Imágenes de páginas
PDF
EPUB

nas diariamente recogidas. Convendria empero divi- | pues es tambien una de esas cosas que no se alcanzan dir esos mismos pobres en clases y destinarles en cuan sino á fuerza de ingenio, de experiencia y de precepto fuese posible diferentes casas de asilo, como se hizo tos. Lo que es verdaderamente un don del cielo y no en los tiempos antiguos y medio entreveo en las leyes es posible alcanzar con el arte es el ingenio; si no le de Carlo Magno. Podrian fundarse jenodoquios para los tiene el príncipe ó le tiene muy escaso, ¿de qué han de peregrinos, tocotrofios para los pobres, nosocomios servir los esfuerzos de sus ayos? ¿ni quién tampoco la para los enfermos, horfanotrofios para evitar que los de poder destruir sus vicios naturales ni convertirlos huérfanos no se corrompan fallos del cuidado paterno, en virtudes ? Son fatales los vicios de los principes, pegerontocomios para los ancianos, befrotrofios para los ro hemos de sufrirlos y tolerarlos ni mas ni menos que niños expósitos, que á no ser alimentados por la cari la esterilidad del suelo, las sequías y las demás caladad pública hasta cierta edad, moririan por estar faltos midades de la naturaleza. Ni son tan continuos que no de lo necesario, precisamente en la época mas peligro- puedan quedar compensados por las virtudes de sus sa de la vida. Cumpliríase así con los deberes de la pie sucesores, ni tan incurables que debamos perder toda dad cristiana, se obraria de una manera agradable al esperanza. Sucede con los principes lo que con los árcielo, se atenderia al bien general de la república, se boles y los séres animados, que los hay que llegan taraplicarian á los mejores y mas legítimos usos las rique de á sazonarse. Los hay que necesitan de esmerado zas dadas por Dios.

cultivo, y es indudable que con una buena educa

cion los mismos vicios naturales se corrigen , ya' CAPITULO XIV,

fuerza de preceptos se excita el ingenio. Gracias a

nuestra ignorancia, desesperamos desde un princiDe la prudencia.

pio, y lejos de aplicar remedio alguno, dejamos que A las demás virtudes de que deve estar adornado un se entreguen á la influencia de sus inclinaciones y principe ha de añadirse la prudencia, luz que alumbra carácter. Mas acerca de este punto hemos hablado ya todos nuestros pasos en la senda de la vida. Es la pru mucho mas en otro capítulo. A medida que el principe dencia cierta prenda del ánimo en virtud de la cual mi va entrando en años, es imposible que le falte la experando a todas partes, por la memoria de lo pasado, dispo riencia en los negocios, á que es principalmente debida nemos lo presente y prevenimos lo futuro, por lo que está la prudencia, y yo no puedo creer que haya un ingenio ya claro y manifiesto rasgamos el velo de lo que está aun tan tardío que no dispierte al fin y no sepa lo que deoculto y misterioso. Sabemos cuán dificil es hasta á los be hacerse, bien juzgando por sí, recordando y compaparticulares dejar de errar á cada paso, atendida la rando los pasados tiempos, bien convenciéndose por variedad de los sucesos de la vida y lo impenetrables sus errores de que ha de seguir los consejos ajenos, meque son las voluntades de los hombres; ¿cuánto no ha dio muy saludable hasta para los principes de mas emide subir de punto la dificultad para el jefe supremo de nentes facultades. Sabiamente, a mi parecer, dijo Juan II un estado, de cuya resolucion dependen los intereses de Portugal que el mando hace prudentes á los príopúblicos y particulares y que debe atender desde el cipes, pues les pone en continuo trato con hombres trono a todas las necesidades de la república como des aventajados en todos los ramos del saber, que nunca de una alta y elevada cumbre? ¿De cuánta circunspec faltan en las casas reales, y cuando hablan con sus recion y fuerza de ingenio no ha de necesitar, ya para que yes procuran probar lo que dicen en discursos eleganno le abrume la multitud de negocios, ya para no de temente trabajados y llenos de prudencia, que son para jarse coger en las asechanzas de hombres que relieren el príncipe otras tantas lecciones, sobre todo si á ejemtodos sus hechos y palabras á su comodidad propia, en plo de Salomon implora noche y dia la luz del cielo y cubriendo sus miras con el velo de la benevolencia? el favor divino. Conviene además que lea mucho el ¿Es acaso poco el trabajo que hay en mandar á todos, principe, sobre todo historia, precepto que no sin racomplacer á muchos, unir las voluntades discordes, zon dió Demetrio Falerio á Plolemeo, filadelfo, funcontener en la paz y en el deber a todos los súbditos de dándose en que no hablando los cortesanos sino para un imperio dilatado? Es tan fácil saber armonizar la adular al principe, nadie se atreve á reprender sus severidad con la clemencia de modo que por lo bené errores, y para remediar este mal conviene que oiga volo no menoscabe su autoridad ni por lo severo apague maestros mudos que aconsejen lo saludable y condenen la benevolencia en el ánimo de sus súbditos? En tan en otros los vicios del que lee. grande y tan difícil materia debemos excitar mucho Todo lo que hasta aquí llevamos dicho acerca de mas la atencion del príncipe y ayudar sus esfuerzos cada una de las virtudes y deberes de la vida ha de con algunas pruebas y ejemplos.

servir principalmente para alcanzar la prudencia, de la Lleva el hombre á cabo con su razon cosas mucho que todas las demás dependen, y sin la que es indismayores que las que permiten sus escasas fuerzas. Al pensable que estén todas las demás facultades metidas ver un gran palacio de ancho cimiento y espantosa mo en cieno y envueltas en tinieblas. Mas para que en este le levantado sobre vastas columnas desde la base al eli punto no quede manco nuestro libro, vamos á añadir tablamento, ¿quién podria creer que fuese obra del sobre esta virtud algunos preceptos especiales, y favohombre si no supiese que en aquello pudo trabajar mas recer los esfuerzos del príncipe en una materia que es la razon y el arte que los hombros y los músculos del entre todas la mas grave. Lo primero y lo que mas frebrazo? Auxiliado por el saber, ejecuta el hombre cosas cuentemente debe inculcarse á los reyes es que por que parecen verdaderamente increibles. La prudencia muy prudentes que sean y muy versados que estén en

[ocr errors][ocr errors]

los negocios no deben confiar nunca en sí mismos, cosa y fingiéndose contra él montado en cólera, medio inge-
muy perjudicial por cierto, si no que deben siempre nioso á que debió principalmente su salvacion Cárlos,
pedir consejos á varones graves, preguntar su parecer, príncipe de Salerno. Vencido este y hecho prisionero
seguir sus decisiones. No ignoro que muchos hablarán en una batalla naval por Roger de Lauria, estaba en-
solo para agradarle, vituperando tal vez á los que sean carcelado en Mesina, donde los sicilianos le condenaron
objeto de sus odios personales; mas é qué paso ha de á muerte. Trataban de castigar en él la muerte de Co-
darse en las cosas del mundo que no tenga sus peligros? radino, condenado injustamente por su padre el rey de
¿No puede además el príncipe elegir sus consultores ? Nápoles; mas le salvó la reina de Aragon mandándole
Si obra este á su antojo, es muy fácil que se deje lle prender y asegurando que consultaria al Rey para que
var de sus propios afectos mas bien que del peso de las se le aplicase el mayor castigo. No conviene además
razones; es fácil que se deje engañar por las pérfidas de querer extirpar de un golpe los vicios, principalmente
laciones de sus cortesanos y baje sin pensarlo al fondo si han echado ya muy hondas raíces, pues está el vulgo
de su ruina, tanto, que si se me da á elegir, prefiero muy apegado á sus hábitos, aun cuando los condene ma-
un príncipe torpe que oiga, á otro agudo y perspicaz nifiestamente la experiencia, y las llagas antiguas cuan-
que no admita mas que sus propias decisiones. Por de to mas se manosean tanto mas se encruelecen, y mu-
contado que no conviene, principalmente si está resuelto chas veces rechazan todo remedio y medicina. Con
á un negocio, que pida consejos á personas de tan maña pues mejor que con las armas es preciso contener
ta autoridad que sea luego indispensable hacer lo que los fieros impetus de la muchedumbre.
sintieren, dijeren y juzgaren; mas esto, como es fá Nunca debe tampoco el príncipe empeñarse en llevar
cil conocer, puede suceder solo á los particulares y no á cabo empresas que deban repugnar á los ciudadanos,
al príncipe, ya porque no ha de sujetar a la delibe ora se trate de declarar la guerra, ora de imponer tri-
racion de otros cosas que tenga ya resueltas de ante butos, ora de castigar á los delincuentes; conviene se-
mano, pues se entiende que pide el parecer ajeno para guir casi siempre el parecer de la muchedumbre, pues
ver lo que ha de deliberar sobre un punto dado, ya no es fácil violentar los ánimos como los cuerpos, y de-
porque atendida su dignidad no ha de haber quien tra be el rey, si no se despoja del nombre de tal, mandar á
te de imponerle sus opiniones, y ha de quedarle siem súbditos que quieran obedecerle, precepto saludabili-
pre la libertad de resolver lo que mejor le pareciere. simo tratándose de tan vasto y dilatado imperio. Cada
Hay mas; se ha de procurar con mucho ahinco evi provincia tiene su manera de ver las cosas, y ha de aco-
tar que nadie adquiera un ascendiente tal en el ánimo modarse el príncipe á las opiniones de unas y otras, ya
del príncipe que dependan de su sola voluntad, ya to que destruirlas no es posible, que de otro modo podria
dos los negocios de la república, ya parte de ellos, muy bien enajenarse el ánimo de muchos y turbar sin
pues no me cansaré nunca de repetir que prueba mucho querer la paz del reino. Unos quieren ser tratados con
contra la grandeza del príncipe el que tenga junto á sí amor, otros no obedecen şino al miedo, no pocos repu-
muy poderosos validos.

tan cruel sujetar á las leyes á varones esclarecidísimos
Si cuando pide el príncipe consejo, olvidándose alguno que han sabido elevarse con extraordinarios hechos so-
de su posicion y de la majestad que ante sí tiene, mani bre el nivel de sus conciudadanos. El príncipe prudente
festase con demasiada libertad su parecer, creo que debe emplear para el gobierno de cada provincia dife-
debe el principe dispensárselo, pues nadie debe ser cas rentes medios, pero no por esto ha de dejar de hacer
tigado por su libertad en hablar, por mas que haya emi lo que, aunque no merezca la aprobacion de los provin-
tido una opinion necia y ridícula. ¿Cómo no ha de fal- cianos, pueda redundar en beneficio y pro de la repú-
tar quien trate de persuadir si hay en querer persuadir blica.
peligro?

Hemos manifestado ya en otro capítulo que el miedo Tampoco debe el príncipe presentarse directamente y el castigo y el premio y la esperanza vienen a ser los á resistir la muchedumbre cuando esté amotinada. Un nervios que unen en un solo cuerpo las diversas partes pueblo irritado es como el torrente, todo lo arrolla y lo del imperio, sobre lo cual, aun cuando podria decir muderriba todo. No bien ha perdido el temor, cuando no cho, me contentaré con advertir que no debe dejar exrespeta ni al mismo príncipe, y sabiendo que es pasa tinguirse en el ánimo de los súbditos el amor hacia los jera su ira, conviene que este para sosegarla apele mas príncipes, sino que se debe alimentar, por lo contrario, al arte que á las armas. Conviene disimular,yá mi modo con todo el arte posible tan bienhechora llama. El micde ver, se lia de acceder algunas veces á sus súplicas. do no es el mejor maestro del deber , pero es indudaArmado el tumulto, nada impedirá que se castigue á los blemente necesario. A no ser el miedo, ¿qué remedius que principalmente lo promovieron, y soy de parecer no dejarian de ser eficaces en medio de tanta multitud que esto debe hacerse siempre individualınente, pues de hombres malvados ? Ha de portarse, sin embargo, el es el mas saludable medio para debilitar la voluntad de príncipe de modo que puedan temer siempre los ciudala muchedumbre. Despues de muerto Galba y procla danos mayores castigos que los que al presente les aflimado en Roma el emperador Oton, gobernábase todo jan, pues el miedo es por su naturaleza indefinido y no al antojo de la soldadesca que habia dispuesto del im tiene límites como el dolor, que está siempre limitado perio. Pretendíase castigar hasta á inocentes, y entre por la naturaleza de nuestros sufrimientos. No temeotros á Mario Celso, designado cónsul, cuya inocencia é mos por lo que padecemos, sino por lo que podemos industria aborrecian como si fuesen malas artes. Salvó padecer; así que será mucho de desear que no agote le Oton del furor de la muchedumbre mandando atarle nunca el príncipe su fuerza y su poder en castigar los

delitos, antes bien procure templar la severidad con la mano de jueces severos á quienes podrá residenciar clemencia, de manera que todos y cada uno de los cri- luego que hayan cumplido con su cargo, castigándoles minales puedan ver ante sus ojos penas mucho mas con el mayor rigor caso que hayan abusado del pofuertes que las que están sufriendo. Esta es la mas se der que les confiara. Quedará así castigada la rebelion gura regla para que no sea despreciado por sus súbdi- de sus súbditos, sin dejar de tener aun en su favor el los, siendo ya cosa sabida que nada hay mas débil que afecto de la muchedumbre. Los magistrados demasiala crueldad ni nada que produzca menos resultados. Es do benignos faltan muchas veces levantando odios.confácil tambien y no menos pernicioso agotar la espe tra su príncipe; los severos contribuyen algunas á que ranza , cosa que puede suceder de dos maneras, ó por se les profese mas cariño. exceso ó por defecto. No conviene bajo ningun punto Tenga tambien presente el príncipe que nada muede vista acumular todos los beneficios en uno ó en muy ve tanto como la utilidad propia asi á los reyes como pocos hombres, de modo que poco tengan ya que espe- á los particulares, y no crea nunca firmes las alianrar de la liberalidad del príncipe ; entre otros inconve zas ni las amistades de que no se pueda esperar ningun nientes, tiene esto el de hacer flojos á los ciudadanos provecho. Procure pues obligar con esta esperanza la para el servicio de su patria, pues al hombre nunca le voluntad de todos, y esté bien persuadido de que esta mueve tanto el favor como le mueve la esperanza. Pá es la mas segura garantía de que ha de cumplirse la ganse luego tantos beneficios, no con amor, sino con palabra dada. Tales son por cierto la condicion y la odio; el que los recibió, como es natural, desea ver naturaleza humanas. Evite empero que hombres vulquitado de en medio un acreedor de quien ya nada es gares y sin ninguna virtud superior salgan de repenpera. Dé pues el principe poco, pero a menudo, y logra-te de las tinieblas á la luz y se eleven desde los mas rá así estimular á sus súbditos con la esperanza de ma- inferiores servicios de palacio á los mas altos honoyores beneficios, hacerles mas celosos en el cumpli res y mas eminentes dignidades. Raras veces aconmiento de sus deberes y no ver agotada la fuente de la tece esto sin excitar el odio de los ciudadanos ni proliberalidad por haber sido pródigo en conferir á uno mover alteraciones, como podemos ver por el reinado solo toda clase de riquezas y de lionores. Puédese tam- de Enrique IV, en que con mas frecuencia se cometió bien extinguir la esperanza en el pecho de los súbditos esta falta. Nombró Enrique á Miguel Iranzo general por ser tan severo el príncipe, que cierre al delincuente de caballería, á Gomez Solís, llamado por su patria el toda puerta por donde le quepa salir de sus apuros. Caceriense, de noble familia, pero de escasa fortuna, Cuando crea que haya alguno digno de perdon, déjele primero procurador de palacio, despues por voto de franca la entrada á su favor, mas que merezca ser casti- los soldados maestre de Alcántara; á Alvaro Gomez, gado por las leyes; aparente que no cree los crímenes propietario y señor de muchos pueblos. ¿Quiénes eran de que se le acusa, procure que aborrezca los mismos con todo esos hombres, quiénes sus padres, cuál su beneficios que está dispuesto á concederle por obligarle ingenio? Yo convengo en que nada deba negarse ni á confesar que habia preferido la muerte al destierro, haya puerta cerrada para el hombre de gran saber, paconfesion sie mpre penosa y repugnante. No debe nunca ra el hombre de mucha virtud y prudencia; convengo ponerle en el trance de que mas sienta haber recibido en que así como en los caballos, toros y perros debe la vida que la muerte. Excluida ya la esperanza, ¿có mirarse mas la índole y virtud de cada uno, que la raza, ino no ha de buscar oportunidad el delincuente para familia ni padres á que pertenece; mas como tiene el traiciones y asechanzas, cómo no lia de trabajar para mérito sus grados, grados deben tener tambien los precubrir su dolor y su afrenta con perjuicio de la repú- mios. Vamos á dar ahora un ejemplo de un valor emiblica y del príncipe ?

nente y acendrado. Tenia san Fernando puesto sitio á No desista tampoco cuanto pueda de excitar el amor en Sevilla, cuando García Vargas, natural de Toledo, dió el ánimo de sus súbditos ni de hacerse popular por buen grandes é ilustres pruebas del valor que le animaba. camino. Las palabras «aborrézcanme, pero teman», Separóse de los demás con otro camarada, y estaban ya son solo propias de un tirano. Raras veces puede un siguiendo la ribera del rio, ignoro con qué objeto, príncipe sobrellevar el odio de su pueblo; preséntese cuando vieron venir sobre si siete caballeros moros. El siempre humilde, así en el traje como en el continente, camarada es de parecer que se retiren, mas García inbaga bien a todos, y si no á muchos, déá cuantos pidan, siste en que se han de quedar allí por segura que paó cuando menos no les quite la esperanza de alcanzarlo; rezca su derrota, y no apelar á una fuga, que habia de manifieste su buen deseo en concedérselo, haláguele atraer sobre ellos la afrentosa nota de cobardes. Arrecon blandas palabras, procure que nadie se aparte de su bata en tanto las armas á su abatido compañero; mas vista triste y abatido, recuerde siempre que se hace los enemigos le conocen y rehusan el combate. Hapesadísimo ver unida á la supremacia del poder la du bia ya García andado un buen trecho, cuando al poreza en el trato y la aspereza en las palabras.

nerse el capacete advierte que se le ha caido là cofieSollar el freno á la ira es hasta vergonzoso en los zuela, y vuelve atrás siguiendo con la mayor calma y particulares, pero mucho mas en el príncipe, cuyos in- | tranquilidad los mismos pasos. El Rey, que por casuatereses destruye poderosamente. Delegue siempre á lidad lo estuvo viendo todo desde sus reales, creyó que otros para negar lo que no puede concederse y casti iba á repetirse el combate; mas él, luego de haber recogar severamente las faltas cometidas; si ha de corre gido la cofia, regresa sin daño á los suyos por pergir alguna costumbre del pueblo, si ha de apaci- sistir los moros en la idea de no aceptar la lucha. Fué guar algun motin, es mas ventajoso para él echar mucho muyor la gloria que le cupo por este hecho en

razon de no haber querido revelar nunca el nombre de den nacer ventajas de grandísima importancia. ¡Cuán su camarada, por inas que se lo preguntaron muchas pequeñas no son las gotas de agua, y de ellas se forman, veces. Sucedió poco tiempo despues que un soldado no obstante, los rios y con ellas se destruyen las ciudaechó en cara á García, aunque privadamente, que lle des ! ¡Cuántas veces por haber mirado con desprecio vaba ondas en su escudo, y era este timbre que no una chispa se han provocado grandes incendios! pertenecia á su familia. Nadie suele llevar con mas re Hemos manifestado ya en otro capítulo que no es signacion un vituperio que el que se siente libre de nunca lícita á los reyes la mentira, pero que tiene netoda falta ; ocultó por de pronto su cólera, y luego en cesidad de disimular , ya para administrar mejor la re. un ataque que dieron los nuestros contra los reductos de pública, ya para granjearse mejor el cariño de los ciudaTriana, arrabal de Sevilla , insistió por tanto tiempo en danos. Si no procura encubrir sus resoluciones y afecla lucha, que apenas pudo escapar de ella con vida, y tar benignidad hasta para los que obran mal, es indusalió con las armas y el escudo enteramente abolladas dable que se verá envuelto no pocas veces en graves por una lluvia de piedras y de dardos. Volviéndose en dificultades. Conviene muchas veces que prepare una tonces á su rival, que estaba en lugar seguro, con ra expedicion, equipe una armada y haga levas, si así lo zon, dijo, nos niegas á nosotros timbres que exponemos permiten las circunstancias, si no con ánimo deliberad, á tan graves peligros; tú eres sin duda mas cauto, pues de hacer la guerra, para excitar por lo menos el ingenie están enteros. Corrido entonces de vergüenza, reconoció de los suyos, tener suspensos los ánimos de los principes el soldado su culpa , y le pidió un perdon , que le conce vecinos y debilitar con nuevos gastos sus fuerzas. Condió sin esfuerzo el héroe, contento de haber vengado su viene que aun á sus mismos embajadores oculte sus mas ultraje rivalizando en valor y en osadía. A un hombre intimos secretos, para que ignorándolos cumplan mejo: tal, pertenezca al linaje que quisiere, es claro que con los mandatos de su príncipe. Conviene, por fin, que pueden dársele todas las riquezas, honores y dignida- evitando los extremos, siga en todo un término medio, des, sin temer nigun género de ofensa , antes bien re mientras no sobrevengan circunstancias que le hagan cibiendo del pueblo grandísimos aplausos.

inclinar á una ú otra parle. Evite además el príncipe ejercer su imperio obligan En nuestra misma historia tenemos numerosos ejerdo á un juez á que proceda contra un ciudadano que ni plos que confirman estas verdades manifiestas. Si cometió falta alguna ni tiene quién le acuse, pues es Juan I de Castilla se vió envuelto en graves calamidato es solo propio de tiranos , y el que se decide por una des no fué sino porque al pretender el reino de Portuú otra parte sin ver el proceso y sin seguir las formas gal, despues de la muerte de su suegro, se adelantó sia ordinarias del juicio obra injustamente, aun senten armas como deseando terminar pacíficamente el negociando conforme á ley y derecho. Se ha hecho ya men- cio y dejó que le siguieran a largo trecho sus tropas, cion de lo que sucedió á Fernando IV, emplazado pa- cuando convenia o invadir repentinamente la Lusitara ante la justicia de Dios por haber sido tan precipita- nia con todo el lleno de sus fuerzas, ó depuestas las ardo en castigar á los hermanos Carvajales. Creemos mas, decidirse á resolver la cuestion en el terreno pura oportuno trascribir alora el consejo que dio Jaime, del derecho. Preparáronse los enemigos y dióles para rey de Aragon, á su yerno Alfonso el Sabio. Habia ello tiempo la tardauza de las tropas castellanas. Por la venido aquel á Búrgos para honrar las bodas de su nie- historia romana vemos tambien que cuando las legioto el príncipe Fernando; y luego que se hubo disipa- nes de la república, circuida por todas partes de los do la tempestad que amenazaba a los reyes de Castilla samnitas, se veian obligadas á pasar por las horcas por haberse enajenado el ánimo de los grandes, re- | caudinas, sin esperanza de poder salir bien de tan difiprendió con gravísimas palabras á Alfonso, y le dijo, cil paso, consultado el samuita Poncio por medio de entre otras cosas, que prefiriese ser amado que abor- embajadores sobre lo que debia hacerse con los sitiarecido de sus súbditos, que en el amor de los ciuda- dos, contestó primero que debian dejarles escapar sin danos estaba la salvacion de la república, en el odio la causarles daño alguno, y luego viendo que reprobaruina; que procurase granjearse la voluntad de todas

ban su consejo, que los pasasen á todos por la espada

. las clases del Estado, y ante todo la del clero , para En el primer caso se proponia Poncio granjearse el poder oponerse mejor á los desmanes de la nobleza; amor de los romanos; en el segundo debilitar por muque no castigase, por fin, ocultamente á nadie, pues es chos años las fuerzas de sus enemigos. Creyeron los to, además de ser un indicio de temor, rebajaba en mu samnitas que no habian de tener en mucho los consecho la majestad y grandeza de los reyes. Juzgue tam- jos de un hombre que estaba abrumado ya por el peso bien ilícito el príncipe alterar por sí lo ya pasado de los años, é hicieron pasar bajo el yugo á los soldados en autoridad de cosa juzgada , y tenga por seguro que romanos, afrenta con que irritaron tanto á sus enemiha de provocar grandes males si así lo hace por seguir gos en perjuicio propio, que pagaron luego caro tar su antojo ó el de sus cortesanos. Debe mas bien preve grave error y se desvaneció como el humo la alegria nir que castigar los delitos, y á esto ba de referir prin- del inesperado triunfo. cipalmente todos sus acuerdos y sus instituciones. ¿No Nada hay mas ajeno de los intereses del príncipe que es acaso mejor medicina la que previene la enfermedad i fiar la salvacion de la república al azar y al capricho que la que cura al enfermo ? En esto son muy de alabar de la suerte. Lo mismo debe castigar al vencedor cuatlas leyes de los persas. No ha de haber límites para la do se haya este excedido que dar la mano al vencido autoridad del principe ; mas debe, sin embargo, aten- cuando dirigió sabia y prudentemente la batalla. Es , & der á las cosas mas insignificantes, pues de ellas pue- ' nuestro modo de ver, muy de aplaudir la costumbre de

los cartagineses, que crucificaban á sus capitanes aun una comitiva espléndida, en que iba el gran maestre de cuando hubiesen alcanzado victoria si se habian empe- Santiago, el arzobispo de Toledo y ante todos el conde de ñado temerariamente en trances peligrosos, severidad Ledesma, gran privado del Rey. El monarca Francés se que tuvo tambien lugar en la Lacedemonia.

quedó en San Juan de Luz, acompañado, segun costumMas para cumplir con todos estos preceptos basta bre, de muchos grandes. Habia ya de una y otra corte que tenga presente uno solo, basta que use de su po en Bayona numerosos magnates; no bien se vieron cuando der como si lo tuviese precariamente, no por derecho estalló entre ellos la discordia. Asistió tambien á la enpropio ni por derecho hereditario. Obrará sí con ma trevista la reina de Aragon, que tenia pleito con Enrique yor seguridad y será el mejor de los principes. En me sobre Estella y otros pueblos vascos, puestos en manos dio de la mas profunda paz pensará en la guerra para del de Francia. Habláronse brevemente los reyes una ó que excitada de repente no le coja durmiendo y despre dos veces en la ribera citerior del rio que divide Francia venido; creerá y recordará siempre que la muchedum- y España, y no se dijeron sino lo que pareció oportuno al bre es parecida á una fiera que, aunque domesticada, Maestre y al Arzobispo, de quienes dependian exclusivadescubre siempre sus naturales instintos; se hará cargo mente los negocios. Pasaron desde alli á San Juan, donde que es un caballo indómito que sacude de un solo de el de Francia obsequió mucho al de Castilla. Pasó el golpe al inexperto y desprevenido jinete. El gobierno rio el conde de Ledesma con una vela tejida de oro, un monárquico es de tal naturaleza , como hace observar traje no menos rico y elegantes botas recamadas de Aristóteles, que puede ser disuelto mas fácilmente que piedras preciosas. Enrique presentaba, por lo contrario, las demás instituciones, pues constituido por la volun un aspecto repugnante y vestia de una manera muy destad de los ciudadanos , solo puede subsistir mientras cuidada é ingrata para los franceses; nuestro Rey con subsista esla. Cáptese pues el amor de los suyos, una traje innoble, con calzon corto y un birrete vulgar, á en su favor todas las voluntades, evite las ofensas del que llevaba cosida una imágen de plomo. Nacieron de pueblo, opóngase á la injusticia, procure la salud de to- aquíepígramas y carcajadas por no saber atribuir losesdos, distribuya entre todos los honores, las dignidades, pañoles aquella humildad del Rey mas que á una sorlas riquezas; pórtese, al fin, de modo que todos los ciu dida avaricia. ¿Qué ventaja se cree resultó de esta entredadanos crean deberle mas á él que á sus mismos pa vista? No dió lugar sino á que conspiraran los grandes de dres. Prepárese en medio de la paz para la guerra, uno y otro reino para reducir á Enrique à la triste condihágase con armas y caballos, construya fortalezas, pre- cion en que yo mismo le he visto, oprimido, vejado y venga guarniciones., firme pactos de alianza con los ve abandonado por los suyos. La reina de Aragon salió quecinos y con los de remotas naciones, abrace la paz, sinjándose de que nuestro Rey se hubiese declarado en fadescuidarse nunca de hacer aprestos militares para que vor de Enrique; y aunque ayudó á los que estaban hapueda ser así su poder mas seguro y eterno.

ciendo la guerra en Cataluña, no pudo evitar el romPero hemos hablado de la necesidad de armonía con pimiento de una guerra entre Aragon y Francia, guerlos principes extranjeros, y debo hacer una observacion ra que hace ya diez y seis años que está durando. sobre este punto. Evite el príncipe con aquellos toda »Tenemos otro ejemplo en la entrevista que tuvieron clase de conferencias personales, pues raras veces dejan Cárlos de Borgoña y el emperador Federico, que aun de traer consigo gravísimos perjuicios; válgase siem- hoy vive. Provocóla el primero para tratar de muchos nepre de embajadores. Felipe de Cominges, historiador gocios, y especialmente del matrimonio de sus hijos, y francés del siglo pasado, que puede ser muy bien com se reunieron los dos principes en Tréveris. Despues de parado con los antiguos, ha emitido el mismo parecer, y baber pasado muchos dias en esta ciudad, la dejó el Emjo ha apoyado con abundancia de ejemplos, creo opor- perador, sin respetar los derechos de la hospitalidad ni tuno trasladar aquí sus mismas palabras. «Neciamente, saludar á Cárlos, cosa que este no pudo menos de todice, apelan á conferencias personales principes de mar por un ultraje. Burlábanse los alemanes del lujoso igual poder, sobre todo cuando trascurridos ya los años traje con que habia asistido el Duque á la entrevista, de su mocedad, sucede la emulacion á los juegos y traje que suponian comprado al efecto para hacer alarpasatiempos en que la invierten. Ni suele acontecer de de la riqueza de su ducado y consideraban como una esto sin peligro de ambas partes, ni aun cuando esto no prueba de su soberbia y arrogancia. Los borgoñones, por sea , sacan de la entrevista sino celos y mayores odios. lo contrario, no podian menos de mirar con desprecio al Es indudablemente mas ventajoso que se ponga en César por su mezquino porte y escasa comitiva; así manos de embajadores prudentes, ya la decision de las que surgieron odios, que no pararon hasta que se declaquerellas que se susciten entre los reyes, ya el arregloró la guerra que luvo lugar en Novesio. de cualquier otro negocio. Me ha enseñado mucho mi »Eduardo de Inglaterra estuvo tambien dos dias con experiencia propia, y juzgo conveniente presentar cier su cuñado Carlos de Borgoña en San Pablo de Artois; tos ejemplos. Entre las naciones cristianas no bay dos cuento lo que yo mismo he visto. Divididos los realis. que estén mas estrechamente unidas que las de Francia tas en bandos, convinieron todos en manos de Carlos y Castilla, cuya amistad está sancionada por solemnes sus querellas. Cárlos no podia menos de inclinarse á juramentos, no solo entre rey y rey, sino entre pueblo y una ú otra parte, así que no logró mas que avivar odios, pueblo. Confiados en esta amistad, se reunieron en la y este fué el único resultado de la conferencia. El misfrontera de ambos reinos Luis XI, rey de Francia, y En- mo Eduardo, para recobrar el reino de que habia sido rique, rey de Castilla, poco despues de haber subido aquel arrojado por el conde de Berwick, fué socorrido con al trono. Llegó Enrique hasta Fuenterrabía rodeado de tropas, con naves, con dinero; mas ni aun con esto

« AnteriorContinuar »