, de la vida; que sien el de trastornar las religiones patrias y llamar al reins do un enemigo público y provocando todo género de á nuestros enemigos. Nunca podré creer que haya males a la patria y haciéndose verdaderamente acree obrado mal el que secundando los deseos públicos haya dor por su carácter al nombre de tirano, no solo puede atentado en tales circunstancias contra la vida de su ser destronado, sino que puede serlo con la misma vio príncipe. Hemos dado ya para esto una multitud de rélencia con que él arrebató un poder que no pertenece zones, y creemos que estas razones bastan. sino á la sociedad que oprime y esclaviza. No sin razon Resuelta ya así la cuestion de derecho, no debe atenAyod, despues de baberse captado con regalos la gra derse sino á la de hecho, es decir, á cuál merece ser cia de Eglon, rey de los moavitas, le mató á puñaladas; tenido realmente por tirano. Temen muchos que con arrancó así á su pueblo de la servidumbre que pesaba esta teoría no se atente á menudo contra la vida de sobre él hacia ya cerca de veinte años.

los príncipes; mas es necesario que adviertan que no Si el príncipe empero fuese tal ó por derecho here- dejamos la calificacion de tirano al arbitrio de un pare ditario ó por la voluntad del pueblo, creemos que ha ticular ni aun al de muchos, sino que queremos que

le pregone como tal la fama pública y sean del mismo claramente que, á serlo, merecia por este solo hecho el parecer los varones graves y eruditos. Es, por otra par- aplauso de las gentes. te, aquel temor completamente infundado. De otro mo Creemos, por fin , que deben evitarse los movimiendo irian los negocios de los hombres si entre estos se tos populares para que con la alegría de la muerte del encontrasen muchos de grande esfuerzo dispuestos á tirano no se entregue la muchedumbre á excesos y sea despreciar su salud y su vida por la libertad de la pa- de todo punto estéril un hecho de tanto peligro y trastria; mas desgraciadamente detiene á los mas el deseo cendencia ; creemos que antes de llegar a ese extremo de salvar sus dias, deseo que se opone á la realizacion y gravísimo remedio deben ponerse en juego todas las de grandes y nobilísimos proyectos. Entre tantos tira medidas capaces de apartar al príncipe de su fatal canos como existieron en la antigüedad ¿cuántos podemos mino. Mas cuando no queda ya esperanza, cuando estén contar que hayan muerto bajo una espada regicida? ya puestas en peligro la santidad de la religion y la En España apenas uno que otro , si bien debe esto salud del reino, ¿quién habrá tan fallo de razon que no atribuirse á la lealtad de los súbditos y á la clemencia confiese que es lícito sacudir la tiranía con la fuerza del de los principes que ejercieron humana y modestamen- derecho, con las leyes, con las armas? Ejercerá quizás te el poder que le confiaron el consentimiento público en algunos mucha influencia el hecho de haber sido cony el derecho. Es siempre sin embargo saludable que denada por los padres del concilio de Constauza la proestén persuadidos los principes de que si oprimen la posicion de que cualquier súbdito debe y puede matar república, si se hacen intolerables por sus vicios y por al tirano, valiéndose, no solo de la fuerza, smo tambien sus delitos, están sujetos á ser asesinados, no solo con de las asechanzas y del fraude. Este decreto empero derecho, sino hasta con aplauso y gloria de las genera no fué aprobado ni por el pontífice Martin V ni por ciones venideras. Este temor cuando menos servirá pa Eugenio ni por sus sucesores , de cuyo asentimiento ra que no se entregue tan fácilmente ni del todo á la depende la fuerza legislativa de los concilios eclesiásliviandad y á las manos de sus corruptores cortesanos, ticos; este decreto fué dado en una época de trastorpara que cuando menos por algun tiempo ponga freno nos para la Iglesia, en una época en que tres pontifices á sus furores. Podrá contenerle mucho este temor, y á la vez se disputaban la silla de San Pedro; este deaun mas que este temor la persuasion de que siempre creto fué motivado por la exagerada doctrina de los es mayor la autoridad del pueblo que la suya , por mas hasitas, segun la cual cabia destronar á los principes que hombres malvadísimos, solo para lisonjearle, afir por cualquiera crímen que hubiesen cometido, y tenia men lo contrario.

cualquiera facultades para despojarles del poder de que A lo que se objetaba sobre el rey David, debemos injustamente disponian; este decreto fué extendido contestar que no tenia este una causa bastante pode- finalmente con la idea de condenar la opinion de Juan rosa para matar á Saul, pudiendo, como podia, apelar á le Petit , teólogo de Paris, que pretendia excusar el la fuga ; que siendo Saul un rey establecido por el mis asesinato de Luis de Orleans, por Juan de Borgoña, mo Dios, si David le hubiese muerto para defenderse, sentando que es lícito que male un particular á un rey hubiera debido atribuírsele á impiedad, no á amor á la que está ya cerca de la tiranía, cosa insostenible, sobie república. Ni fueron, por otra parte, tan depravadas las todo cuando hay de por medio un juramento y no se costumbres de Saul que oprimiese tiránicamente a sus espera, como no esperó aquel, á que se pronuncien otros súbditos y quebrantase escandalosamente las leyes di en contra del monarca. vinas y humanas, y se apoderase de la fortuna de los Este es pues mi parecer, hijo de un ánimo sincero, ciudadanos. Es cierto que la corona habia de pasar á en que puedo, como hombre, enganarme. Si alguien David, pero cuando Saul muriese, y sin que esto le supiese masy me diese en contra de él mejores razones, diese derecho para arrebatar al que aun reinaba elim se lo agradeceré en el alma. Pláceme empero concluir perio junto con la vida. Ignoramos en qué podia fun este capítulo con las palabras del tribuno Flavio, que darse san Agustin cuando en el cap. 17 de su libro con convencido de conspirador contra Domicio Neron y pretra Dimano estableció que David no quiso matar á Saul, guntado cómo pudo olvidar su juramento: «Te abora pesar de serle lícito.

recia, dijo; no tuviste un soldado mas fiel que yo mienNo es tampoco necesario esforzarse mucho para des tras mereciste ser amado; empecé á odiarte despues truir la objecion de los emperadores romanos. Con la que fuiste parricida de tu madre y de tu esposa, desresignacion y la sangre de los fieles se echaban enton pues que te hiciste auriga, cómico é incendiario.) Ale ces los cimientos de la grandeza de la Iglesia , que ha ma verdaderamente militar y de varonil esfuerzo! llegado a extenderse hasta los últimos limites del orbe; cuanto mayor era la opresion, cuantas mas eran las víc

CAPITULO VII. timas, tanto mas iba creciendo por un favor especial del

Si es lícito envenenar á un tirano. cielo. No convenia por esta razon en aquellos tiempos que los fieles atentasen contra la vida de los príncipes, Tiene el malvado en su interior su propio verdugo; no convenia que hiciesen ni aun lo que estaba permi su misma conciencia le sirve de suplicio. No tendrá tido por derecho y venia establecido terminantemente ningun enemigo exterior, pero de seguro que la misma por las leyes; y aun refiriéndonos á aquellos tiempos depravacion de su vida y de sus costumbres ha de hacerle hallamos que el noble historiador Zozoma , haciéndose amargos sus mayores placeres y amarga hasta la satisfaccargo en el cap. 2.° del lib. vi de si era cierto que un cion de sus caprichos. ¿ Qué vida tan triste y miserable soldado hubiese muerto al emperador Juliano , dice la del que se ve obligado á quemar con ascuas su barba

y su cabello por temer como el tirano Dionisio la mano rece mas digno del hombre vencer á los enemigos con de un barbero! ¡Qué placeres pueden ser los del que co los recursos de la razon y la prudencia sin verter la mo Clearco, tirano del Ponto, han de asconderse como sangre del ejército que con el uso de las fuerzas físicas, una serpiente en el fondo de un arca para vivir tranqui- | en que nos llevan ventajas otros muchos séres animaJos y conciliar el sueño! ¿De qué le serviria el imperio dos. Lo que es para mi cuestionable si es lícito matar á aquel rey de Argos, llamado Aristodemo, que tenia al enemigo público y al tirano, palabras para mí sinóabierta la puerta de su cuarto sobre unos grandes arcos nimas, con veneno y yerbas ponzoñosas, pregunta que y al alcanzarla mandaba quitar la escala con que habia años atrás me hizo cierto principe en Sicilia en época subido? ¿Puede darse mayor desventura que la del que que estaba explicando en aquella isla teología. Sabeno puede confiar en nadie ni aun en sus amigos y cria mos que la habido de esto muchos casos, y estamos dos? A cualquier ruido se estremece, cualquiera som-persuadidos de que si llevase alguno intencion de mabra le espanta, y le parece siempre que está viendo al tar al príncipe y viese abierto este camino para lograr pueblo reunido y airado contra su persona. ¡ Vida por su intento, no habia de dejarlo por el parecer de los cierto bien miserable la del que puede proporcionar un teólogos, ni habia por esto de trocar el veneno por la glorioso nombre á su asesino! Porque no puede ya espada, principalmente siendo mayor el peligro y macabernos duda de que es glorioso exterminar de la yor la esperanza de la impunidad, y no debiendo dismisociedad humana á esos infames y perniciosos mons nuirse en nada, sino antes bien aumentarse el alborozo truos. Córtanse los miembros gangrenados para que no público, porque muerto el enemigo capital, quedase inlicionen el resto del cuerpo, y con hierro tambien con vida el autor y salvador de las libertades públicas. deben ser cortadas de la república esas terribles fieras | Nosotros, sin embargo, no hemos de considerar lo que que pueden provocar su ruina. Justo es que tema el que ban de hacer los hombres, sino que es lo que nos está da que temer á los demás. ¡Ay, cuánto mas saludable no concedido por las leyes de la naturaleza. ¿Qué importa seria que el temor que abrigase fuese siempre mayor que se emplee el hierro óel veneno, sobre todo cuando que el que él inspira ! No corresponde nunca el apoyo se ha concedido ya que pueda apelarse al dolo y a toda que dan las fuerzas, las armas y las tropas al peligro clasede asechanzas? Tenemos además para cohonestarque hay en excitar el odio de los pueblos, que amenaza lo muchos ejemplos antiguos y modernos de tiranos que siempre con la ruina á los mas altos príncipes. Se es han sucumbido á este género de muerte. Es cierfuerzan todas las clases del Estado en arrancarles de tamente difícil propinar veneno á un príncipe que está los terribles excesos de la maldad y la bajeza; y cre cercado de su servidumbre, investigar las comidas que ciendo de dia en dia el odio, ó apelan manifiestamente a son para él mas sabrosas , asaltar el alcázar y la inla sedicion, tomando en público las armas por creer jus- mensa mole del palacio real; mas si se ofreciese ocato y grande sacrificar en aras de la patria la vida que sion oportuna, ¿quién habrá tan perspicaz y de tan debemos á la naturaleza , medio con que no pocos tira- | agudo ingenio que pretenda distinguir entre ambos génos sucumbieron , ó rodeándose de las mayores pre

neros de muerte? cauciones emplean las asechanzas y el fraude conjurán No puedo negar la gran fuerza de estos argumentos, dose en secreto para ver si arriesgando la vida de uno ni me extraña que llevados por su solidez consideren solo ó de muy pocos, salvan la república. Si salen en algunos conforme á la equidad y al derecho matar al titonces con bien de su empresa, son tenidos durante toda rano óá un enemigo público enviando secretamente consu vida al par de los mas grandes héroes ; si mal, caen tra el, ya envenenadores, ya asesinos. Debemos empero como víctimas propicias á los dioses y á los hombres, y empezar observando que entre nosotros no está ya en merecen por su noble esfuerzo la memoria de la pos- | vigor la costumbre por la cual en Atenas y en Roma teridad entera.

se envenenaba á los reos condenados á muerte. Se ha Es ya puies innegable que puede apelarse á la fuerza de reputado entre nosotros cruel y sobre todo ajeno de las las armas para matar al tirano, bien se le acometa en costumbres cristianas obligar á un hombre, por mas su palacio, bien se entable una lucha formal y se esté á cubierto que esté de crímenes, á quitarse la vida por los trances de la guerra. Mas ¿cabrá tambien echar su propia mano, bien atravesando con un puñal sus enmano de asechanzas, como llevamos dicho que hizo Ayod trañas, bien tomando emponzoñadas la comida ó la matando al rey de los moavitas despues de haberse des bebida, cosas las dos igualmente contrarias al derecho cartado de testigos, captándose con dádivas y fingidas natural y á las leyes de la humanidad, por las cuales palabras atribuidas á Dios la voluntad y la gracia de su nos está prohibido atentar contra nuestra propia exisvíctima? Es á la verdad mayor virtud y de ánimos mas tencia. Como pues hemos dicho que pueda matarse al grandes manifestar abiertamente el odio y acometer enemigo armándole asechanzas, decimos ahora que es públicamente al enemigo del Estado; pero no de menor injusto envenenarle. ¿Qué importa que se le propine prudencia buscar mediosindirectos y hasta pérfidos para el veneno ignorándolo 6 sabiéndolo, si el asesino no alcanzar el objeto sin riesgo ó á lo menos con el menor puede de ningun modo ignorar que emplea un género peligro y el menor daño posible. Francamente hablando, de muerte contrario a la naturaleza, y es sabido no puedo menos de alabará los lacedemonios que sacri que la culpa de un crimen cometido por ignorancia ficaban un gallo blanco á Marte, dios de la guerra, como pesa siempre sobre sus autores? ¿De qué le servió á Laban la engañada antigüedad creia, cuando habian ganado una que su yerno Jacob aceptase de su hermano á Lia, victoria á la sombra de sus estandartes, y un corpulento ignorando que esta no fuese Raquel, con quien se habia toro cuando por pura astucia, fundándose en que pa casado? De qué puede servir a otros para sincerarse

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