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var la salud pública. Resucitarán de nuevo en el pecho que nada menos que su principe va al campo entre de nuestros valientes las antiguas virtudes militares, el polvo y el peligro por la salud de la república. A los extinguidas mas bien por culpas de los tiempos que ojos del príncipe cada soldado arrostra los mas graves por culpas de los hombres; será nuestro nombre, co peligros, y llega hasta juzgar impío dejar de emprender mo en otro tiempo, el terror de vecinas y apartadas re ningun trabajo ni de derramar su sangre por un monargiones, y reprimida la audacia de nuestros enemigos, ca tal y por su patria. Las dificultades que se ocurren aumentarémos nuestra riqueza y dignidad y extenderé en la manera cómo se ha de llevar la guerra se resuelmos hasta donde quepa nuestro vasto imperio. Ojalá ven con facilidad estando el príncipe presente; ausente nos concedan algun dia los cielos que nuestros prín- él, ¿cuántas veces ha pasado ya la oportunidad de cipes sigan mejor camino, y desplegando fuerzas pro- obrar antes que hayan podido resolverse ? Las dificalporcionadas al mando, seamos mas felices, apiadado tades de la guerra son siempre del momento. ya el cielo de nuestros errores y peligros.

Podria decir sobre este punto mucho mas, pero creo

mas oportuno trasladar las palabras del eminente filóCAPITULO VI.

sofo Sinesio al emperador Arcadio. «Las palabras, dice, El principe debe hacer la guerra por sí mismo.

que salen de boca del rey despues que ha dejado su pa

lacio le familiarizan con sus soldados, que llegan á ser Llevo ya dichas sobre la guerra muchas cosas, que no entonces sus amigos y le constituyen, apenas ha bajado podrán tal vez merecer la aprobacion de nuestros hom al campamento, inspector y juez de hombres, armas y bres de Estado; mas creo aun deber añadir dos reglas, caballos. Habla con el jinete sobre las condiciones delarque no por apartarse del sentir del vulgo ni por dejar ma de caballería, y con el infante sobre la velocidad, de ser conformes á nuestras actuales costumbres, son viste sus armas con los que van armados, embraza el menos útiles y saludables para los individuos y los pue- escudo con los que lo embrazan, dispara con el flechero blos. Recorriendo la historia desde los mas remotos dardos, y comunicados así los trabajos de uno y otro, forpueblos, observo que cuando se las ha seguido ha flo ma en torno suyo una especie de sociedad llena de vida. recido la república y abundado en todo género de bie Nace de aquí que no parezca hacer burla de ellos cuannes, y cuando se las ha violado, ha venido á una com do llama á sus soldados camaradas, pues corresponden pleta ruina. A mi modo de ver, debe el príncipe, al ir á las palabras á los hechos. Pesado será tal vez el trabajo estallar una guerra, ceñir su espada y salir en busca de que te encomiendo, mas créeme, el cuerpo de un reydesus enemigos; á mi modo de ver, sus ejércitos deben be ser superior á la fatiga, y es ya cosa natural que el estar siempre compuestos de sus propios súbditos, y que se acostumbra á ella sienta mucho menos la molestia nunca de extranjeros. Puédese á la verdad en esto pecar que produce, principalmente cuando contribuyen tanto por ambos extremos, pues ni conviene que pase todo á suavizarla los aplausos de muchos ciudadanos. El rey el tiempo en los campamentos ni que se exponga conti pues, bien ejercite su cuerpo, bien recorra simplemente nuamente a los peligros el hombre de cuya vida depen- el campamento, bien vaya armado, bien sin armas, está den todas las clases del Estadoy la salud de todos; ni siempre como en un teatro, rodeado de una muchedumnegaré, pues es innegable, porque está confirmado por bre inmensa que constantemente tiene en él fija la miramuchos ejemplos antiguos y modernos, que en diferen da. Todo lo que hace á la luz del dia no solo merece el tes ocasiones fueron llamados á la sombra de nuestras aplauso popular, sino que anda pronto en cantos que rebanderas soldados de otras naciones. Sé además que suenan en todos los oidos. Nace además de esta famies de principes prudentes buscar en cada nacion el ar- liaridad y trato del rey cierto amor fuertemente arraima en que mas sobresale; en una la caballeria, la in- gado en el corazon de sus tropas, amor que es el mas firfantería en otra, en olra la destreza en tirar del arco ó me y poderoso apoyo. ¿Hay acaso en el mundo un pode la honda, á fin de procurar por todos los medios po der mayor que el que está escudado por ese amor del sibles la integridad de su imperio y la derrota de sus ejército o del pueblo? ¿Quién, ni aun entre los partienemigos; mas sé tambien que, como podrá ser esto culares, obrará con mas seguridad que un rey, por el ventajoso haciéndose con tacto y con medida, podrá cual temen los ciudadanos sin temerle? Una nacion ser perniciosísimo llevándolo, como se puede llevar, compuesta de hombres tales es imposible que deje avahasta el abuso.

sallarse fácilmente por ásperas palabras y sí solo por la Si el rey es débil y aborrece las armas, empiezan á familiaridad y la dulzura. Llámalos Platon guardas del tenerle en menosprecio, primero los soldados, mas tar reino, y los compara con los perros por tener estos el sude los ciudadanos todos, y es ya sabido que tras el ficiente conocimiento para distinguir siempre á sus amidesprecio viene el daño, pues la majestad de los reyes gos de sus adversarios. depende menos del poder y de la fuerza que de la opi »No hay ahora para qué decir cuán vergonzoso es que nion y el respeto de los hombres. Si, por lo contrario, los soldados no conozcan á sus reyes mas que por sus sale el príncipe á la guerra y sale á los campamentos,

retratos. Pero no son estas las solas ventajas que resulle veneran como un dios sus súbditos, ó cuando menos tan de este trato. Todo el ejército está compacto y unicomo un héroe superior al resto de los hombres, cor- do y forma un solo cuerpo. Los ejercicios militares ren con fervor al templo á rogar por su salud y su for vendrán á ser entonces como cierto ensayo y preludio tuna, muévense todos á su ejemplo á tomar las armas, de la guerra, y los meros simulacros servirán de estu“ juzga cada cual ilícito y vergonzoso permanecer en sus dio para las verdaderas luchas. Podrá el rey nombrar hogares y gozar en medio de los deleites cuando yen por su nombre al general, al teniente general, a los M-ll.

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jefes de escuadron y de cohorte, al simple soldado bárbaros proponiéndoles grandes recompensas. ¿Era raso, conocerá personalmente á ciertos veteranos, á acaso poco peligroso traer a las provincias del imperio quienes pueda confiar alguna parte de la administracion hombres de tan fieras naciones y tan distintos en idiomilitar con utilidad del agraciado y con ventaja públi mas, en costumbres, en instituciones y en el sistema de ca. Hace entrar Homero en batalla á cierto dios de los vida? ¿Cómo han de poder evitarse colisiones entre genaquens, y supone que da con su cetro en la cabeza de tes de diversas costumbres y diverso pensamiento? los jóvenes para inflamar mas y mas los ánimos á fin de Se sublevaron, y como era de esperar, fué despedazado que peleen con mayor impetu y no puedan dar tregua miserablemente el imperio que mas habia florecido; y á pié ni mano. ¡Qué otra cosa puede significar aquello la misma Roma, la señora del mundo, fué saqueada é de «están arrebatados de furia los piés, están arrebata- | incendiada, vejada de mil modos, débil juguete de la das de furia las manos, cuán á su placer se arrojan á la inconstancia de las cosas humanas, terrible ejemplo luchia !» Añádese á esto que llamando el rey á cada uno para que aprendan en él los principes cuán imprupor su nombre los enciende mas y mas por la pelea, dente es confiar la salud y la dignidad á gentes bárbaras haciéndoles mas efecto aquella palabra que el sonido

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fieras ! Mas séame tambien lícito trascribir sobre este de la mejor corneta. En la presencia del rey todos de punto las palabras de Sinesio al emperador Arcadio, sean distinguirse, cosa tan útil en la guerra como en la aunque algo largas. « Debe el rey, dice, familiarizarse paz, como nos demuestra el mismo Homero, que pinta á con sus soldados, mas principalmente con los que han Agamenon llamando por su nombre al simple soldado, salido de los campos y ciudades de las provinciassujetas y persuadiendo á su hermano de que los vaya llamando, al imperio, pues estos son los que han de defenderle

, no solo por sus nombres, sino por el de sus mayores y estos los que han de guardar la república y las leyes los honre á todos y no se deje llevar de su orgullo. Todo bajo cuya influencia se han desarrollado é instruido, lo cual no viene á ser mas que ir mentando á cada uno estos los que Platon ha comparado con los perros. lo bueno que hubiese hecho ó le hubiese acontecido. Guardese el pastor de unir nunca con esos perros á los ¿No ves pues cómo el gran poeta griego quiere que sea lobos, pues si aciertan á ser los perros débiles ó cobarcl rey panegirista hasta del último hombre de la plebe? des, es muy fácil que terminen los lobos por devorarles ¿Y quién viéndose alabado por un rey ha de perdonar ni á ellos, al rebaño y al pastor mismo. No debe el legisel mismo sacrificio de su vida ? Con el frecuente roce lador dar armas á hombres de quienes no tenga recibiconocerá además la vida y las costumbres de los solda- da ninguna prenda de amor, de hombres que no hayan dos y qué es lo que puede confiar al cuidado de cada nacido ni se hayan educado bajo sus mismas leyes. Es uno. El rey es artesano de guerras como el zapatero lo ya temeridad, no atrevimiento, entregarse á una jues de los zapatos , y si nos reiriamos con razon de este ventud extranjera que se ha educado en otra parte y porque ignorase los instrumentos de su arte, no deberia- vive sin leyes ni costumbres; es ya temeridad, no atremos reirnos menos del rey que no conociese á los sol- 'vimiento, dejar de conocer que con esto tenemos pendados, que son sus instrumentos.»

diente de un hilo sutil sobre la cabeza el peñasco de Este juicio de Sinesio debe de ser de tanto mayor Tántalo, pues los soldados extranjeros nunca dejarán peso cuanto que lo escribió por los tiempos en que el de aprovechar cualquier coyuntura que se les presente imperio romano bajaba precipitadamente a su ruina y para hacernos daño. Y tenemos ya sobre tan grave mal se hundió del todo, principalmente por la cobardía de tristes preludios, y sufren los miembros de la república sus principes, que confiaban á sus generales los cuida- como los del cuerpo. No cabe reunir miembros extraños dos de la guerra, temiendo que no habian de ser fe- con miembros naturales, y por esto los emperadores, lices, si abandonaban los muros de palacio. Tales eran prudentes lo mismo que los médicos, son de parecer las circunstancias de aquellos tiempos. Extinguido el que se corten y se eliminen de la república y del cuerpo

, genio militar de los romanos por los placeres y el nuevo si se quiere que los otros se conserven sanos. ¿Cuán aire que respiraban, corrompidos los pueblos á ejemplo grave mal no es ya que no tengamos dispuesto ejército de sus principes, y no acordándose mas que de pasar el alguno contra esa peste que nos amenaza, y licencie tiempo en los banquetes satisfaciendo su gula, dista mos, por lo contrario, á los demás para que sea mas ban mucho de pensar siquiera en los negocios de la cierta nuestra ruina? ¿No seria acaso mas oporlund guerra. Aconteció lo mismo con los reyes francos, que que para combatir á los escitas llamásemos á las armas cchados al fin de sus dominios, dejaron abierto el ca á todos los ciudadanos, haciendo que dejasen los labramino del trono á Pepino y á sus descendientes, en cu dores el arado y la azada, los filósofos sus escuelas, los yas manos estaba ya la administracion del imperio, artesanos sus talleres, y sus teatros la plebe? No seria gracias a la desidia y flojedad de aquellos principes; ni mas oportuno persuadirles a todos de cuánto importa cayeron tampoco por otro motivo los reyes moros de que dejen por algun tiempo sus negocios, antes no deba Córdoba, que vegetaban en sus palacios en medio della risa convertirse en llanto, haciéndoles ver que en ocio y del deleite, delegando los cuidados de la guerra nada es indecoroso manifestar sus fuerzas y que el vaá sus hadgibes, que eran los verdaderos reyes. Tuvie lor militar ha sido siempre propio de la sangre y tinaje ron el mismo tin que los romanos los que quisieron de los hijos de Roma? Cuando sabemos que, ya en la se, imitar sus vicios.

pública, ya en el hogar doméstico, la lucha es para el En Roma empero se incurrió aun en otro error no varon, para la mujer el cuidado de los negocios intemenos lamentable. Llamaron para las guerras que te- riores, ¿cómo hemos de poder consentir en que se conian en muchas partes á los soldados extranjeros y á los tie á extranjeros precisamente el desempeño de las lucha

ciones que nos constituyen hombres? ¿Puede ya darse valor, de menos generosas prendas, Dícese que es difialgo mas vergonzoso que poner en manos ajenas los cil arrojar ya de nosotros tan inmundas heces; mas cargos mas varoniles, los mas altos puestos de la mili- créeme, menguará la dificultad si aumentas el número cia? Yo a la verdad no podria menos de sonrojarme si de tus soldados, si excitas el valor de los romanos, si te esos escitas saliesen muchas veces vencedores de nues- dejas caer con impetu y con grandeza de alma sobre tros enemigos; y entiendo, cosa que no ha de negar este aluvion de bárbaros. No les quedará entonces otro quien tenga uso de razon, que si varon y mujer no recurso que cultivar nuestros campos ó marcharse por cumplen cada cual con los deberes propios de su sexo, donde vinieron, y anunciarán á cuantos habitan mas ha de suceder forzosamente que en un momento dado allá del Istro que no es ya fácil poner los piés en los se crean los escitas dueños de la república por tener las dominios de Roma, que hay ahora en ellos un emperaarmas, y los que nunca las han manejado se vean pre- dor noble, jóven y esforzado, capaz aun de castigar á cisados, si quieren salvar su libertad y su honor, á batir- los que los han invadido hasta ahora impunemente.» se con hombres que tienen por profesion ese mismo Esto y algunas cosas mas, que en obsequio de la breejercicio de la guerra. Antes pues que esto suceda, de vedad omitimos, escribió Sinesio al emperador Arcabemos recobrar el valor de los antiguos romanos y dio cuando hubo tomado las riendas del gobierno desacostumbrarnos á vencer por nosotros mismos, sin en pues de la muerte del gran Teodosio, consejos todos trar en relaciones con los bárbaros. Privemos, en primer que, si se hubieran considerado seriamente, hubieran lugar, a los extranjeros de los empleos y honores que con sido bastantes para detener por mucho tiempo, con rem gran mengua nuestra les han sido dados, honores que medios oportunos, la caida de aquella gran república. entre nosotros eran estimados en mucho. Creo que Dieron entonces los bárbaros algunas treguas; mas luehasta deberiamos velar la faz de Temis, que preside el go, tomadas otra vez las armas, invadieron las provin. Senado, y la de Belona, que preside la guerra, para que cias del imperio y no pararon del todo hasta verlo del novieran que es hoy jefe de los que visten la clámide un todo vejado y humillado, devastadas casi todas las na. hombre que lleva aun su capa de pieles, ni le oyesen ciones que lo componian. Lo pasado no es ya suscepti. deliberar sobre los altos negocios del Estado cerca del ble de mudanza, esta es, como sabemos, una de las mismo cónsul, lejos del cual están hoy sentados los que tristes condiciones de la naturaleza humana; mas yo mas merecian esta honra. Viste este jefe la toga para me daria por satisfecho con que, escarmentando en ir al Senado, y no bien ha salido de él, cuando volviendo cabeza ajena, siguiéramos una política mas saludable á tomar sus pieles, hace burla entre los suyos de ese para los negocios de la guerra. No pretendo que se retraje romano, considerándolo incómodo para manejar la chace del todo de nuestros tercios á los soldados extranespada. Tenemos grandes ejércitos, y no sé por qué fa- jeros, pues sé que en nuestros tiempos no puede haber talidad han venido al imperio romano jefes intrusos de un ejército bueno y poderoso que no esté compuesto ese linaje de bárbaros que gozan de grande autoridad, de soldados de distintas naciones. Sobresale una nacion no ya entre los suyos, sino hasta entre nosotros. Nace en tirar el arco, otra en manejar el caballo, otra es mas este mal de nuestra propia desidia, y si no queremos fuerte para venir á las manos y pelear cuerpo á cuerpo que se agrave, hemos de temer mucho que no se vayan con la espada. El príncipe prudente recoge tropas de con ellos nuestros esclavos, pues pertenecen a esa mis una y otra y aprovecha esa misma diversidad de puena raza. Hemos de prevenir el peligro, hemos de lim blos para sostener una noble emulacion entre sus solpjar nuestros campamentos del mismo modo que lim dados. Pretendo sí que el príncipe debe emplear las piamos el trigo quitando la cizaña. ¿Será esto tan difícil fuerzas extranjeras de modo que tenga puesta su mayor cuando los romanos aventajan á los escitas, no solo en esperanza en el amor y en las armas de los suyos. Sir. ingenio, sino en valor y fuerza? Herodoto nos decia ya vannos de prueba muchos y graves ejemplos de calaque los escitas eran cobardes, y así lo ha confirniado la midades ajenas; no debemos confiar nunca en los exexperiencia; en todas partes tenemos esclavos de esa tranjeros hasta el punto de que no tengamos en nuesfaza. Sin patria, sin hogar, arrojados del país en que tro campamento mas apoyo y fuerzas propias que exnacieron, bajaron en nuestros mismos tiempos al impe- trañas, como viene a decirnos Tito Livio haciéndose Rio

, no como conquistadores, sino como suplicantes, y cargo de hechos semejantes. Voy ahora á terminar dinos dieron en cambio de nuestros sentimientos de hu ciendo que no sin razon se pinta la justicia con una manidad para con ellos el pago de todo beneficio que espada desnuda en la mano, y ni sin razon se la pone Se olvida. Hicieron pagar caro el error á tu padre, y vol entre Marte y Minerva. Quiso con esto indicarse que la vieron otra vez con sus mujeres á rogarle que fuese con justicia necesita principalmente para su guarda de la ellos benigno. Tu padre los levantó por segunda vez, sabiduría y de las armas, y es para mi indudable que les dió armas, les confirió los derechos de ciudadanos, si existieran ambas cosas, cumpliria mucho mejor con los liizo participes de todos los bienes del imperio, les el cargo que pesa sobre sus hombros. Es claro que en dio hasta una parte de la propiedad romana. Sirveles un imperio tan dilatado no puede asistir á todas las ahora, esa humanidad de tu padre para que tengan oca guerras, mas debe procurar con mucha maña que no nion de reirse de nosotros, sin que esto sea aun lo peor se promuevan muchas á la vez, que no se acometa uno que nos sucede. Pueblos que confinan con ellos y son sin tener antes vencidos á los otros, y habiendo á la diestros en el manejo de armas y caballos bajan á nues vez guerras exteriores en países fronterizos y en natro imperio con iguales esperanzas, no tolerando que ciones remotas, ha de entender en las primeras por si, Nolesniegue lo que hemos concedido á otros de menos ha de confiar las otras á sus generales.

CAPITULO VII.

no pueden emplearse sino para el caso en que se nos De los tributos.

venga encima una guerra ó tengamos que llevar nues

tras armas a otro pueblo. Nuestro cuidado principal Disminuidos los gastos de la guerra, como queda di y mayor debe consistir, como hace poco se ha dicho, cho, habrá lygar para aliviar á los ciudadanos abru en que estén nivelados los gastos con los ingresos y mados ya por los impuestos y procurar que no de vayan entrando las rentas á medida que vaya habiendo ban inventarse todos los dias nuevos tributos, cosa necesidad de verificar los pagos, á fin de que la repúque no debe hacerse nunca sin grave molestia y per blica no se vea envuelta en mayores males por no poder juiciode los pueblos. No conviene de ningun modo al satisfacer puntualmente sus obligaciones. Si los gastos príncipe tener enajenadas las voluntades de sus súb de la Corona llegan á ser mucho mayores que los triditos. En nada se gasta tanto, ora se deba admiuistrar bulos, el mal será inevitable; habrá todos los dias nejusticia á los pueblos, ora pagar del erario público á cesidad de imponer nuevos tributos y se harán sordos los empleados, ora remunerar á nacionales y extran los ciudadanos y se exasperarán los ánimos. De mucho jeros, segun sus méritos, ora cubrir las atenciones podrá servir para aliviar el mal que, vengan de donde de palacio, aunque crecidísimas, como se gasta en las quiera las rentas, no menguen por la maldad de ciercosas de la guerra , bien se haya de defender la patria, tos hombres que conocen todos los medios para adqui'bien retirar la frontera del imperio. ¡Qué de tesoros rir dinero, y po reparan en fraude alguno para alcanno se han de invertir! El mas rico erario es fácil que se zarlo, bien sean asentistas, bien recaudadores, peste agote. Si empero los grandes y las ciudades pagasen su la mas terrible que puede llegar á imaginarse ¡Cuán escote suministrando armas y caballos y se adoptasen triste no es para la república y cuán odioso para los otros medios para que los ciudadanos corriesen á la buenos ver entrar á muchos en la administracion de sombra de nuestras banderas, no hay para qué decir si las rentas públicas, pobres, sin renta alguna, y verlos menguarian los gastos de la Corona. Es, por otra parte, á los pocos años felices y opulentos! ¿Por qué no se les mas pesado para los pueblos satisfacer una cantidad habia de exigir que diesen una cuenta exacta de su timenor por via de tributo que gastar otra mucho ma queza , quitándoles cuantas no tuviesen un origen justo yor en los campamentos, donde puede usar de ellas á su manifiesto? Romeo, aunque extranjero, admitido en antojo; y lo es aun mucho mas que quitándoles sus la confianza de Ramon, gobernador de provincia, en. antiguas inmunidades, se les reduzca á ser simples tri contró medios legítimos con que triplicar las rentas, y butarios del Estado.

viéndose al fin acosado por los criminales y llamado á Debe ante todo procurar el príncipe que eliminados dar cuentas, se contentó con vengar el ullraje que le todos los gastos superfluos, sean moderados los tribu hicieron retirándose con la misma alforja y cayado que tos; debe atender principalmente á que, como aconse habia venido de Santiago, sin que nunca haya podido 'jan todos los hombres que desean conservar su hacienda, saberse ni de dónde procedia ni á dónde pasó á conya que no sean menores los gastos públicos, no sean cluir los dias de su vida. Si tuviésemos en nuestros mayores que las rentas reales , á fin de que no se vea tiempos unos pocos Romeos, no estaria de seguro tan nunca obligado á hacer empréstitos ni á consumir exhausto el erario. las fuerzas del imperio en pagar intereses que han de Procure además el príncipe que hombres ociosos con crecer de dia en dia. Evite aun con mayor cuidado la el vano título de diseñadores, cronistas y sacerdotes de fatal costumbre de vender por una cantidad alzada las cámara cobren pingües sueldos anuales haciendo servir rentas de un año, adjudicándolas á ricos capitalistas; la república de presa y juguete, y sin que le dén en cam

guarde para sí mismo la ley que, segun Aristóteles, se bio utilidad alguna. Procure que los grandes no inva'observaba antiguamente en muchas ciudades, por la dan codiciosamente la república ni puedan entregarse cual se prohibia que nadie vendiese su herencia por di con ella privadamente á gastos excesivos. Es muy digna nero. Recuerde tambien otra ley muy célebre que se de alabar en esto la conducta de Enrique III de Castilla, atribuye a Oxes: «Nadie puede recibir dinero á interés rey de mucha grandeza de alma y de una prudencia sudando su propiedad ni parte de su propiedad en hipo perior á sus años, que supo rescatar con un solo hecho teca.»

las rentas ocupadas por los proceres del reino. Era auh ! Dividense las rentas reales en tres partes: las que menor de edad cuando residia en Burgos, ciudad de proceden de sus bienes patrimoniales, cobradas parte Castilla la Vieja, donde acostumbraba á divertir el tiemen dinero, parte en fruto, están destinadas al sustento po en la caza de codornices. Un dia volvió á palacio muy * de la familia real y á la conservacion de todo el tren y tarde rendido de cansancio y de fatiga, y viendo que servidumbre de palacio; las que proceden de los tri nada habia dispuesto de que él comiese, interrogó sobre butos ordinarios, cualquiera que sea el motivo de su este punto á su mayordomo, de cuya boca tuvo que oir, existencia y los objetos sobre que gravitan, están des no solo que no habia dinero en palacio, sino que no hatinadas a la administracion regular del Estado, al pago bia ya ni crédito. Ocultó por de pronto el Rey el dolor de los empleados, á la fortificacion de las ciudades, á que esto le inspiraba, y mandó empeñar la capa y come la construccion de fortalezas y caminos públicos, al re prar carne de carnero, con la cual y las codornices que paro de puentes y calzadas, al sustento de las tropas llevaba tuvo que pasar todo aquel dia. Oyo mientras que sirven simplemente para la guarnicion del reino; las estaba comiendo que eran de mucho mejor condicio que proceden de los impuestos extraordinarios con que los grandes, pues todos los dias se daba unos a otros se grava á los pueblos en determinadas circunstancias i espléndidos banquetes y no cuidaban sino de rivalizir

á porfía en el esplendor y lujo de la mesa. Acertaba á los pobres dando con esto pié á nuevos y graves traslarse aquella noche una cena en casa de Pedro Tenorio, tornos, ni se permitiria que aumentasen excesivamente arzobispo de Toledo. Va de incógnito el Rey, ve que re- ! su poder y sus riquezas los que están ya opulentos, pues bosa todo de placer y de alegría , oye que concluido el aumentado el precio de los objetos de lujo, habian du banquete empieza a referir cada cual las rentas que per tener mucho mayores gastos. Son las dos cosas que cibe de su patrimonio y lo que retira todos los años de pretendemos evitar á cual mas perniciosas, como dejųlas rentas reales. Al dia siguiente, deseoso ya el Rey de ron probado grandes filósofos y su misma naturaleza vengarse, finge que está gravemente enfermo y que va indica. No por otra razon merece grandes elogios, ená hacer su testamento. Sábenlo los grandes y van pre tre los emperadores romanos, Alejandro Severo, jóven cipitadamente á palacio, donde son admitidos al instan de muy santa vida si hubiese abrazado la religion criste, dejando á la puerta sus criados como el Rey habia tiana. dispuesto. Pasan hasta muy tarde sin verle y empiezan Quisiera tambien que se observase la misma regla á admirarse ya de la tardanza, cuando se les presenta en los artículos extranjeros, sobre los cuales creo que pel Rey armado de punta en blanco y espada en mano. deben imponerse grandísimos tributos, ya para que sulQuedaron todos aterrados al verle, y él en tanto, mani ga menos numerario del reino, ya para que con la esfestándose lleno de ira, les pregunta con torvo semblan peranza del lucro viniesen á España los que los fabrite cuántos reyes han conocido en Castilla. Contestan can, con lo que se aumentaria la poblacion , tan útil

unos que dos, otros que tres, otros que cuatro, segun para aumentar, ya la riqueza del principe, ya la de todo , la edad que cada cual tenia ; y Enrique, ¿cómo puede el reino. „ser cierto, replica, cuando yo siendo tan jóven he co Deben, por fin, los reyes no ser pródigos en hacer nocido ya mas de veinte ? Admirábanse todos de oirle mercedes ni en decorar su palacio, si no quieren agotar y tenian en suspenso sus ánimos esperando adonde iria la misma fuente de su liberalidad, que es el erario púá parar con sus palabras, cuando, vosotros, vosotros to blico. Han de encaminarlo todo al esplendor y grandos, les dijo, sois los reyes; habeis ocupado mis forta deza del imperio , sin consentir en que se les pueda lezas y mis tesoros y me habeis dejado un nombre vano, tachar jamás de avaros ni de mezquinos; procediendo me habeis dejado la pobreza y la miseria. ¿Hay acaso con tino y cuidado y dejando de ser dadivosos con los motivo para que os sirvamos de juguete? Mas yo pon- que no lo merecen , podrán mirar indudablemente por dré freno á vuestra audacia haciéndoos saltar á todos su dignidad y buen nombre sin necesidad de disipar ie, la cabeza. Manda al punto que se preparen y traigan los merariamente sus riquezas. Es preciso que estén bien

instrumentos del suplicio, llama con firme y levantada persuadidos de que no conviene gravar con grandes tri,voz á los ministros de su venganza y á seiscientos sol- bulos la nacion española, árida en gran parte por la fuldados que tenia ocultos. Atónitos de miedo los demás, ta de aguas y por sus hórridas escabrosidades y peñasdobla la rodilla el arzobispo de Toledo, que era de me cos, principalmente hacia el norte, pues hacia el mejor temple de alma, y con abundantes lágrimas pide diodía es mejor el terreno y mas benigno el clima. No perdon de sus pasadas faltas y hace con este acto de es raro que en verano por las grandes sequías escąhumildad, que los demás sigan su ejemplo. Perdónales seemos de víveres hasta el punto de que la cosecha no el Rey viéndoles aturdidos y oyendo sus sentidas súpli- llegue á cubrir los gastos del cultivo; ¿será entonces cas; mas no por esto les deja salir en dos meses de pa- poco terrible que venga el fisco á gravar la calamidad Jacio, tiempo suficiente para obligarles á que le hicie- pública con nuevos ni mas onerosos tribulos? Hay luesen entrega de sus rentas y sus fortalezas. Accion digna go que considerar que en España los labradores, los

de un gran rey, accion notabilísima con que pudo de pastores y cuantos viven del cultivo de la tierra pagan jar grandes tesoros á su hijo sin arrancar un suspiro á religiosamente los diezmos á la Iglesia; si han de dar, sus ciudadanos ni sublevar contra si ninguna queja, ac por otra parte, otro tanto al propietario los que solo tiecion digna de ser imitada por sus descendientes para nen sus campos en arriendo, ¿qué les lia de quedar refrenar la audacia y la codicia de los grandes. para que vivan y satisfagan las exigencias del erario? Y

Mas pueden aun escogitarse otros medios para aliviar á mí cuando menos me parece justo que á quienes mas Ja miseria pública. Impónganse solo módicos tributos ha de aliviar y proteger es á los ciudadanos, de cuya sobre los artículos de primera necesidad, el vino, el industria y trabajos depende el sustento de todas las trigo, la carne, los vestidos de lana y lino, principal- clases del Estado. mente cuando no haya en ellos una delicadeza extre No es por cierto menos intolerable que inmunidades mada; grávese, por lo contrario, con lo que en esto se concedidas á nuestros antepasados y respetadas en las disminuya los artículos de puro recreo y lujo, los aro- épocas de mayores apuros para las repúblicas, en épomas, el azúcar, la seda, el vino generoso, la carne de cas que nuestros reyes tenian que sostener continuas pluma y otros muchos que, lejos de ser necesarios para guerras con muy módicas rentas, vengan á ser violadas la vida, no hacen mas que afeminar los cuerpos y cor y disminuidas precisamente ahora que el imperio de romper los ánimos. Favoreceríase asi á los pobres, de nuestros reyes se extiende mucho por el continente, y que hay en España tan gran número , se pondria freno en los mares apenas tiene por límite los límites del al desenfrenado lujo de los ricos, se evitaria que disipa- orbe. ¿No fueron acaso otorgadas á nuestros mayores sen sus tesoros en los placeres de la mesa, y ya que esto por haber vencido á nuestros enemigos con su valor y no se alcanzase, se haria redundar cuando menos su con sus armas, y haber contribuido poderosamente a Jocura en favor de la república. No se estrujaria asi á 'constituir ese vasto imperio de que tanto nos envanece

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