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neras. Establézcanse en primer lugar certámenes, ya ( do. Estén, por fin, persuadidos los que educan a los prinmilitares, ya literarios, en que se prometa al vencedor cipes de que si es verdad que los consejos dados á los un premio, con cuya esperanza se inflamarán vehemen- demás hombres deben referirse principalmente á lo temente los ánimos de los niños, sobre todo si se añade que puede ser a cada cual mas útil, no sucede así con á esto que el profesor encarezca el mérito de unos y vi- los príncipes, cuyas acciones deben dirigirse mas que tupere agriamente a los que se hayan manifestado flojos a todo a conquistarse un nombre célebre en la hisy cobardes. Cuando el príncipe lo oiga, procure luego toria. ensalzarse el ingenio de varones ó jóvenes que se aven

CAPITULO XIV. lajen en algo y acusarse la torpeza ó la maldad de los

De la religion. que realmente las hayan tenido. En verdad, en verdad, podrá decirse, que Fulano no se ensoberbeció en el po Falla que hablemos ahora de la religion, de la cual, der ni se insolentó con las riquezas adquiridas; en ver- aunque ya se ha dicho algo, creo deber decir algo mas; dad, en verdad, que las riquezas ó haberes de Zutano pues nunca podrá recomendarse lo bastante el amor al n) dieron motivo á la bondad ni a la templanza, sino á la culto, ni pueden inspirar tedio cosas cuyo uso ha de ser crueldad, al deleite, á la soberbia. Si á renglon corrido saludable, principalmente a los que rigen los destinos se hace mérito del fin y celebridad que uno y otro tu de los pueblos. En primer lugar, entendemos aqui por vieron, ¿no es de esperar que sirva de mucho para exci- religion el culto del verdadero Dios, derivado de la pietar en el príncipe el amor á la virtud y el odio al vicio? dad y conocimiento de las cosas divinas, ó por mejor Reprende uno á su hijo con estas palabras:

decir , el vínculo que media entre Dios y nuestro enten

dimiento. Creo pues que la palabra religion puede deriNonne vides Albi ut male vivat plius ? utque

varse mejor del verbo religare, como dijo Lactancio, que Barus inops, magnum documentum me patria rem Perdere quis velit?

de religere,relegere y hasta relinquere, como han soste

nido autores de no menos peso. La supersticion es, por Sic teneros animos aliena opprobria saepe Absterrent vitiis.

lo contrario, un culto contrario á la religion verdadera

que lleva siempre consigo el error, la maldad y la locuBrotarán de este modo á cada paso centellas de amor á

ra, pudiendo consistir, ya en un nimio é importuno afan las virtudes y arderá en el pecho del príncipe una llama por adorar a Dios, nacido de temor y encogimiento, ya grande y duradera. Se procurará, finalmente, que entre

en ritos ó ceremonias destinadas á invocar el auxilio los niños compañeros del príncipe se promuevan debates del diablo, cosa que puede hacerse de dos maneras, ó fingidos con la mayor belleza y gracia posible, de modo bien pidiéndole con palabras expresas que nos ayude y que ni por ser fingidos se disminuya su gravedad y su nos manifieste de algun modo que está presente, o bien importancia, ni deje de ser un motivo de recreo ni pasa- deseando que nos dé facultades para curar las enfertiempo por ser ya demasiado grande elasunto y graves las medades y presagiar las cosas que exceden nuestras personas de los espectadores. Así cuenta Jenofonte que fuerzas. Es pues necesario advertir que con esto solo siendo Ciro muchacho se entablaban delante de él y imploramos el auxilio de un poder oculto mayor que siendo él parte una especie de procesos en que solo los el de los hombres. niños eran actores y jueces, reprendiendo y hasta cas No vamos a hablar ahora del impío culto tributado á tigando al que no se hubiese portado bien ó hubiese juz- los antiguos dioses, cullo que se extendió por casi toda gado malacerca de la cuestion propuesta. Estos debates la tierra y trastornó el juicio de innumerables naciones, sirven mucho para robustecer la memoria y procurar el hasta el punto de hacerles recibir en su olimpo homconocimiento de muchas cosas necesarias para un prín-bres decididamente malos y levantar templos hasta á los cipe, pues es sabido que lo que hemos recogido en nues séres irracionales, cosas todas por de contado comtros primeros años es lo que mas y mas tenazmente se prendidas dentro del nombre y del círculo de la supersarraiga en la memoria. Puede y debe versar la cuestion ticion. Deseamos que se haga religioso al príncipe, mas sobre la excelencia de las virtudes, sobre lo feos que no queremos tampoco que, engañado por falsas apason los vicios, sobre las leyes, costumbres é institucio- riencias, inenoscabe su majestad con supersticiones de nes adoptadas, ya para la paz, ya para la guerra. Hágase viejas, indagando los sucesos futuros, por medio de alque dosó tres muchachos hablen, ora en pro, ora en con- gun arte adivinatorio, si arte puede llamarse, y no mejor tra, y que uno como juez resuelva la cuestion dando el juguete de hombres vanos, pretendiendo curar las fallo definitivo que le aconsejen su razon y su concien- enfermedades, y sobre todo, evitar el peligro, ya con cia. Procúrese que los discursos sean correctos, flori- necios y pueriles amuletos, ya con versos mágicos, cosa dos y sembrados de sentenciosos conceptos, haciendo por cierto ilícita. No voy á presentar mas que dos ejemque los compongan los mismos niños si tienen ya cien- plos de nimiedad y tontería religiosas. Juan II de Cascia para ello, ó de no que lo corrija atentamente el profe- tilla, para calmar los ánimos de los grandes en Medina sor para que no se fije en la memoria del principe ni de del Campo , donde estaban reunidos, hizo jurar de nuesus compañeros nada que no esté conforme á los conoci- | vo á todas las clases del Estado que trabajarian cuanto mientos de la época y á las mas altas costumbres. Si se pudiesen para llevar a cabo la guerra que contra Ararepite este ejercicio y se toma con el interés que se requie-gon tenia , y denúnciarian á cuantos en sentido conre sin excusar molestia ni trabajo, no es fácil decircuán- trario trabajasen; añadió al juramento algunas execratos y cuán grandes y copiosos han de ser en breve los ciones, entre ellas la de que si violasen el juramento frutos que resulten de tan ventajoso y excelente méto- tendrian que espiar la falta pasando descalzos á Jeru

salen, sin pedir nunca que se les relevase de la fejurada. No hay aquí mas que una nimiedad inoportuna, pero es ya mas de sentir lo que sucedió á Martin Barbuda, maestre de la órden de Alcántara, que dejándose llevar de las palabras de un tal Juan Sago, que vivia apartado de los demás hombres y le prometia la víctoria como aviso del cielo, sin atender á que acababa de firmarse una alianza con los moros, reunida una gran multitud de tropa, pero indisciplinada, rompió contra las fronteras de Granada y circuido por todas partes de enemigos, pereció con todos los que militaban debajo de sus banderas, convirtiendo en negro y desgraciado el dia de la resurreccion de Cristo y dejando declarado con su noble y funesto ejemplo que hay muchas veces fraude en las formas de una santidad exagerada. No queremos, por lo tanto, que el príncipe preste fácilmente oido á esos hombres vanos, ni tampoco que pase dia y noche encogido y rezando, cosa que seria no menos lamentable. Debe llevarlo de modo que ni cuide mucho de lo futuro, ni ponga la esperanza de su salvacion mas que en la ayuda y misericordia divinas, ni llame para alivio de sus enfermedades mas que á los médicos, ni tome otras medicinas que las que estos le receten. Debe dividir además el tiempo de modo que no parezca haber nacido para el ocio, sino para el trabajo. Por lo demás, la verdadera religion es muy saludable, ya para todos, ya para los príncipes, pues sirve de consuelo en la desgracia, y en la prosperidad de freno para que no nos ensoberbezcamos y convirtamos la abundancia en daño propio. Oprímennos por todas partes graves cuidados, graves calamidades cercan nuestra vida, y no tenemos una sola época en que estémos libres de dolor y de molestia ni exentos de inquietud mi de congoja. Lleva el deseo agitada nuestra adolescencia, la ambicion y la temeridad nuestra juventud, las enfermedades y la avaricia nuestra vejez cansada. Aprémianos el miedo de la fuerza exterior, y cuando todo fuera de nosotros parece estar mas tranquilo, se levantan en nuestra alma mas crueles tempestades; cede el ímpetu de los males exteriores y arrecia la borrasca de amargas fatigas interiores; ay! y cuántas veces nos sentimos conmovidos y turbados sin saber por qué motivo. Seria cosa larga descender á pormenores, superfluo por demás explicar los infinitos trabajos que de continuo nos asedian. Mas puesto que no pueden evitarse del todo estos males por ser inherentes á nuestra naturaleza, es indudable que procura cada cual templarlos con algun remedio. Unos andan en busca de los deleites, otros procuran olvidar en la agitacion de los negocios su propia desventura, otros sobrellevan la vida corriendo por los campos, muchos pretenden explayar su alma comprimida en conversaciones con sus amigos, cosa por cierto la mas dulce; otros divierten el tiempo en la lectura. Todos, como si deseasen aplacaruna ardiente calentura, buscan fuera de sí el remediosin hacerse cargo de que está oculta la fuerza de la enfermedad en sus entrañas. Para tan grande ansiedad concebida en lo mas íntimo del alma no hay á la verdad mas que un remedio, y este es la religion, es decir, el conocimiento, el temor, el culto de la majestad Ml-ll,

divina. Nos recuerda la religion el antiguo crímen por el cual hemos sido precipitados á ese abismo de males y tormentos, y los sufrimos con mayor resignacion, pensando, por otra parte, en que la divina Providencia nos lo da para bien nuestro, á fin de que, tomados sin tasa los demas placeres de la vida, no degraden nuestra naturaleza, nuestra razon ni nuestro entendimiento. Añádese á esto la idea de una vida futura mucho mas feliz que la actual, y sobre todo, la de los diversos castigos con que son expiadas las faltas de los hombres, consuelo increible para los que sufren. Hemos nacido para la contemplacion de las cosas divinas, como manifiesta la misma disposicion de nuestro cuerpo levantado al cielo, y hallamos un admirable descanso en el cumplimiento de los deberes religiosos, en la contemplacion de la naturaleza entera, en la de la sabiduría y majestad divinas. No sin razon se cuenta que Enos fué el primer hombre que celebró las alabanzas del Altísimo; mas preciso es considerar que significando hombre aquella palabra hebrea, no se ha querido indicar con esto sino que nada hay tan útil ni tan agradable para nosotros como el cultivo de una religion divina. Viene comprendida en aquella misma palabra, no solo la idea del hombre, sino la del hombre afligido por constantes trabajos y males, interpretacion que si es admitida, nos manifiesta tambien que no puede imaginarse un remedio mas eficaz que la religion para consuelo de nuestras amargas desventuras. Gobiérnase además la república principalmente por medio del premio y del castigo, como manifiestan las cosas mismas y confirma el testimonio de grandes varones; en ellos como en sus cimientos descansa la sociedad y la union entre los hombres. Detiene muchas veces el temor del castigo á los que el brillo de la virtud no serviria tal vez de freno, y no pocas la esperanza del premio excita el ánimo para que no se entorpezca ni afemine. Estos medios empero no tienen nunca tanta fuerza como cuando vienen corroborados por la idea de la Providencia divina y la creencia en las recompensas y en los tormentos que despues de la tormenta nos esperan. El temor á los tribunales podrá impedir una que otra vez que se cometa públicamente un crímen; mas á no ser el recuerdo de Dios ¿qué podrá impedir que el hombre no se entregue á fraudes ni violencias ocultamente y en la sombra? Quitada la religion, ¿qué podria haber peor que el hombre? qué mas terrible y fiero? qué maldad, qué estupro, qué parricidio no cometeria cuando llegase á estar persuadido que quedarian sus crímenes impunes. Por esto comprendiendo los legisladores en su alta prudencia que sin apelará la religion habrian de ser vanos todos los esfuerzos, promulgaron sus leyes con grande aparato de ritos y ceremonias sagradas, trabajando con mucho ahinco para que se convenciese el pueblo de que los delitos hallan siempre mas ó menos tarde su castigo, y las leyes son mas bien hijas de Dios que fruto de la prevision y del saber humanos. No por otro motivo se fingió que Minos hablaba con Júpiter en la caverna de Creta, y Numa recibia de noche las inspiraciones de la ninfa Egeria. Procuraban á la verdad obligar á los ciudadanos á la obediencia, no solo con el poder de que gozaban, sino conla religion que 34

existia ya en el fondo del corazon de todos. El célebre de sus familias. Con razon pues los primeros fundado,

res gia para engañar á pueblos sumidos aun en la barbarie mento de la felicidad pública y castigaron, ya con el que una cierva acostumbrada ya de tiempo á acercársele destierro, ya con la muerte , a los que miraban con al oido le comunicaba lo que debia hacer por orden de desprecio el culto de los dioses, pues no creian que pulos dioses. Son verdaderamente estos recursos necios; diese ser feliz una república en que quedasen impunes mas es indudable que apelaron á ellos justamente por los hombres impíos y malvados que habian de inficiohaber comprendido que ni es fácil que los hombres vi- nar por fuerza a los demás ciudadanos y encender la van en sociedad, sin leyes ni que las leyes ejerzan sin cólera de Dios con sus infames y detestables hechos. Y el auxilio de la religion una influencia decisiva. Pre no se contentaron con prescribirlo de palabra, pues tender borrar la religion entre los hombres seria que dieron de ello ejemplo frecuentando los lugares sarer quitar el sol al mundo, pues no reinaria mejor con- grados y ejecutando por sí mismos las ceremonias relifusion ni habria mayor perturbacion en los negocios giosas, ya privadamente, ya en público, hasta el punto que si pasásemos la vida en profundísimas tinieblas. de llegará ser en las mas de las naciones reyes ysacerdoSi no hubiese para nosotros Dios ni creyésemos que tes, como nos lo indican muchos monumentos históricos toma parte alguna en los negocios del mundo, ¿qué antiguos. Aun pasando por alto á los que gobernaron fuerza tendrian las relaciones entre los hombres, ni las el pueblo judío , sabemos que los principes romanos alianzas que verificasen, ni los contratos que hiciesen? no hicieron nada sin consultar antes los agüeros, que Estamos compuestos de cuerpo y alma; al cuerpo pue muchos abdicaron el imperio, y otros renovaron los de hacérsele fuerza y aprisionarle y encadenarle; mas comicios solo porque así creian haberlo mandado los al alma , que goza de una libertad completa, ¿con qué dioses que adoraban. Se dirá que esto era una necedad cadena sino es con las de la religion podrá impedirse y lo confieso, pues nada puede baber mas torpe que la que se precipite á la maldad y al crimen? Hay en el religion pagana; mas tambien sostengo que obraban corazon del hombre muchísimos dobleces, y será tan en esto prudentemente, porque no confiaban el éxito fácil que prometamos como que faltemos á la palabra de sus empresas al capricho de la suerte, antes bien cuando hallemos para ello coyuntura, si no estamos creyendo que todo se gobernaba por la voluntad de firmemente persuadidos de que cuida el cielo de casti- | Dios, le consultaban, así para los negocios de la paz cogar y vengar nuestros delitos. Pruébalo el consenti mo para los de la guerra, y estaban mas dispuestos á miento universal de todos los pueblos que no creen hacer esta con sacrificios religiosos que con la fuerza asegurados los pactos entre los hombres si no los ven de las armas. No seguian en esto el ejemplo de Nums, confirmados con la santidad del juramento, ni los pac- quien, diciéndole uno, los enemigos de Numa estáa tos públicos sin ofrecer los acostumbrados sacrificios. preparando la guerra contra tí; y yo ,'contestó, estog No por otro motivo pertenecia antiguamente al fecial ofreciendo sacrificios ; indicando con estas palabras declarar la guerra con el heraldo al enemigo; no porque las fuerzas de los contrarios mas se debilitan con el otra razon el caduceador acostumbraba á sacrificar una ayuda de Dios que con la punta de las flechas y las lanpuerca cuando pasaba á concluir la paz entre pueblo y zas. Dios pues favorece á los buenos y es enemigo de pueblo; no por otra razon se procuraba santificar con los impíos, y el valor con que se alcanza la victoria es ceremonias sagradas el matrimonio, el nacimiento de otro beneficio que solo á Dios debemos. En España telos hijos, todos los actos algo importantes de la vida, nemos aun de mas reciente fecha otro ejemplo semeEn el capitolio la fe estaba consagrada junto á Júpiter jante, que no es menos notable. Cuando se estaban y adorada con gran fervor y celo; y es evidente que echando los cimientos de nuestro imperio actual, descon esto no se quiso dar a entender sino que la fe es pues de la invasion sarracena , Fernando Antoliner tan querida de Dios, que quiere vivir unido con ella y permaneció en el templo para implorar el favor divine ser con ella objeto de igual veneracion y culto. De durante la batalla que tuvo con los moros en Gormaz jadas empero a un lado estas cosas que no ofrecen la Fernan García, conde de Castilla , que apenas habia menor duda, tales como que con la religion se endulzan sabido la llegada de los infieles les habia salido al enlos dolores de la vida, que con ella se sancionan las leyes cuentro, cogido de un repentino temor, con el objeto públicas y los contratos de hombre á hombre, vayamos de libertar a sus pueblos del furor de los mfieles. Cuár á lo que es principalmente el objeto de este artículo. agradable fuese esta piedad á Dios lo manifestó un miNo hay para mi cosa que robustezca mas los imperios lagro evidente, pues en aquella jornada peleó con tatque el culto religioso, ora considere la cosa en sí mis to valor entre los mas bravos un genio del bien, muy ma, ora atienda á la opinion pública, en la cual des parecido en la forma á Antolinez, que á este principalcansan muchas veces las cosas de la vida mas que en el menle se atribuyó la victoria de aquel dia ; creencia poder y en las fuerzas materiales. Nadie duda de que la confirmada por las recientes manchas de sangre que humanidad está gobernada y dirigida por la inteligen- aparecieron en sus armas y caballo. Descubrióse descia de Dios, y si hemos de ser consecuentes, no pode- pues la verdad del hecho, y Antolinez, que se ocultaba mos menos de creer que ha de ser aquella favorable á por temor de verse afrentado, ganó mas á los ojos de los buenos , contraria á los malos, vengadora eterna de todos en virtud, fué mas ilustre, y recogió en vez de los conatos impíos de los hombres, amante fervorosa ignominia las mayores alabanzas. Tal fué el fruto de de cuantos imploren su ausilio con sincero culto y puras su singular piedad, sin que podamos atribuirlo á fipraciones , dejando á su voluntad su propia suerte y la bula ni á deseo de aparentar milagros, pues ha sido

escrito y atestiguado por nuestros antepasados, que cierto y el mas constante apoyo para todos los negocios toman de esto motivo para dar a conocer que Dios tie de la república, no admitas otra religion que la cristiane muy en cuenta la religion y la virtud de los hom na, ni permitas que la adopte ninguno de tus ciudadabres verdaderamente piadosos.

nos, si no quieres ver castigada esta falta con calamiNo nos queda ya que hablar sino de cuánto sirve la dades públicas; porque nada hay mas aparente ni enreligion para procurar á los principes el amor de sus gañoso que las falsas religiones, nada mas disolvente súbditos y excitar en estos los deseos de servir á aque que dejar de adorar a Dios como le adoraron nuestros llos. Los pueblos creen generalmente que es superior padres. Evita toda clase de supersticion, ten por futiliá los demás hombres, y por lo tanto inaccesible á toda sima y vana toda arte que pretenda aprovecharse del injuria y asechanza, el que mas brilla á sus ojos con la conocimiento del cielo para indagar lo futuro, no emluz de la religion y el claro resplandor de las demás plees nunca en la ociosidad ni en la contemplacion el virtudes. ¿Quién pues se ha de atrever á oponerse al liempo debido á los negocios. Implora con puras y arque por su gran piedad creen firmemente que tiene á dientes oraciones el favor de Dios y de todos los santos, Dios por escudo? La reconocida bondad del príncipe principalmente de los que son nuestros tutelares ; aparconmoverá todos los ánimos y atraerá tambien hacia ta tu entendimiento del camino que sigan tus sentidos él la voluntad de todos. Circuido de la proteccion de y elévale á la contemplacion de las cosas divinas; freDios y de los hombres, estará entonces fuera de los aza cuenta los templos, guarda en ellos moderacion, silenres de la suerte y podrá arrollar y vencer todo género cio; viste en ellos con modesto traje para que te tomen de dificultades. Conocieron esto los grandes principes, tus ciudadanos por modelo, procura que no profanen y cuidaron principalmente de la religion, hicieron la casa de Dios con imprudentes cuchicheos, con immas, ejercieron con sus propias manos el ministerio pudentes carcajadas, con hechos lascivos, que seria aun sacerdotal, ofrecieron con sus propias manos y con so mas triste y repugnante; ve que en vez de alcanzar el lemnes ritos cruentos é incruentos sacrificios. Por esto patrocinio de Dios, que es á lo que se aspira, no se llaen las historias divinas y profanas llevan los príncipes y me la cólera de Dios sobre tu frente y la frente de tu los legisladores el título de sacerdotes y pontifices, por pueblo. No porque estés sin testigos faltes nunca á lo esto Hesiodo supuso á los reyes descendientes del Pa que te exige la conciencia; ten horas determinadas para dre de los dioses, por esto Homero á los héroes que pensar con Dios, para pensar contigo, ya en tu gabinete, mas quiso inmortalizar les fingió queridos especialmen ya en tu lecho; considera todos los dias la enorme carga te de ciertos dioses, suponiendo siempre que estaban que pesa sobre tus hombros y las faltas que llevas comebajo la tutela y salvaguardia de las divinidades á que se tidas; examina atentamente lo que has de enmendar y mostraban mas afectos. Sabemos que Escipion, llamado corregir mañana. Te servirá de mucho ese cuidado para el Africano, acostumbró á frecuentar el capitolio y los que gobiernes bien tu vida, para que gobiernes bien tu templos de Roma, y que con este celo religioso, ya sin imperio. Debes, por fin, portarte de manera que todos cero, ya acomodado á las circunstancias de los tiempos, comprendan que nada hay mejor que la religion , que alcanzó entre los ciudadanos una gran fama de probi es la que nos instruye en el culto del verdadero Dios, dad y se conquistó un nombre inmortal por sus haza refrena nuestros deseos, suaviza los dolores y trabajos ñas. Podria citar muchísimos ejemplos de otros que de la vida, da fuerza á las leyes, conserva las sociesiguiendo las mismas huellas consiguieron una gran dades humanas, procura el cumplimiento de los congloria y riquezas no menores, mas deseo yą poner fin tratos hace agradables los principes á Dios y á los homá mi discurso.

bres, les colma de bienes, les proporciona una gloria Ten pues, ¡oh dulcísimo príncipe! por firme y se

inagotable, eterna. guro que en el cultivo de la religion se encierra el mas

LIBRO TERCERO.

CAPITULO PRIMERO.

sobre ellos pesan con honradez y rectitud de costume

bres de modo que resistan a la fuerza del dinero, del, De los magistrados.

deleite y de ardientes y exagerados deseos , cosa inJuzga el pueblo felices á los que disfrutan del poder asequible si todos los agentes del gobierno á quienes viéndoles nadar en la abundancia y los placeres, que es cstá confiada alguna parte de la república y todos los lo que tienen en mas los hombres, pero yo los tengo empleados de palacio no llevan mucha ventaja á sus por los mas desgraciados de todos, pues sé que bajo la mismos compañeros, á los ciudadanos y á todas las clases púrpura y el oro se esconden muchos y graves cuida- | del Estado. dos, que sin cesar les sirven de tormento. Lo que en ¡Cuán triste y pesada es por cierto la condicion del cuentro mas difícil es que puedan llenar los cargos que que gobierna! Evitar las faltas propias son muchos los

que lo alcanzan , pues nos sentimos inclinados á ello mismo modo que si estuviesen ála vista de todo el mun. por la influencia de nuestra voluntad y la naturaleza do. Si entre los empleados de palacio saliese alguno de nuestra alma ; pero enfrenar los deseos de los de- | muy leal, deberá destinársele solo á los negocios y al más, sobre todo cuando hay tanta corrupcion y es tan servicio particular del príncipe, no confiándole nunca crecido el número de empleados, es ya mas que de ningun cargo importante de gobierno, pues muchas hombres, es ya mas un don del cielo que un resul cosas que podrian tambien encargarse á criados fieles tado de nuestra propia industria. En todos tiempos ha deben ser confiadas á otros para evitar la murmuracion habido príncipes que se han hecho acreedores á gran- y el vituperio. Conviene además tener en cuenta su des elogios, no tanto por sus virtudes como por la in- orgullo, no sea que con la mucha libertad se hagan arrotegridad de los que les han servido; mas en todos tiem- gantes y se insolenten con los súbditos, cosa que es uno pos tambien ha habido monarcas manchados con toda de los mayores y mas temibles daños. Por esto se hiclase de torpezas que se han atraido el odio de los pue- cieron precisamente tan odiosos los nombres de Poliblos, menos por su culpa que por la de sus magistra- creto, Seyano y Palantes en el antiguo imperio, y los dos y servidores. Han sido estos, sin embargo, cri de muchos empleados de palacio en nuestros tiempos minales , pues no han puesto el cuidado que debian en y en los de nuestros padres. Los que deben estar en la eleccion de sus ministros y demás empleados, y no compañía del príncipe son los que pueden llegar a ser han implorado nunca para ello el favor de Dios, que esclarecidos capitanes é incorruptibles magistrados; no les hubiera fallado en cosas tan necesarias si lo mas mientras no se les haya confiado ningun cargo de hubiesen solicitado con oraciones puras y fervoroso la república, no debe consentirse en que se arroguen celo.

las facultades de otros, y se ha de hacer, por lo contraHemos hablado ya mucho en el libro anterior acerca rio, que se contenten con obsequios domésticos y con de las virtudes del príncipe; hemos de discutir ahora la gracia de su príncipe. A mi modo de ver , esta grasobre la manera de gobernar la república, ya en tiempo cia debe distribuirla el rey entre muchos, sin permitir de paz, ya en tiempo de guerra, sentando reglas y pre que crezcan indefinidamente unos pocos, cosa que raceptos que han de servir mucho para su defensa al ras veces deja de producir daños y trastornos, y excita principe el dia en que llegue á coger las riendas del go la envidia y la sospecha de muchos, y sirve mas bien bierno. Debemos ocuparnos ante todo en examinar para viciar y robustecer las virtudes de los reyes. Ni quiénes son sus ministros y llamar la atencion del prín- aun cuando se esté seguro de la honradez de ciertos cipe sobre un punto tan importante con abundancia de hombres, se les debe favorecer de modo que vayan garazones y de ejemplos. Con respecto á los empleados nando ilimitadamente y con exclusion de los demás el de palacio, basta un solo precepto, y es que de entre corazon del príncipe. Sancho de Castilla, llamado por toda la nobleza se elija á los que se distingan por su sobrenombre el Deseado, al morir, en el año 1158, conhonradez, su ingenio, su prudencia , su grandeza de

fió la educacion y tutela de su hijo Alfonso á Gutierrez alma y su rectitud en obedecer al principe, procurando de Castro, uno de los mejores y mas insignes varones alejar cuidadosamente de palacio y sobre todo privar de su tiempo. Los infantes de Lara, cuya voz y auloque se familiaricen con el que ha de ser rey un dia ridad eran poderosas en las Cortes del reino, se crehombres de perverso carácter , jóvenes entregados á yeron injuriados con el hecho, y vejaron por largotiem. todo género de excesos, personas viciosas que con su po la república haciéndola casi servir de presa y juejemplo y su influencia podrian alterar la buena con guete. Y si esto acontece tratándose de un hombre dicion del que es la esperanza de su patria. No es po- bueno, bajo cuya sombra habia crecido el mismo Rey, sible que el pueblo tenga en buena opinion al hom- qué no habrá de suceder tratándose de hombres malos bre cuyos criados se entregan a toda clase de in- o por lo menos sospechosos que estén muy unidos con famias; así que estoy en que es preciso examinar la vi el príncipe? da y las costumbres de los que van propuestos como En elegir á los ministros y en nombrar magistrados empleados antes que se les admita para compañía y debe ponerse aun mayor cuidado, es decir, todo el cuie servicio del príncipe, á no ser que ya desde sus prime- dado que exige la grandeza y la importancia del asunros años hubiesen despuntado por sus buenas prendas.to, pues si se procede sin lino, y se ponen al frente de Está envuelto el carácter de cada cual debajo de mu los negocios públicos hombres indicados por la suerte chos pliegues y como encubierto por un velo; la frente, ó el capricho, es indudable que estos considerarán la los ojos, el semblante y mas que todo las palabras se república como su presa, y saldrán falseados los juicios, prestan mucho á la ficcion y á la mentira. Podrá acon y no podrán reprimir las maldades la fuerza de las leyes, tecer que despues de admitido un hombre en palacio falseadas á cada paso por la violencia, el favor, la intise manifieste muy distinto de lo que su fama decia, no ga y el dinero. No mirarán aquellos sino por sus iutera pudiendo menos de corromper sus costumbres en me ses, y los fomentarán con daño y mengua de su princidio de tanto libertinaje como hay en las casas reales; y pe. Yo no confiaria ningun cargo de gobierno á nadie cuando tal suceda, convendrá dar á este hombre un des que no fuese antes proclamado al pueblo, para que cada tino que le obligue á salir del alcázar regio, a fin de que cual tuviese derecho de revelar sus faltas, como hacia con su depravacion no le inficione, pues el palacio ha en Roma Alejandro Severo, príncipe de esclarecida itde venir a ser una especie de templo sagradísimo, aje- dole, insiguiendo una costumbre introducida por be no de todo contagio, y esto puede muy fácilmente alcan cristianos. ¿Por qué no han de poder practicar hoy nueszarse con que los criados del príncipe se porten del tros reyes lo que practicó un emperador que, aunque

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