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perpetua y supletoria, dada a favor del Consejo de la suprema, cuyo original suponían haber perecido en un naufragio, pero sin atreverse á señalar su fecha, ni aun el papa que la había espedido. Aserciones tan vagas en materias de esta gravedad no podían satisfacer las dudas, y ménos calmar los escrúpulos de los que creían de buena fe, que la inquisicion no tenía autoridad legítima para proceder, miéntras no hubiese gefe supremo que la ejerciese por sí mismo, ó la comunicase al tribunal, si es que podía delegarla.

Si, en desprecio de estas consideraciones, las Córtes hubiesen restablecido la inquisicion, como lo pretendió este dia la insensata furia de sus partidarios, irremisiblemente hubieran enagenado el amor y respeto de la parte mas ilustrada y generosa de la nacion. Aniquiladas de un golpe todas sus esperanzas, į se cree por ventura que en medio de tanta exaltacion, hubiera permanecido tranquila espectadora, corrida y llena de rubor con tan insigne desacierto? Estremece ciertamente, aun hoy, el pensar adonde la hubiera arrastrado el despecho, viendo frustrado de este modo el noble designio de rescatar á su patria de la sanguinaria tiranía de un tribunal

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que le acarreó, él solo mas desgracias que siglos enteros de invasiones y guerras intestinas; puesto que todos los males públicos que la afligieron se hubieran reparado al fin, como sucedió en otros paises, á no haber aniquilado el principio restaurador con la atrocidad de sus persecuciones, y la iniquidad de su política.

Desde el momento de aparecer otra vez este azote de la nacion, las Córtes se hubieran visto abandonadas de cuantas personas de luces y reputacion influían en las cosas públicas en aquella época. Ni se diga que la indignacion popular contra los traidores bastaba para contener las apostasías. Esa éra había pasado ya. El enemigo llevaba tres años de residencia en el corazon del reino. El yugo había empezado á quebrantar los ánimos en el pais ocupado, y lo que le sostenía en él, a pesar de tanta opresion y amargura, era la confianza que le había inspirado hasta aquí la sabia y prudente conducta del congreso. Mientras que en las provincias libres lo que alimentaba su fervor, lo que escitaba su perseverancia, lo que formaba la union y concordia patriótica que las hacía invencibles y heroicas, tenía orígen mas elevado que el terror de los motines, las vociferaciones y aren

gas de clérigos y frailes, las homilias de prelados fugitivos, las instigaciones de familiares y alguaciles del santo oficio. La seductora y dulce perspectiva de una reforma preparada por medios nacionales, y los ilustres testimonios de adhesion y respeto con que se recibía en todas partes, estos y no otros, eran ya los fundamentos en que

apoyaba la independencia de la patria, despues de tantos y tan infructuosos esperimentos. Y solo hombres ilusos, obcecados con nociones quiméricas y estrañas, poseidos de furor de fanatismo

y deseo de venganza podían desconocer esta verdad.

Desvanecidas tan lisongeras esperanzas en el mero hecho de restablecer el ominoso tribunal, la desercion al enemigo hubiera sido rápida y espantosa. En unos obraría, con la desesperacion, el deseo de esconder su vergüenza, al ver frustradas sus miras generosas; en otros el remordimiento y continua zozobra de haberse abandonado á desahogos inocentes durante la época insurreccional; en todos la necesidad de buscar asilo contra la tenebrosa pesquisa de una institucion inexorable que jamas respetó, ni aun las cenizas de los infelices que le arrebataba de las inanos una muerte prematura. Que este

número no podía dejar de comprender lo mas ilustre, lo mas elevado y distinguido en todas las clases del estado, está fuera de contradiccion. ¿Qué personas de autoridad, de saber y de respeto en todas las provincias no habían sido desde el principio de la insurreccion, ó individuos de sus juntas, ó no las auxiliaron con sus luces y su consejo, ó no combatieron sin rebozo las doctrinas de todas clases que mas apoyo y fuerza habían dado al gobierno en la época anterior ? ¿Quién no había abandonado desde entonces la cautelosa circunspeccion con que en aquella triste éra se ponía á cubierto de la tremenda policía de ese mismo tribunal ocupado, no en defender la religion, sinó en reprimir los justos desahogos contra un gobierno opresor, y una corte criminal y corrompida ? Pues todos estos, y otros muchos todavía, se iban á ver entregados al arbitrio de la inquisicion restablecida

por

las Córtes, sin otra restriccion que la prudencia de sus familiares y comisarios, sin otra regla que la ilustracion de sus calificadores, sin mas responsabilidad ni freno que la integridad de sus jueces y consiliarios, la moderacion y la virtud de su gefe supremo.

El usurpador, á quien nada de esto podía

ocultarse, al saber la resurreccion de aqueste tribunal hubiera redoblado sus esfuerzos, convencido de que el modo mas directo de promover su propaganda era hacer que en todas partes resaltase la ignominia y oprobio de aquella resolucion. Entronizado en ella otra vez el dominio del terror y de las tinieblas Cádiz, el mismo Cádiz, bien pronto hubiera quedado reducido á la mera condicion de una fortaleza, donde el gobierno no podía prometerse mas cooperacion ni mas auxilio, que la obediencia pasiva y servil que merecía un régimen fundado en ignorancia y fanatismo.

Jamas los diputados constitucionales dieron prueba mas ilustre de su noble proceder y ardiente patriotismo, que en la conducta que observaron en esta sesion tan crítica y peligrosa. Provocados, sin el mas leve motivo de su parte, con el atropellado restablecimiento de un tribunal cuyo primer ensayo hubiera sido su proceso, lejos de abandonarse á sentimientos de ira y de venganza se esforzaron en volver á la razon á los que,

ilusos y sobrecogidos, iban inconsideradamente á precipitar a la nacion en un nuevo abismo de desgracias. Si ménos amantes de su patria, si ménos generosos en olvidar injurias y

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