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la ignorancia de los que pecaron engañados por el por los pasos de nadie senda ni camino. ¿Es mayor la fraude que artificiosamente les urdieron ? Es la misma autoridad del rey o la de toda la república ? Materia es voz de la naturaleza, ese sentido comun de los hombres esta á la verdad, no solo difícil, sino resbaladiza y peliel que no puede menos de vituperar al que envenene grosa, pues cualquiera que sea la opinion que emitamos, hasta sus mas implacables enemigos. Acúsase á cada se nos puede achacar ó á que hemos qnerido adular á paso á Cárlos, rey de Navarra, llamado el Cruel, por los príncipes, ó á que no ha podido detenernos el espí-' haber enviado secretamente envenenadores contra el ritu de la dignidad real para ofender a los que son casi conde de Fox, el rey de Francia y los duques de Berri árbitros de nuestra vida y nuestra muerte; y nos quedan y Borgoña. Sean esios hechos verdaderos, sean fingi- de todos modos escasas esperanzas de adelantar en dos, que es lo mas creible , lo cierto es que apoderado fama ni en fortuna. Las cosas fortalecidas por el tiempo de ellos el insensato vulgo, le cubrió de infamia y excitó primero se rompen que se corrigen, y es propio de contra él el odio de españoles y franceses.

nuestra condicion, no solo amar nuestras faltas y lupaA mi modo de ver pues, ni deben administrarse alene res, sino hasta querer que otros los amen. Siguiendo migo medicamentos nocivos, ni emponzoñar en daño una opinion, podemos parecer débiles y amigos de capsuyo los alimentos destinados á su subsistencia. No creo tarnos el favor del príncipe, aceptando la otra temeraque pueda echarse mano de este medio sino cuando rios y dementes. Como quiera que sea, creemos no deel que haya de morir no se vea obligado á beber el ve ber entrar en la cuestion, pues en nada se afecta tanto neno y á llevarle por sí mismo á la médula de sus hue la suerte de la república como en aumentar o disminuir sos, sino que por ser tan grande la fuerza del tõsigo, la autoridad del príncipe. basle para acabar con él que se le dén en una silla ó en En constituir la república y promulgar leyes se toma una parte cualquiera de su traje, como veo que han ordinariamente la fortuna la mayor parle como por hecho muchos reyes moros. Al efecto han enviado no derecho propio; el pueblo no seguia siempre desgraciapocas veces al enemigo vestidos de montar, sillas de damente por la prudencia ni por la sabiduría, sino por armas, tanto, que si no miente la fama, así mataron á los primeros impetus de su alma, razon por qué juzEnrique de Castilla, que recibió estando enfermizo unos garon algunos sabios que sus hechos mas merecian ser elegantes borceguies, y no bien los calzó, emponzoña- tolerados que alabados. A mi modo de ver, puesto que dos los piés, no gozó de un momento de salud hasta el poder real, si es legitimo, ha sido creado por consenperder la vida. Juzef, rey de Granada, murió tambien limiento de los ciudadanos y solo por este medio puá los trenta dias de haber recibido del de Fez un ves- dieron ser colocados los primeros hombres en la cumtido de púrpura bordado de oro; y es casi indudable bre de los negocios públicos, ha de ser limitada desde que estaba el vestido envenenado, porque sus miem- un principio por leyes y estatutos, á fin de que no se bros todos no manaban sino pus, y tenian la carne, no ya exceda en perjuicio de sus súbditos y degenere al lin corrompida, sino consumida. ¿De qué murió años des en tiranía. Así hallo que lo hicieron entre los griegos pues Mahomad de Guadix, rey nazarita , sino de haber los lacedemonios, que segun Aristóteles, solo confiaron vestido una camisa emponzoñada, segun era pública á sus reyes los cuidados de la guerra y la administravoz y fama, en tiempos de Enrique III de Castilla ? Fer cion de los negocios religiosos; así hallo que lo han nando García, despues de haber abjurado las erradas hecho en tiempos mas modernos los aragoneses, sevecreencias mahometanas, escribió todo esto al infante de ros y resueltos para defender sus libertades, y sobre Antequera, que fué despues rey de Aragon, y le advir todo, convencidos de que á pequeñas concesiones es tió que se recelase mucho de los regalos de gran precio debida casi siempre la disminucion y pérdida de nuesque le habia enviado Juzel, pues los moros con capa tros derechos naturales. Crearon los aragoneses un de amistad se deshacian muchas veces de sus ene magistrado interinedio entre el rey y el pueblo, una migos.

especie de tribuno, llamado vulgarmente en estos tiemMuy infamemente obran por cierto los que así nos pos el justicia mayor , el cual, armado de leyes y de engañan con obsequios y sin que les hayamos dado mo- autoridad, y sobre todo, del amor del pueblo, habia de tivo provocan nuestra ruina , o aun habiéndosele dado, tener, como tuvo, hasta hace poco circunscrito dentro atentan contra nosotros despues de una sincera recon- | de ciertos límites el poder arbitrario de los reyes. Nomciliacion , despues de haber celebrado tal vez un pacto braban generalmente para tan difícil y espinoso cargo de alianza. Mas no espere nunca el tirano que se hayan uno de los hombres de mas categoría, á fin de que no reconciliado con él los ciudadanos si no ha variado pudiese venderles si algun dia sin saberlo el rey crede costumbres; tema basta á los que vayan á ofrecerle yesen oportuno reunirse para defender la libertad y dádivas; recuerde que es lícito atentar de cualquier asegurar la existencia de sus leyes. En estas naciones modo contra su existencia, con tal que no se le obligue y en las que se les parezcan nadie ha de dudar por á que sabiéndolo ó ignorándolo, se mate con su propia cierto que es mayor la autoridad de la república que mano.

Ja de los principes, porque de otro modo, ¿en qué poCAPITULO VIII.

drian fundar el derecho de enfrenar el poder y resistir

á la voluntad de los reyes? Mas en otras provincias ¿Es mayor el poder del rey, ó el de la república ?

donde es menor la autoridad del pueblo que la de sus Vamos á entrar ahora en una cuestion grave, de mu monarcas es dudoso y por consiguiente cuestionable chas fases y embrollada, cuestion tanto mas trabajosa y si se ha de establecer el mismo principio y considerarle molesta, cuanto que para resolverla no hay aun abierta provechoso para la salud comun de la república. Está

todo el mundo de acuerdo en que el rey es la cabeza de tener el mismo poder que tienen los señores en sus y el jefe del pueblo y en que como tal tiene un poder respectivos pueblos, los obispos en sus diócesis y otros supremo para la direccion de los negocios, bien se haya muchos magistrados que podriamos citar cuan abunde declarar la guerra al enemigo, bien habiendo paz dantemente quisiésemos y callamos por considerarles se hayan de otorgar nuevos derechos á los súbditos. ya de un mismo género? ¿Quién puede, por otra parte, Tampoco se duda, generalmente hablando, que el po negar que la república haya podido sin restriccion de der de mandar concedido á los príncipes es mayor que ninguna clase poner en manos del príncipe todo el poel de cada ciudadano y el de cada pueblo; mas entre der de que estaba dotada por los derechos de la natulos mismos que en esto convienen los hay, y no pocos, raleza? ¿No podian haberlo hecho con la intencion de que niegan al rey el poder de oponerse á lo que resuela que fuese mayor y mas respetada la autoridad del prinva la política ó sus representantes , varones de nota cipe, mayor la necesidad de obedecer en los pueblos, escogidos entre todas las clases del Estado. Tenemos, menor la ocasion de rebelarse, cosas todas en que esdicen, la prueba en nuestra misma España, donde el triba la tranquilidad pública y la salud de todos? ¿Qué rey no puede imponer tributos sin el consentimien otra cosa es la majestad de los reyes que la salvaguar to de los pueblos. Empleará tal vez para alcanzarlo to- dia de la felicidad comun y de la paz del reino ? dos los recursos de su industria, ofrecerá premios á los Así suelen hablar los que desean que se ensanche el ciudadanos, arrastrará á otros por medio del terror, poder real, y no consienten en que se le encierre dentro les solicitará con palabras, con esperanzas, con prome- de ciertos límites. Así sucede efectivamente en algunas sas, cosa que no disputaremos ahora si está bien o mal naciones donde ni se busca para nada el consentimienhecha; mas si resistiesen á todas estas pruebas, de se to de los súbditos, donde ni el pueblo ni la aristocracia guro que se atenderá mas á la resolucion de los pue son llamados nunca para deliberar sobre los negocios blos que á la voluntad del principe. Y qué, ¿no cabe del Estado, donde hay necesidad de obedecer, sea jusacaso decir lo mismo cuando se trate de sancionar nue to, sea injusto, lo que el rey mandare; mas įcabe sivas leyes, leyes que, como dice san Agustin, solo son quiera abrigar la menor duda en que este poder es ertales cuando están promulgadas, confirmadas y apro-cesivo y en que está muy cerca de la tiranía, que, segun badas por las costumbres de los súbditos ? No se ha de Aristóteles, llegó á ser una verdadera forma de gobierno decir tal vez lo mismo cuando se ha de designar suce- entre naciones bárbaras ? Yo no extraño que hombres sorá la corona por el juramento de todos los brazos del sin uso de razon, sin prudencia , sio mas fuerza que Estado, sobre todo, si por no tener el príncipe descen- la de su cuerpo hayan nacido para la esclavitud y, quiedencia ni colaterales ha de pasar el trono á otra fami- ran o no, obedezcan á los principes; mas yo no me relia ? Supongamos además que está vejada la república fiero aquí á naciones bárbaras, hablo solo del gobierno por las depravadas costumbres del monarca, que dege- que está entre nosotros vigente, del que seria justo nera el poder real en una maniliesta tiranía; ¿seria acaso que lo estuviese, del que creo seria la mejor y la mas posible arrancar al príncipe la vida ni el gobierno si no saludable forma de gobierno. Empezaré por convenir se hubiesen reservado los pueblos mayor poder que el en que el poder real es absoluto é indeclinable para que delegaron á sus reyes? ¿Cómo podemos, por otra todas aquellas cosas que, ya las costumbres, ya las parte, suponer que los ciudadanos hubiesen querido instituciones, ya ciertas leyes, han dejado al arbitrio de despojarse de toda su autoridad ni trasferirla á otros los príncipes, tales como hacer la guerra, administrar sin restriccion, sin tasa, sin medida ? ¿Para qué habrian justicia y crear jefes y magistrados. Concedo que en de necesitar que tuviese un poder mayor que el de to esto es su poder mayor que el de todos y cada uno de dos ellos un príncipe que estaba sujeto, como todo los ciudadanos, que no hay quien pueda oponerle rehombre, á depravarse y corromperse ? ¿Habia de ser el sistencia ni quien tenga derecho para examinar la raseto de mejor condicion que el padre, el arroyo de mas zon de su conducta, que está ya sancionado por la importancia que la fuente de que nace ? ¿Dispone la re costumbre de todos los pueblos, y no cabe siquiera lupública de mayores fuerzas y de mayor número detro- gar á cuestionar, cuanlo menos á revocar lo hecho. Creo pas que el príncipe y no ha de tener tanto poder como empero que en otros negocios ha de ser mayor que la este y aun mayor si entre los dos hubiese disidencia? del principe la autoridad de la república , si la llegado

Veo con todo que no faltan varones muy aventajados á ponerse de acuerdo sobre un mismo punto. A mi y de gran fama de eruditos que hacen al rey superior a modo de ver, no puede el príncipe oponerse á la voluntodos y á cada uno de los ciudadanos. De otro modo, tad de la multitud, ni cuando se trata de imponer tridicen, el gobierno seria mas bien popular que monár- butos, ni cuando se trata de derogar leyes, ui mucho quico , puesto que los negocios capitales dependerian menos cuando se trata de alterar la sucesion del reino. de la voluntad de muchos y aun de casi todos los indivi- Estoy en que el principe en todas estas cosas y en otras duos del Estado. De la sentencia de los reyes se podria que puedan haberse reservado los pueblos, ya por una además apelar á la república , libertad que si se otor constitucion particular, ya por la costumbre, no puede gase, produciria en todo una gran confusion, impediria hacer mas que acatar la voluntad de sus súbditos, rela accion de la justicia, sumergiria la nacion en un ver signarse y callar. Creo aun inas, y es lo principal, creo dadero caos. ¿No ha de tener siquiera un monarca en que ha de residir constantemente en la república la fasu reino el mismo poder que tiene en su casa un padre, cultad de reprimir los vicios de los reyes y destronarlos cuando, segun Aristóteles, no son las sociedades mas siempre que se hayan manchado con ciertos crímenes, çue la imágen y la gcgeralizacion de la familia? No ha le ignorando el verdadero camino de la gloria hayan

querido menos ser amados que temidos, y siendo al fia grados derechos. Estoy en que hasta el principe obratiranos manifiestos , hayan pretendido imponer terror ria temerariamente aceptando un poder por el cual paá las paciones.

san los súbditos de libres á esclavos, y ha de degenerar No se ha permitido apelar del rey á la república, co forzosamente en tiranía un gobierno creado para la samo se hace, sin embargo, en Aragon, ya porque es su lud del pueblo, gobierno que merece el nombre de premo el poder del rey para dirimir todas las contien monárquico solo cuando se encierra dentro de los das civiles, ya porque habia de discurrirse un medio límites de la moderacion y la prudencia , y se disinipara castigar los delitos y terminar los pleitos, que de nuye y corrompe casi del ludo cuando le llevan al exotro modo se alargarian hasta lo infinito. ¿Quién, por tremo aumentándole neciamente de dia en dia los que otra parte, podrá decir que haciendo superior la repúblic le dirigen y le tienen en su inexperta mano. Acosturca á los reyes se convierta en popular la forma monár bramos los hombres á inclinarnos á lo contrario, pero quica, cuando para la direccion de los negocios ni para llevados mas de las falsas apariencias del poder que ninguno de los ramos de la administracion pública se del poder mismo, pues no consideramos lo bastante, ha confiado el poder ni al pueblo ni á la aristocracia ? que solo es seguro aquel que impone limites á sus proNo es tampoco para nosotros una dificultad lo que se pias fuerzas. No sucede con el poder como con el dinos dice respecto al padre de familia, á los varones y nero, que cuanto mas crece, tanto mas nos hace ricos, á los obispos, pues el primero ya sabemos que go un priucipe tanto mas puede cuanto mas tiene en su bierna despóticamente á sus hijos, que son mas bien favor el asentimiento de sus súbditos y sabe granjeare para él esclavos que súbditos, cosa que no puede su se el ainor de los pueblos procurandoles la satisfaccion ceder con los reyes que ejercen su imperio sobre pue de sus deseos; tanto menos cuanto mas' ha exacerbablos libres; y los dos últimos importao poco que ten do en contra de sí las pasiones de los ciudadanos , gragan un poder superior al de sus distritos y diócesis, cias á las cuales irá siendo cada vez su autoridad mas habiendo sobre unos el poder del monarca, y sobre otros débil. Justa y sabiamente habló Teopompo , rey de el del pontífice romano, los cuales podrán siempre cor los lacedemonios, cuando despues de haber creado los regir las faltas que entrambos cometieren. ¿Quién em eforos á manera de tribunos, para poner un freno á su pero podrá corregir las del rey si no se deja poder al propio poder y al de sus sucesores, al regresar a su guno a la república ? Pero hay mas; ya que incidental casa entre los aplausos de la muchedumbre, oyendo mente hemos hablado de los pontifices, se nos permitirá que su mujer le reprendia diciéndole que por su cauobservar que, a pesar de ser su autoridad casi divina, sa legaria una autoridad menor á sus hijos, menor no puede inducirnos á que demos poderes ilimitados á será, contestó, pero mucho mas estable. Los princilos príncipes , pues lasta varones de grande erudicion pes que saben poner freno á su propia fortuna se goy prudencia sujetan á los pontifices a las decisiones de bierpan mas facilmente á sí y á sus súbditos, al paso un concilio general sobre los dogmas de nuestra reli que cuando se olvidan de las leyes de la humanidad y gion y los de nuestra Iglesia, opinion que no me me dejan de guardar la moderacion debida , cuauto mas teré ahora en averiguar si es justa ó injusta, pero que alto suben, tanto mas grande es su caida. se apoya principalmente en que así sucede con los Previendo nuestros antepasados como varones prureyes. Los que por ver y juzgar las cosas de distinto dentes tan grave y tan comun peligro, adoptaron mumodo hacen superior el poder pontificio al de toda la chas y muy sabias medidas para que, contenidos consIglesia reunida no niegan , por otra parte, que sea dis tantemente los reyes dentro de los límites de la humiltinta la condicion del poder real, sino que distinguiendo dad y la justicia, no pudiesen ejercer nunca contra la de uno y otro poder , dicen que si bien hay razon para nacion un poder ilimitado, de cuyo ejercicio pudiesen que los principes estén sujetos a la república, pues de venirle grandes daños. Quisieron en primer lugar que ella recibieron la autoridad que tienen, no la hay para no pudiesen los principes sancionar las cosas de mas que lo estén los papas á la Iglesia, pues no reciben de importancia sin consultar antes la voluntad de la aris-, ella su autoridad, sino de Jesucristo, que mientras es tocracia y la del pueblo, exigiendo que al efecto se contuvo en la tierra delegó á Pedro y sus sucesores un po vocase á Cortes generales á hombres elegidos entre toder universal y omnimodo, bien para reformar las cos das las clases del Estado, a los prelados de plena jurisLumbres de los pueblos , bien para determinar cómo diccion, á los magnates y á los procuradores de los debemos sentir acerca de la religion y de los negocios pueblos, costumbre antigua de Castilla que se conserva religiosos. Creo que por esta distincion podemos cla aun hoy en Aragon y en otros reinos, y quisiera que ramente comprender que aun los que difieren en el fuese restablecida en todo su vigor por varios principes. modo de considerar la autoridad pontificia están de ¿Por qué se cree que han sido excluidos de nuestras acuerdo en el modo de considerar la real, que es siem Cortes los nobles y los obispos siujo para que tanto los pre para todos menor que la república.

negocios públicos como los particulares se encaininen Se preguntará ahora tal vez si una nacion puede ab á satisfacer el capricho del rey y la codicia de unos pndicar y dar al príncipe sin restriccion alguna todo el cos hombres? ¿No se queja ya á cada paso el pueblo de poder de que dispone; mas ni quiero detenerme mu que se corrompe con dádivas y esperanzas á los procucho en este punto, ni es para mí de importancia que radores de las ciudades, únicos que han sobrevivido al se opine del uno ó del otro modo, con tal que se me naufragio, principalmente desde que no son elegidos conceda que obraria la nacion muy imprudentemente por votacion, sino designados por el capricho de la suer. si abjurase de esta suerle y para siempre sus tan sa te, nueva depravacion de nuestras instituciones que

prueba el estado violento de nuestra "república y la- | da hacer por su propia voluntad, sino por lo que esas mentan hasta los hombres mas cautos, a pesar de que mismas leyes le prescriban, necesitará indudablemente vadie se atreva a despegar el labio? Es preciso pensar en de fuerzas para defenderlas. Quizás empero convenga la tempestad mientras dura aun la bonanza, no sea que que solo las tenga para ser superior á muchos y á cada por falta de precaucion nos arrastre la borrasca, y der uno de los ciudadanos, no para serlo á la nacion enteribadas todas las garantías de la república, giman las ra. Los antiguos por lo menos median por esta regla las provincias , sobrevengan de dia en dia como en tropel guardias que habian de dar a los jefes de sus ciudades

, muchas calamidades, deje de corresponder el éxito,tan- jefes que llamaban esimnetas ó tiranos. Cuando pidió to en la guerra como en la paz, a la grandeza del im- Dionisio tropas para la defensa de su persona, hubo perio y nos veamos por fin envueltos en un sin número quien pensó que no habia menos razon para darlas á de males.

cada uno de los siracusanos. Para que la autoridad de la república no viniese á ser Para hacer ver por fin cuánta fué en otros tiempos la inútil por faltarle fuerzas, procuraron no menos pru autoridad del Estado y cuánta sobre todo la de la nodentemente nuestros antepasados que dispusiesen de bleza, daré un ejemplo, con el cual pienso poner fin á grandes riquezas y de mayor poder y de plena jurisdic esta cuestion gravísima. Cercaba el rey Alfonso VIII en cion sobre muchos pueblos y fortalezas , no solo los la Celtiberia la ciudad de Cuenca, situada en un lugar próceres del reino, sino tambien los obispos y los sacer muy escabroso y áspero, y por esta misma razon uno dotes, que no pueden menos de ser una salvaguardia de los mas firmes baluartes del imperio moro. No habia de la salud pública, como lo exige el amor á sus seme dinero para los gastos de la guerra, y escaseaban por jantes y las sagradas órdenes que tienen recibidas. consiguiente las vituallas. Parte el Rey precipitadaConfirmó despues la experiencia que no se habian en- mente á Búrgos, y pide á las Cortes que, pues ya estagañado, pues fueron no pocas veces los prelados los que ba el pueblo cansado de pagar tributos, pagase cada mas defendieron la justicia y vengaron la religion nae noble para sostener la guerra cinco maravedíses de oro. cional de todo ultraje; y es de esperar que impondrian Alegaba que no podia presentarse una ocasion mas oporá cuantos se atreviesen á agitarse en menoscabo y men tuna para acabar con los infieles. El autor de esta megua de la patria. Están en un error, y en un error gra.

dida habia sido Diego de Haro, señor de Vizcaya, mas vísimo, cuantos creen que ha de despojarse á los ecle se encontró una resistencia decidida en el conde de siásticos de su jurisdiccion temporal y sus riquezas, por Lara, que salió de las Cortes con gran parte de los noser para ellos una carga inútil y nada conforme con la bles, dispuesto a sostener con las armas el privilegio que naturaleza de su estado. ¿Cómo no han considerado habian conquistado sus mayores con la punta de la esque no puede continuar la salud de la república estando pada, y aseguraba y juraba que no consentiria en que débil su mas noble parte? Cómo no han considerado que por esta puerta entrase el Rey á tiranizar la nobleza ni á los obispos, no solo son los jefes de las iglesias, sino vejarla con nuevos tributos, diciendo y sosteniendo que tambien los primeros personajes del Estado ? Cómo no no era de tanta importancia vencer a los moros para consideran que pretendiendo reformar así las institu- | dejar que se envolviese la república en tan grave serviciones, trastorban todos los fundamentos de la libertad dumbre. Asustado el Rey, desistió de su propósito, y y conculcan todos los principios de gobierno? Estoy tan en conmemoracion de tan grande triunfo resolvieron lejos de convenir con ellos, que antes creo que para evi los nobles obsequiar con un banquete anual á los contar mayores peligros deberia darse á los prelados mayor des de Lara, para que constase la importancia de su autoridad, concedérseles mayor jurisdiccion, confiár- resolucion, pasase como un monumento á la posteridad seles importantes fortalezas. De no, ¿qué recurso nos y sirviese de ejemplo a fin de queen pinguna ocasion se queda cuando la salud pública, la santidad de la religion consintiese en ver menguados en lo mas íntimo los de y la fortuna de todos se expongan en las manos de un rechos de los ciudadanos. Quede pues establecido que hombre que apenas tenga conciencia de mismo en- | miran por la salud de la república y la autoridad de los tre los continuos aplausos de sus cortesanos, la turba príncipes los que circunscriben la autoridad real dende los aduladores que siempre le rodean, y los inmo- tro de ciertos límites, y la destruyen los vanos y falsos derados deleites á que sin cesar se entrega ? que está aduladores que quieren ilimitado el poder de los reyes. cercado de demasiados peligros para que no se vicie, Desgraciadamente en los palacios hay siempre gran se corrompa y se deprave? Ya debilitado el clero, ¿he número de esos últimos, que sobresalen en favor, en mos de confiar la suerte de la religion y del Estado autoridad, en riquezas, peste que siempre será condeá seglares, tales como los que viven en los palacios de nada, y es muy probable que siempre exista. los principes ? Se estremece uno al pensar en los males que podrian nacer de esta reforma. Sabiamente quiso

CAPITULO IX. Aristóteles, no solo que fuese mayor la autoridad del

El principe no está dispensado de guardar las leyes. Estado, sino que lo fuesen tambien sus fuerzas, palabras que por lo notables no podemos dejar de continuar Ardua y difícil empresa es contener dentro de los lien esta misma página. Es tambien cuestionable si el rey mites de la moderacion el poder grande y eminente de debe tener a su lado fuerzas con que pueda obligar al los principes, difícil persuadirles de que, corrompidos mal á los rebeldes, ó si debe ejercer de otro modo la por la abundancia y engreidos con los vanos discursos autoridad que le han confiado. Aun cuando tenga pues de los cortesanos, no han de creer á propósito para su poder limitado por las leyes, de modo que nada pue conservar su dignidad ni para aparecer mas grande á

los ojos de los pueblos aumentar ilimitadamente sus der que el que tendria el pueblo entero si fuese el goriquezas y su poder, y dejar de estar sujetos á la auto- bierno democrático, ó el que londrian los magnates si ridad de la república. Conviene que se hagan cargo de estuviesen concentrados en ellos los poderes públicos; que sucede todo lo contrario, pues nada como la mode no debe pues creerse mas dispensado de guardar sus racion da fuerzas á los reyes, y estarian mucho mas ase leyes que el que lo estarian los individuos de todo el gurados en sus tronos si tuvieran encarnada en sí la idea pueblo ó los próceres del reino, con respecto á las disde que los principes nunca gobiernan mejor que cuando posiciones que por su delegado poder hubiesen ellos sirven primero á Dios, por cuya voluntad se dirigen mismos sancionado. Muchas leyes además no son dadas las cosas de la tierra y se levantan y caen los imperios; por los principes, sino establecidas por la autoridad de despues al pudor y al decoro, bienes con que alcanza- | la república , cuya autoridad y cuyo imperio, así para mos la ayuda de ese mismo Dios y nos granjeamos el mandar como para prohibir, son mayores que los del amor de los pueblos, de cuyas manos depende la mar- principe, á ser cierto lo que en la cuestion antecedente cha de las cosas, y finalmente, á la fama pública y á lo resolvimos. A leyes tales, no solo creemos que deban que ha de decir de ellos la posteridad despues de siglos, obedecer los reyes, sino que estamos además persuadipues es de grandes almas aspirar, como los seres celes dos de que no pueden derogarlas sin el expreso consentiales, á inmortalizar el nombre. El desprecio de la fa timiento de las Cortes, debiéndose contar entre aquema lleva consigo el de las virtudes, y son tanto mas altos llas las de la sucesion real, las de la religion y las de los los deseos cuanto mas eminentes los ingenios; pues los tributos. hombres de ánimo humilde desconfian, y contentos de No se creyeron independientes de las leyes Zaleuco lo presente, no cuidan jamás de lo futuro. Porque así ni Carondas, rey aquel de la Locria, este de Tiro. Al lo entendieron los antiguos, divinizaban despues de saber el primero que su hijo habia cometido adulterio, muertos á los principes que habian prestado eminentes le sujetó al fallo de los tribunales; y á pesar de baberle servicios á la patria. Necio y vano parece á la verdad estos condonado la pena con que se castigaba a los que les levantasen estatuas y les dedicasen templos, adúlteros, que era la de arrancarles los ojos, se arrancó sobre todo cuando esta costumbre, que no partia de tan primero uno suyo, y mandó arrancar luego otro al hijo, mal orígen, degeneró en la locura de tributar los mis- satisfaciendo así con noble moderacion á la humanidad mos honores á príncipes corrompidos por los vicios, sin yá los magnates y dejando así sancionada la autoridad esperar siquiera que muriesen; mas aun en medio de de las leyes. Carondas habia dado una ley prohibiendo esa depravacion, se ve claramente que servia de mucho que se entrase con espada en la asamblea, y habiénpara excitar á ser virtuosos á los sucesores, pues el dose olvidado un dia de dejar la suya por acabar de amor á la gloria alimenta el amor á la equidad y á las llegar del campo cuando se convocaban los comicios, virtudes.

no bien le recordaron la ley, cuando se arrojó contra Tenga sabido, por fin, el príncipe que las sacrosantas la punta de su acero. Aprendan los principes en estos leyes en que descansa la salud pública han de ser solo raros ejemplos, encarnen bien en sí mismos los precepestables si las sanciona él mismo con su ejemplo. Debe tos que de ellos se desprenden, y procuren aventajar á llevar una vida tal, que no consienta nunca que ni él ni todos en bondad y en templanza. Den á las leyes la ubeotro puedan mas que las leyes, pues estando contenido diencia que exigen de sus súbditos, amen con ardor las en ellas lo que es lícito y de derecho, es indispensable instituciones y las costumbres patrias, no adopten que el que las viola se aparte de la probidad y la jus nunca hábitos insólitos ni extraños, adoren á Dios ticia, cosa á nadie concedida, y mucho menos al rey, como le adore su pueblo, vistan como vista, bablen que debe emplear todo su poder en sancionar la equidad como hable; y además de dar una prueba de gravedad y en vindicar el crímen, teniendo siempre en ambas y de constancia, dejarán convenciilos á todos de su cosas puesto su entendimiento y su cuidado. Podrán amor al reino. No crean nunca lícito lo que si llegasen los reyes, exigiéndolo las circunstancias, proponer á imitar los demás ciudadanos podria 6 habria de llevar nuevas leyes, interpretar y suavizar las antiguas, suplir- consigo la ruina de las leyes y la de la patria. Crea las en los casos en que sean insuficientes, mas nunca perjudicialísimas las palabras de los cortesanos, que trastornarlas á su antojo, ni acomodarlo todo á sus ca solo para lisonjearle le hacen superior á la ley y á la reprichos y á sus intereses, sin respetar para nada las pública, dueño absoluto de lo que posee cada uno de instituciones y las costumbres patrias, falta ya solo de sus súbditos, árbitro supremo del derecho que reducen tiranos. Los principes, aunque legitimos, no deben obrar tan solo á obedecer la voluntad del príncipe , siguiendo jamás de modo que parezcan ejercer su dignidad inde en esto al calcedonio Trasímaco, que definia el derecho pendientemente de las leyes. ¿Cómo han de ser honra- ' y la equidad por lo que convenia a los intereses y al dos y obedientes los súbditos si sancionan los príncipes gusto de los reyes. Aborrezca la vergonzosa ligereza de con sus licenciosas costumbres la perversidad y la des- los magos, de esos hombres que preguntados por el vergüenza ? Hacen mas fuerza en los hombres los ejem- persa Cambises si podia por las leyes del reino contraer plos que las leyes, y suele reputarse digno imitar las le matrimonio con una hermana de que estaba perdidayes de los príncipes, bien sean estas malas , bien salu mente enamorado, negaron que le fuese lícito atendido dables. Ha de alcanzar poco el rey que solo promulga de el derecho patrio, y afirmaron á la vez que podia perpalabra sus edictos y las leyes de sus antepasados, des mitirse esa libertad por existir una ley que daba facultruyéndolas y trastornándolas luego por completo contades á los reyes para hacer lo que quisiesen. ¡Oh homsus propios vicios. Un príncipe no dispone de mayor po- | bres nacidos para esclavos! No haga tampoco caso de

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