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se oponían tantas circunstancias en aquella época. El clero mismo, á no estar tan aluci. nado, no podía desconocer cuanto le importaba evitar el exámen público de muchos sucesos enlazados con una institucion nacida entre las tinieblas de la edad media, traida á España por el fanatismo, y estendida por toda la nacion con el terror y la violencia. La reforma que se preparaba en el órden judicial le proporcionaba una supresion indirecta, y por tanto tranquila y decorosa; que era ya lo único á que podía aspirar. Pero la intolerancia teológica no reconoce ni sufre límites. No contenta con la agresion que se ha indicado, dió mas adelante un nuevo testimonio de su incorregible espíritu, empeñándose en resucitar la inquisicion despues de haberse restablecido en la Constitucion de la monarquía la publicidad en los juicios segun la antigua jurisprudencia criminal que no esceptuaba de ella y menos de responsabilidad, á clase ni fuero alguno. Muchos creyeron entónces

que los obispos refugiados publicaron su pastoral, no solo movidos de estos incidentes, sinó por haber sido escitados por la confederacion que había en Cádiz. Algun tiempo despues, dió peso á esta opinion la conducta del nuncio

apostólico, uno de los gefes principales de la liga, al verle instigar por escrito a otros prelados у

cabildos eclesiásticos del reino, para que no obedeciesen un decreto de las Cortes de que se hablará en su propio lugar.

Esta liga estaba representada en las Cortes por los diputados que resistían las reformas. No obstante, su pequeño número, el descrédito en que habían caido desde muchos años las doctrinas político-eclesiásticas que les servían de apoyo, y el escándalo á que llegaron en el último reinado los errores y abusos que se intentaba corregir ahora con urgencia, hacían su oposicion poco embarazosa; y esta por sí sola no podía dar á las Córtes carácter diferente del que tiene todo cuerpo representativo en que no hay mas que dos partidos descubiertos en sus principios respectivos, y en el fin que cada uno se propone. Pero en las Córtes estraordinarias había ademas cierto número de diputados, cuyas miras iban mas allá de los límites prescritos por la sagrada obligacion, y solemne promesa de sostener la union é integridad de la monarquía en ambos mundos. En realidad los diputados de América formaban un partido separado, no solo en las cuestiones y negocios que tocaban directamente

á aquellas provincias, sinó tambien en los asuntos generales, siempre que podían influir en el objeto peculiar á que aspiraban con respecto á su patria nativa.

Esta circunstancia colocaba á las Cortes en situacion

muy

crítica y peligrosa, sobre todo al considerar el incendio que había causado en aquel apartado y vasto continente la arrojada empresa de Bonaparte en la metrópoli. Antes de proseguir con los sucesos en esta, es necesario volver a hablar otra vez de las cosas de Ultramar, no en el orden y con la estension que requiere su importancia, sinó sumariamente, y segun puede ser compatible con la naturaleza de este escrito.

La triste y dolorosa separacion de la América no dejó de agitar en todos tiempos el ánimo de las personas que meditaban con profundidad sobre el estado de provincias tan distantes. De aquí la constante diligencia de los hombres públicos y particulares en advertir al gobierno los errores y vicios de administracion de ellas, pero que desgraciadamente se estrellaba en el mismo escollo, que el celo de los que le manifestaban los de la metrópoli. El escritor tantas veces citado que siguió el partido del archiduque,

hablando de lo que representaban á Carlos II algunos ministros de los tribunales de Ultramar no se detiene en decir *: “Lo que es digno de

notar, entre los reinos de Castilla y su corona, “ es el Nuevo Mundo, que segun las Divinas “ disposiciones, si no se corrige mucho, no puede “ durar largo tiempo debajo de la corona de España.”

Un prelado respetable, que, por el retiro y abnegacion en que vivía, parece debía estar ménos espuesto á temores semejantes, los había manifestado tambien á Carlos IV en 1806, contestando * á una carta reservada de aquel príncipe. En esta respuesta, con poco intervalo en las cláusulas, le decía una y otra vez: “V. M. ha visto por esperiencia que

las Américas estan muy espuestas .... Parece, “ Señor, cierta la dificultad y casi imposibilidad “ de defender todos los dominios de V. M. en “ América .... V. M. ha reflexionado la difi“ cultad

y casi imposibilidad de defender los “ dominios de América." Si la libertad de hablar y de escribir no hubiera estado coartada en ambas épocas, ¿cuántos no hubieran descu

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Fr. Benito de la Soledad, obra citada, pág. 200. † Vease la Carta del obispo de Orense en el No. 6 del Semanario patriótico, del 6 de octubre de 1808, pág. 104.

bierto tambien sus inquietudes y recelos de la misma manera, y cómo habría podido el gobierno permanecer sordo á los clamores de la América

у

de la madre patria sin poner el conveniente remedio á los males comunes á uno y otro emisferio? Por fin el tiempo de empezar la obra había llegado, y las Córtes en su decreto de 15 de octubre de 1810, no dejaron duda de su firme y sincera resolucion de llevarla adelante.

Inadvertencia, espíritu de conciliacion, y un deseo noble y generoso en los diputados de Europa de remover las causas de descontento, y hasta los pretestos de queja en todas aquellas apartadas y vastas regiones, les hicieron consentir en que se tratase, desde el principio, de la América, como si fuera una nacion separada y estraña, como si tuviese intereses distintos de los de la metrópoli, y debiese merecer mas cuidado, mas atencion y mas esmero que las demas provincias de la monarquía.

La corona de Aragon, tomada latamente, conservó muchos años despues de su union con la de Castilla sus fueros, sus leyes y sus instituciones, algunas de las cuales como la del Justicia mayor, merecieron toda la veneracion y respeto

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