Imágenes de páginas
PDF
EPUB

leer con atencion este papel y examinar bien la causa quiere decir, quitarle toda su hacienda o parte de ella. de que se trata, que á mi ver es de las mas importantes A la verdad, no se diera lugar en los tribunales para que que de años atrás se ha visto en España.

el vasallo pudiera poner demanda á su rey si él fuera

señor de todo, pues le podian responder que si algo le CAPITULO PRIMERO.

habian quitado no le agraviaban, pues todo era del mis

mo rey, ni comprara la casa 6 la dehesa cuando la Si el rey es señor de los bienes particulares de sus vasallos. quiere, sino la tomara como suya. No hay para qué di

latar mas este punto por ser tan asentado y tan claro, Muchos extienden el poder de los reyes y le suben que ningunas tinieblas de mentiras y lisonjas serán mas de lo que la razon y el derecho pide; unos por ga parte para escurecerlo. El tirano es el que todo lo atronar por este camino su gracia y por la misma razon pella y todo lo tiene por suyo; el rey estrecha sus comejorar sus haciendas, ralea de gentes la mas perjudi- dicias dentro de los términos de la razon y de la justicial que hay en el mundo, pero muy ordinaria en los cia, gobierna los particulares, y sus bienes no los tiene palacios y cortes; otros por tener entendido que por por suyos ni se apodera de ellos sino en los casos que este camino la grandeza real y su majestad se aumen le da el mismo derecho. tan, en que consiste la salud pública y particular de los pueblos, en lo cual se engañan grandemente, porque

CAPITULO II. como la virtud, así tambien el poderío tiene su medida

Si el rey puede cargar pechos sobre sus vasallos y sus términos, y si los pasa , no solo no se fortifica,

sin consentimiento del pueblo. sino que se enflaquece y mengua; que, segun dicen graves autores, el poder no es como el dinero, que cuanto Algunos tienen por grande sujecion que los reyes, uno mas tiene tanto es mas rico, sino como el manjar cuanto al poner nuevos tributos, pendan de la voluncomparado con el estómago, que si le falta y si se le tad de sus vasallos, que es lo mismo que no hacer al carga mucho se enflaquece; y es averiguado que el po- rey dueño, sino al comun; y aun se adelantan á decir der de estos reyes cuanto se extiende fuera de sus tér que si para ello se acostumbra llamar á Cortes, es corminos, tanto degenera en tiranía, que es género de go tesía del principe, pero si quisiese, podria romper con bierno, no solo malo, sino flaco y poco duradero, por te todo y hacer las derramas á su voluntad y sin depenner por enemigos á sus vasallos mismos, contra cuya dencia de nadie conforme a las necesidades que se ofreindignacion no hay fuerza ni arma bastante. A la ver cieren. Palabras dulces y engañosas y que en algunos dad que el rey no sea señor de los bienes de cada cual reinos han prevalecido, como en el de Francia, donde ni pueda, quier que á la oreja le barboteen sus palacie- refiere Felipe Comines, al fin de la vida que escribió de gos, entrar por las casas y heredamientos de sus ciuda Luis XI de Francia, que el primero que usó de aquel danos y tomar y dejar lo que su voluntad fuere, la mis- término fué el príncipe de aquel reino, que se llamó ma naturaleza del poder real y origen lo muestran. La Cárlos VII. Las necesidades y aprietos eran grandes ; república, de quien los reyes, si lo son legitimos, tienen en particular los ingleses estaban apoderados de gran su poder, cuando los nombró por tales, lo primero y parte de Francia; granjeó los señores con pensiones principal, como lo dice Aristóteles, fué para que los que les consigno á cada cual y cargó á su placer al pueacaudillasen y defendiesen en tiempo de guerra; de blo. Desde el cual tiempo dicen comunmente que los aquí se pasó á entregarles el gobierno en lo civil y cri reyes de Francia salieron de pupilaje y de tutorías, y so minal, y para ejercer estos cargos con la autoridad y añado que las largas guerras que han tenido trabajada fuerzas convenientes les señaló sus rentas ciertas y la por tantos años á Francia en este nuestro tiempo lomanera cómo se debian recoger. Todo esto da señorío das han procedido de este principio. Veíase este puesobre las rentas que le señalaron y sobre otros hereda blo afligido y sin substancia; parecióles tomar las armientos que, ó él cuando era particular poseia, ó de mas para de una vez remediarse con la presa ó acabar nuevo le señalaron y consignaron del comun para su con la muerte las necesidades que padecian, y para sustento; mas no sobre lo demás del público, pues ni el esto cubrirse de la capa de religion y colorear con ella que es caudillo en la guerra y general de las armadas sus pretensiones. Bien se entiende que presta poco lo ni el que gobierna los pueblos puede por esta razon dis que en España se hace, digo en Castilla , que es llamar poner de las haciendas de particulares ni apoderarse los procuradores & Cortes, porque los mas de ellos son de ellas. Así entre las novelas, no ha de decirse así, en el poco á propósito, como sacados por suertes, gentes capítulo Regalia , donde se dicen y recogen todos los de poco ajobo en todo y que van resueltos á costa del derechos de los reyes no se pone tal señorío como este; pueblo miserable de hienchir sus bolsas; demás que las que si los reyes fueran señores de todo, no fuera tan re- negociaciones son tales, que darán en tierra con los ceprehendida Jezabel ni tan castigada porque tomó la viña dros del Libano. Bien lo entendemos, y que como tar de Nabot, pues tomaba lo suyo o de su marido que le las cosas, ninguna querrá el principe á que no se ridcompetia como á rey; antes Nabot hubiera hecho malen dan, y que seria mejor para excusar cohechos y costas defendérselo. Por lo cual es comun sentencia entre los que nunca allá fuesen ni se juntasen; pero aqui no tralegistas, capítulo Si contra jus vel utilitatem publicam, tamos de lo que se hace, sino de lo que conforme á de1. fin. De jurisdict., y lo trae Panormitano en el capí- recho y justicia se debe hacer, que es tomar el bene

. tulo 4.° De jur. jur., que los reyes sin consentimiento plácito del pueblo para imponer en el reino nuevos tridel pueblo no pueden hacer cosa alguna en su perjuicio

, butos y pechos. No hay duda sino que el pueblo, colmo

dice el historiador citado, debe siempre mostrar volun

sen las necesidades que ocurren; pero tambien es justo que el príncipe oiga á su pueblo y se vea si en él hay fuerza y substancia para contribuir y si se hallan otros caminos para acudir á la necesidad, aunque toquen al mismo príncipe y á su reformacion, como veo que se hacia antiguamente en las Cortes de Castilla. Digo pues que es doctrina muy llana, saludable y cierta que no se pueden poner nuevos pechos sin la voluntad de los que representan el pueblo. Esto se prueba por lo que acabamos de decir, que si el rey no es señor de los bienes particulares, no los podrá tomar todos ni parte de ellos sino por voluntad de cuyos son. Item, si, como dicen los juristas, ninguna cosa puede el rey en perjuicio del pueblo sin su beneplácito, ni les podrá tomar parte de sus bienes sin él, como se hace por via de los pechos. Demás que ni el oficio de capitan general ni de gobernador le da esta autoridad, sino que pues de la república tiene aquellos cargos, como al principio señaló el costeamiento y rentas que le parecieron bastantes para ejercellos; así, si quiere que se las aumenten, será necesario que haga recurso al que se las dió al principio. Lo cual, dado que en otro reino se permitiera, en el nuestro está por ley vedado, fecha y otorgada á pedimento del reino por el rey don Alonso el 0nceno en las Cortes de Madrid, año de 1329, donde la peticion 68 dice así: «Otrosí que me pidieron por merced que tenga por bien de les no echar ni mandar pagar pecho desaforado ninguno especial ni general en toda la mi tierra sin ser llamados primeramente áCor-tes é, otorgado por todos los procuradores que vinieren: á esto respondo que lo tengo por bien é lo otorgo.» Felipe de Comines, en el lugar ya citado, por dos veces generalmente dice en francés: «Por tanto, para continuar mi propósito no hay rey ni señor en la tierra que tenga poder sobre su estado de imponer un maravedí sobre sus vasallos sin consentimiento de la voluntad de los que lo deben pagar, sino por tiranía y violencia»; y añade poco mas adelante «que tal príncipe, demás de ser tirano, si lo hiciere será excomulgado », lo cual ayuda á la sexta excomunion puesta en la bula In Coena, Domini, en que descomulga á los que en sus tierras imponen nuevos pechos, unas bulas dicen: «sin tener para ello poder»; otras «fuera de los casos por derecho concedidos»; de la cual cansura no sé yo cómo se puedan eximir los reyes que lo contrario hacen, pues ni para ello tienen poder ni por derecho les es permitido esta demasía; que como el dicho autor fué seglar y no persona de letras, fácilmente se entiende que lo que dice por cosa tan cierta lo pone por boca de los teólogos de su tiempo, cuyo parecer fué el suyo. Añado yd mas, que no solamente incurre en la dicha excomunion el príncipe que con nombre de pecho ó tributo hace las tales imposiciones, sino tambien con el de estanque y monipodio sin el dicho consentimiento, pues todo se sale á una cuenta, y por el un camino y por el otro toma el príncipe parte de la hacienda de sus vasallos, para lo cual no tiene autoridad. En Castilla de unos años á esta parte se han hecho algunos estanques de los naipes, del soliman, de la sal, en lo cual no me meto, an

tes los tengo por acertados; y de la buena conciencia tad de acudir á la de su rey y ayudar conforme lo pidie

del rey, nuestro señor, de gloriosa memoria, don Felipe II, se ha de creer que alcanzó el consentimiento de su reino; solo pretendo probar que lo mismo es decir poner estanques que pechos y que son menester los mismos requisitos. Pongamos ejemplo para que esto se entienda. En Castilla se ha pretendido poner cierto pecho sobre la harina; el reino hasta ahora ha representado graves dificultades. Claro está que por via de estanque si el rey se apoderase de todo el trigo del reino, como se hace de toda la sal, lo podria venderá dos reales mas de lo ordinario, con que se sacaria todo el interés que se pretende y aun mas, y que seria impertinente pretender no puede echar pecho sin el acuerdo dicho, si por este ú otro camino se puede sin él salir con lo que se pretende. Por lo menos de todo lo dicho se sigue que si no es lícito poner pecho, tampoco lo será hacer esta manera de estanques sin voluntad de aquellos en cuyo perjuicio redundan.

CAPITUL0 III.

El rey no puede bajar la moneda de peso ó de ley sin la voluntad del pueblo.

Dos cosas son aquí ciertas: la primera, que el rey puede mudar la moneda cuanto á la forma y cuños, con tal que no la empeore de como antes corria, y así entiendo yo la opinion de los juristas que dice puede el príncipe mudar la moneda. Las casas de la moneda son del rey, y en ellas tiene libre administracion, y en el capítulo Regalía, entre los otros provechos del rey, se cuenta la moneda; por lo cual, como sea sin daño de sus vasallos, podrá dar la traza que por bien tuviere. La segunda, que si aprieta alguna necesidad como de guerra ó cerco, la podrá por su voluntad abajar con dos condiciones; la una que sea por p0co tiempo, cuanto durare el aprieto; la segunda, que pasado el tal aprieto, restituya los daños á los interesados. Hallábase el emperador Federico sobre Faenza un invierno; alargóse mucho el cerco, faltóle el dinero para pagar y socorrer la gente, mandó labrar moneda de cuero, de una parte su rostro, y por revés las águilas del imperio; valia cada una un escudo de oro. Claro está que para hacerlo no pudo juntar ni juntó la dieta del imperio, sino por su voluntad se ejecutó; y él cumplió enteramente, que trocó á su tiempo todas aquellas monedas en otras de oro. En Francia se sabe hubo tiempo en que se labró moneda de cuero con un clavito de plata en medio; y aun el año de 1574, en un cerco que se tuvo sobre Leon de Holanda, se labró moneda de papel. Refiérelo Budellio en el lib. I De Monet., cap. 1.o, núm. 34. Todo esto es de Colenucio en el lib. Iv de la Historia de Nápoles. La dificultad es si sin estas modificaciones podrá el príncipe socorrerse con abajar las monedas, ó siserá necesario que el pueblo venga en ello. Digo que la opinion comun y cierta de juristas con Ostiense, en el título De censib. er quibus, Inocencio y Panormitano, sobre el cap. 4." De jur. jur., es que para hacerlo es orzosa la aprobacion de los imteresados. Esto se deduce de lo ya dicho, porque si el príncipe no es señor, sino administrador de los bienes de particulares, ni por este camino ni por otro les

podrá tomar parte de sus haciendas, como se hace to-do á acuñar el metal á su costa, antes siento, y está das las veces que se baja la moneda, pues les dan por muy puesto en razón, que por el cuño se añada algun mas lo que vale menos; y si el príncipe no puede echar poco al valor natural y toda la costa que tiene el acupechos contra la voluntad de sus vasallos ni hacer es- ñar, y no seria muy injusto que por el señoraje quetanques de las mercadurías, tampoco podrá hacerlo por dase algun poquito de ganancia al príncipe, como lo este camino, porque todo es uno y todo es quitar á los dispone la ley que en esta razon se hizo en Madrid, del pueblo sus bienes por mas que se les disfrace con año 1556, acerca de acuñar los cuartillos, y aun Inodar mas valor legal al metal de lo que vale en sí mismo, cencio sobre el cap 4. De jur. jur. lo da á entender, que son todas invenciones aparentes y doradas, pero si no lo dice claramente. Pero digo y me afirmo en esque todas van á un mismo paradero, como se verá mas to, que estos valores deben ir muy ajustados. Esto se claro adelante. Y es cierto que como á un cuerpo no le saca de Aristóteles, lib. 1 De las políticas, capítupueden sacar sangre, sea á pausas, sea como quisie- lo 6.', donde dice que al principio los hombres trocaren, sin que se enflaquezca ó reciba daño, así el prín- ban unas cosas por otras; despues de comun concipe, por mas que se desvele, no puede sacar hacienda sentimiento se convinieron en que el trueque seria ni interés sin daño de sus vasallos, que donde uno ga- á propósito si se hiciese con estos metales de hierna, como citan de Platon, forzosamente otro pierde. ro y oro en que excusaban los portes de las mercaAsí hallo en el cap. 4. De jur. jur. que el papa Inocen- durías pesadas y de léjas tierras. Así trocaban una cio III da por ninguno el juramento que hizo el rey oveja por tantas libras de cobre, un caballo por tantas de Aragon don Jaime el Conquistador por conservar de plata. Hallábase dificultad de pesar cada vez el mecierta moneda por un tiempo que su padre el rey don tal, é introdújose que con autoridad pública se señalaPedro II labró baja de ley; y entre otras causas apun- se, para que conforme á la seña! se entendiese qué ta esta : porque hizo el tal juramento sine populi con peso tenia cada pedazo. Este fue el primer uso y mas sensu, sobre la cual palabra Panormitano é Inocencio legítimo de la moneda ; todas las demás invenciones y notan lo que de suso se dijo, que ninguna cosa que sea trazas salen de lo que conviene y de lo antiguo. Así se en perjuicio del pueblo la puede el príncipe hacer sin verá por nuestras leyes por dejar las antiguas; y que consentimiento del pueblo ( llámase perjuicio tomarles siempre se tuvo respecto á ajustar estos valores de alguna parte de sus haciendas). Y aun sospecho yo que plata y oro no hay duda, porque de un marco de plata nadie le puede asegurar de incurrir en la excomunion se acuñan por ley del reino sesenta y siete reales, y el puesta en la bula de la Cena; pues, como dije de los es marco mismo sin labrar vale por las mismas leyes se tanques, todas son maneras disfrazadas de ponerles senta y cinco reales; de suerte que por el cuño y se gravezas y tributos y desangrarlos y aprovecharse de ñoreaje solo se les añaden dos reales, por donde cada sus haciendas. Que si alguno pretende que nuestros real tiene de plata casi treinta y tres maravedís. De un reyes tienen costumbre inmemorial de hacer esta mu marco de oro se acuñan sesenta y ocho coronas; poco danza por sola su voluntad, digo que no hallo rastro de menos vale el oro en pasta , y por él le labran. Vengatal costumbre, antes todas las leyes que yo hallo en es mos á la moneda de vellon en que parece hay mayor ta razon de los Reyes Católicos, del rey don Felipe II y dificultad. Digo que por ley de los Reyes Católicos, fede sus antecesores, las mas muy razonables, se hallará cha en Medina del Campo, año de 1497, se mandaron que se hicieron en las Cortes del reino.

labrar de un marco de cobre, en que entran siete gra

nos de plata, que es como real y medio, noventa y seis CAPITULO IV.

maravedís; en lo cual se ve que el dicho marco lleDe los valores que tiene la moneda.

va cincuenta y un maravedís de plata y el valor de

ocho onzas de cobre y la labor, que por lo menos monDos valores tiene la moneda, el uno intrínseco na taba mas de otros cuarenta maravedís, por donde el tural, que será segun la calidad del metal y segun el valor legal se ajustaba mucho con el natural del metal peso que tiene, á que se llegará el cuño, que todavía

y cuño. Y adelante el rey Felipe II, en el año 1560, en vale alguņa cosa el trabajo que se pone en forjarla; el Madrid, estableció por ley que á un marco de cobre se segundo valor se puede llamar legal y extrínseco, que mezclasen cuatro granos, que es como peso de un real

, es el que el príncipe le pone por su ley, que puede ta y se acuñasen ciento diez maravedís; de manera que sar el de la moneda como el de las demás mercadurías. | bajó en los quilates medio real, y en valor subió caEl verdadero uso de la moneda y lo que en las repúbli torce maravedís. Debió de tener consideracion á que cas bien ordenadas se ha siempre pretendido y practi- las costas de la labor eran crecidas, despues de los Recado es que estos valores vayan ajustados, porque co- yes Católicos mas de al doble, y demás de esto á que mo seria injusto en las demás mercadurías que lo que se hiciese alguna granjería, con la cual, aunque harto vale ciento se tase por diez, así es en la moneda. Trata pequeña, alentados muchos, ganaron licencias para la este punto Budellio, lib 1, núm. De monet., capítu- brar la dicha moneda , labor de que sacaron grandes lo 67 y otros, que todos llaman la contraria opinion cuantías de maravedís, y aun fué una de las granjeirrazonable , ridícula y pueril; que si es lícito apartar rías mas gruesas de nuestros tiempos. Pero todavía se estos valores, lábrenla de cuero , lábrenla de cartones ve que poco discrepaba el valor legal del Datural, pues ó de plomo, como en ocasiones se hizo, que todo se el marco llevaba un real de plata y lo que valia el com saldrá á una cuenta y será de menos costa que de co- bre y la costa de acuñarle, que debia de ser mas de bre. Yo no soy de parecer que el príncipe este obliga- sesenta maravedís ó al pie de ellos, mayormente que

de ordinario se acuñaban blancas, cosa prolija y enfadosa. En la moneda que al presente se labra no se mezcla plata ninguna, y de un marco de cobre se acuñan doscientos ochenta maravedís; la costa que tiene de labrar es un real, la del cobre cuarenta y seis maravedís, que todo llega á ochenta maravedís; de suerte que en cada marco se gana doscientos maravedís, que es de siete partes las cinco, y en la misma cantidad se aparta el valor legal del valor natural ó intrínseco de la moneda dicha, daño que es contra la naturaleza de la moneda, como queda deducido, y que no se podrá llevar adelante. Demás que de todas partes la gente la falseará alentada con tan grande ganancia; porque estos valores forzosamente con tiempo se ajustan, y nadie quiere dar por la moneda mas del valor intrínseco que tiene, por grandes diligencias que en contrario se hagan. Veamos, ¿podria el príncipe salir con que el sayal se vendiese por terciopelo, el veintedoceno por brocado? No por cierto, por mas que lo pretendiese y que cuanto á la conciencia fuese lícito; lo mismo en la mala moneda. En Francia muchas veces han bajado los sueldos de ley; por el mismo caso subian nuestros reales, y los que se gastaban por cuatro sueldos en mi tiempo llegaron á valer siete y ocho, y aun creo que llegaron á mas; que si baja el dinero del valor legal, suben todas las mercadurías sin remedio, á la misma proporcion que abajaron la moneda, y todo se sale á una cuenta, como se verá adelante mas en particular.

CAPITULO V. El fundamento de la contratacion es la moneda, pesos y medidas.

No hay duda sino que el peso, medida y dinero son el fundamento sobre que estriba toda la contratacion y los nervios con que ella toda se traba, porque las mas cosas se venden por peso y medida, y todas por el dinero. Lo que pretendo decir aquí es que como el cimiento del edificio debe ser firme y estable, así los pesos, medidas y moneda se deben mudar, porque no bambolee y se confunda todo el comercio. Esto tenían los antiguos bien entendido, que para mayor firmeza hacian, y para que hubiese mayor uniformidad acostumbraban á guardar la muestra de todo esto en los templos de mayor devocion y, majestad que tenian. Así lo dice Fanio en el libro De pesos y medidas ; hay ley de ello de Justiniano, emperador, authent. de collat. coll. 9, y en el Levítico, cap. 27, núm. 25, se dice: Omnis aestimatio siclo sanctuarii ponderatur. Algunos son de parecer que el siclo era una moneda como de cuatro reales; se guardaba en su puridad y justo precio en el templo para que todos acudiesen á aquella muestra y nadie se atreviese á bajarla de ley ni de peso. Es cosa tan importante que en estas cosas no haya alteracion, que ninguna diligencia tenian por sobrada, y aun santo Tomás, lib. I De regim. princ., cap. 14, aconseja que los príncipes no fácilmente por su antojo alteren la moneda, por donde no se tiene por acertado lo que estos años se hizo por causa

de los inillones, que fué alterar el azumbre, medida del

vino v del aceite. Causa esto grande confusion para austar lo antiguo con lo mu0derno y unas naciones con

otras, y parece bien que los que andan en el gobierno no son personas muy eruditas, pues no han llegado á suñoticia las turbaciones y revueltas que en todo tiemp0 han sucedido por esta causa entre las otras naciones y dentro de nuestra casa y con cuánto tiento se debe proceder en materias semejantes. El arbitrio de bajar la moneda muy fácil era de entender que de presente para el rey seria de grande interés y que muchas veces se ha usado de él; pero fuera razon juntamente advertir los malos efectos que se han seguido y cómo siempre ha redundado en notable daño del pueblo y del mismo príncipe, que le ha puesto en necesidad de volver atrás y remediarle á veces con otros mayores, como se verá en su lugar. Es como la bebida dada al doliente fuera de sazon, que de presente refresca, mas luego causa peores accidentes y aumenta la dolencia. Para que se vea el cuidado que se tenia para que no se alterasen estos fundamentos de la contratacion, es cierto y autores muy graves lo dicen, y yo lo probé bastantemente en el libro De pond. et mens., capítulo 8.", que la onza antigua de romanos y la nuestra es la misma, y por consiguiente lo mismo se ha de decir de los otros pesos mayores y menores,

CAPITULO VI.

Muchas veces se ha bajado la moneda,

Opinion es muy ordinaria entre los judíos que las monedas, medidas y pesos del santuario eran al doble mayores que las mismas de que el pueblo usaba, el batho, el gomor, el siclo con todas las demás monedas, pesos y medidas. La causa de esto es que no fué bastante la diligencia de que se usó de guardar las mues

tras de todo esto en el santuario, para que el pueblo

por diversas ocurrencias no bajase sus pesos, medidas y monedas la mitad por medio, con la cual distincion se concuerdan muchos lugares de autores antiguos, que parecen contradecirse entre sí ó decir lo contrario de la Escritura divina. Entre los romanos es cierto, y asi lo atestigua Plinio, lib. 33, cap. 3.o, que el asse, moneda de cobre, que valia como cuatro maravedís, primero fué de una libra, despues, al tiempo de la primera guerra cartaginense, la bajaron á dos onzas, que llamaron asses sextantarios, porque pesaban la sexta parte de la libra romana, que era de once onzas, como hoy lo es la de Italia y Francia; despues, por causa del aprieto en que los puso Anníbal en tiempo de la segunda guerra cartaginesa, la bajaron á una onza, el dozavo de lo que antes corria, y últimamente á media onza. El denario, que era moneda de plata de valor de cuarenta maravedís, al principio se acuñó de plata acendrada; Druso, tribuno del pueblo, lo mezcló de liga, la octava parte de cobre, así lo dice el mismo Plinio en aquel lugar; y aun adelante se debió bajar mas, pues hallamos hoy algunas de estas monedas de romanos muy bajas de ley, que muestran tener mas de la tercera parte de cobre. La moneda de oro se acuñaba muy subida de quilates, y en tiempo de los emperadores primeros era de dos ochavas justamente; despues el tiempo adelante se ba

tian de una onza seis, que llamaban sueldos, y eran

del peso de un castellano, de que hay una ley de Justi otras monedas que le valian las bajaban de ley ó de niano, capítulo De suscep. prepos., que comienza: Quo- peso, por donde el marco parecia subirse en valor. Totiescumque. Plauto, autor tan antiguo, en un prólogo dos estos valores del marco ó los mas se tomaron de da á entender la costumbre que los romanos tenian de Antonio de Nebrija, en sus repeticiones. A la verdad, bajar la moneda; sus palabras son : Qui utuntur vino las monedas que de estos reyes se hallan casi todas velere sapientes puto, nam novae quae prodeunt die son negras y muy bajas, que dan muestra de lo que se multo sunt nequiores quam nummi noui. Y por las usaba entonces; pero esta desórden y variedad tan mismas monedas que hoy se hallan se ve ser verdad grande desde el tiempo de los Reyes Católicos acá es, todo esto. Lo mismo se ha usado de tiempos mas mo- los cuales por la ley citada de suso establecieron que dernos en todos los reinos y provincias de la cristian el marco acuñado se valuase en mil doscientos setenta dad, que los príncipes con el beneplácito del pueblo ó y ocho maravedís justamente, por acuñar en dos mil sin él «han bajado infinitas veces sus monedas.» En lo doscientos diez, valor que hasta hoy se ha conservado; que toca á los cristianos, no me quiero detener , pues porque dado que el rey don Felipe II bajó de ley los hay tanto de esto en Castilla. En la Crónica del rey maravedís, no fué tanto que mudase el valor que el don Alonso el Onceno, cap. 14, se dice que el rey don marco de plata antes tenia. La mudanza que al presente Fernando el Santo y su hijo don Alonso el Sabio y el rey se hace es tan grande, que sospecho forzará á que el don Sancho el Bravo y el rey don Fernando el Em- valor del marco se mude y suba á mas de cuatro mil plazado y el rey don Alonso el Onceno todos bajaron maravedís de estos que al presente se labran; el tiempo la moneda de ley, de suerte que en todo el tiempo que lo dirá si lo comenzado se lleva adelante. reinaron estos cinco reyes , que fué largo, poco la dejaron reposar que no se hiciese mudanza, que es un

CAPITULO VII. punto muy notable. Del rey don Pedro, que sucedió a

Los inconvenientes que hay en acuñar esta moneda, don Alonso XI, su padre, no hallo que hiciese mudanza, antes sospecho que avisado por los inconve Bien será que por menudo se consideren las comonientes que se vieron en tiempo de su padre, no solo didades que trae consigo esta moneda y los daños que no bajó la moneda, antes la hizo batir de buena ley, de ella resultaren para que se vea cuáles son de mayor como se ve por algunas monedas de plata que se hallan consideracion y peso, y el juez desapasionado y presuyas. El rey don Enrique el Segundo, su hermano, por dente de sentencia por la verdad, que es lo que aquí se las grandes sumas que debia á los que le ayudaron á pretende. La primera comodidad es el ahorro de gran ganar el reino y la corona, acudió á este postrer re cantidad de plata que sin ningun provecho en esta momedio de bajar la moneda; acuñó reales en valor de neda de vellon se consumia, la cual se ahorra con bajarla tres maravedís, y cruzados en valor de uno; así lo de ley. De bajarla en el peso resulta la segunda comodidice su Crónica, lib. iv, cap. 10. Viéronse en esta traza dad, que es de los acarreos, poderla llevar con menos graves inconvenientes, y sin embargo, los reyes que le costa dos tercios de lo que antes se hacia donde quiera sucedieron la imitaron por aprietos en que se debieron que su dueño para sus pagas y compras se quiera de ella de hallar; en especial don Juan el Primero, que para servir. La tercera que no la sacarán del reino y habrá en pagar al duque de Alencastre batió una moneda, que se él para el comercio gran cantidad de moneda, de que rellamó blanca, baja de ley; valia un maravedi, y poco sultará que por ser tan embarazosa, quien la tuviere sodespues valió á seis dineros, que es casi la mitad; correrácon ella al que la quisiere para pagar sus deudas, consta esto por las Cortes de Brivicsca, año de 1387. para hacer sus labores de toda suerte, criar ganados y Continuóse esto de bajar la moneda de ley y subirla de seda, de que procederá abundancia de frutos y mercavalor hasta los tiempos de Enrique IV, que fueron los durías, con que todo abaratará, donde el tiempo pasamas desbaratados. Esto, dado que su Crónica no lo do, si no era á costa de grandes intereses, nadie ó muy diga, se averigua ser así por la variedad que hubo en pocos hallaban el socorro de dinero prestado. Item, el valor del marco de plata, que en tiempo del rey don que por este camino se excusará este reino de tantas Alonso el onceno valió ciento veinte y cinco marave mercadurías como de fuera vienen, las cuales no serdis, como se nota en su Crónica, cap. 98; en tiem- | vian sino de llevarse la plata nuestra y de pegarnos po de don Enrique II el real valia tres maravedís, y sus costumbres y vicios, por lo menos con su regalo de por consiguiente el marco como doscientos marave- hacer muelle la gente y poco á propósito para las ardís; en el reinado de don Juan el Primero subió á dos

mas y para la guerra. Digo que vendrán menos extraticientos cincuenta, el real cuatro maravedís, la dobla jeros, lo uno porque con las labores que se avivarán cincuenta ó doce reales ; Cortes de Burgos, ley 1.o, tendremos mas copia de casi todo lo necesario á la viaño 1388. Al fin de su reinado y principio del de su da ; lo segundo porque los extraños no querrán á truehijo don Juan el Segundo subió á cuatrocientos ochen que de sus mercadurías llevar á su tierra esta moneda, ta , ó lo mas cierto á quinientos maravedís, y mas ade y por lo menos la emplearán en otras mercadurías de la lante en este mismo reinado de don Juan el segundo tierra, que llevarán á sus casas á trueque de las suyas. llegó á mil maravedís, en que se pasó tan adelante, que por conclusion, que el rey sacará por este camino gran en tiempo de don Enrique el Cuarto subió á dos mil y á | interés, con que socorrerá sus necesidades, pagará dos mil quinientos. Toda esta variedad y puja sin duda sus deudas , quitará los juros que le consumen, sin las procedia, no de la variedad del marco, que siempre fué cer agravio á ninguna persona. No hay duda sino que el ocho onzas con alguna liga, sino de que el maravedí ó interés de presente será grande. Asi dice Plinio en el

« AnteriorContinuar »