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española de la reputacion y talentos militares “ del lord Wellington, y como una prenda de “ las estensas miras que tienen las Córtes en “ órden á la direccion de la guerra.”—El lord Wellington por su parte desde Villa Toro, rogaba al propio embajador que manifestase al secretario de estado del gobierno de España su mas profunda gratitud por la señalada prueba de confianza que recibía en el mando que se habían servido conferirle las Córtes, añadiendo entre otras cosas : “Deseo con la mayor ansia “ hacer cuanto dependa de mis esfuerzos para

promover y conseguir el laudable objeto de la “ nacion española en su justa guerra con la “ Francia: y no tengo dificultad en tomar sobre “ mí el peso y la responsabilidad inseparable del “ mando de los ejércitos españoles.”

Esta decision fué recibida en el público, y en el cuerpo general del ejército español con resignacion y respeto; pero nadie pudo desconocer

aquella época que este triunfo sobre la repugnancia nacional al mando de un general estrangero, solo le hubiera conseguido un congreso tan popular y patriótico, que había sabido conciliarse la confianza y veneracion universal, por su infatigable celo y diligencia en promover la felici

dad de su patria; su incesante aplicacion á restablecer y mejorar sus instituciones; su incorruptible fidelidad, su vigor y fortaleza en resistir toda tentativa que pudiese comprometer la independencia, libertad, honor y decoro de la nacion. De otra suerte es indudable

que hubiera enagenado irremisiblemente la voluntad y aprecio de sus constituyentes con decretar en aquellos dias de exaltacion y suspicacia insurreccional, lo que si políticamente era útil y necesario, todavía arrancó en la misma residencia de las Córtes las mas amargas quejas, las recriminaciones mas vigorosas y arrojadas, y la abierta resistencia de un general * que entonces gozaba de popularidad y crédito militar.

La desobediencia de este gefe fué acompañada de una proclama atrevida, mucho mas peligrosa por la inmediacion á que se hallaba de sus tropas un fuerte cuerpo enemigo. El ejemplo, si hubiese cundido entre las demas, hubiera sido fatal y desastroso. Pero la prontitud y vigor con que aquel general fué separado del mando de su ejército aisló el daño y le ahoyó en su mismo orígen.

Para conocer mejor todavía la exaltacion que

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había sobre este punto en la opinion contemporánea bastará recordar, entre otras pruebas, las violentas acusaciones que se hicieron por medio de la imprenta contra el decreto de las Córtes. Uno de los periódicos de Cádiz * llegó á decir un dia—“Representantes ......

Si de la tiranía “ de Carlos IV, ó mas bien de la de Godoy, “ hubieramos pasado sin interrupcion á otra “ tiranía, fuese la inglesa, fuese la de Napoleon

... duro fuera ciertamente y vergonzoso ; pues el pueblo que hoy dia no se sacrifica por su independencia merece ser rasgado del mapa político.. pero que se nos venga

á “ decir,—hincad la rodilla ante el ídolo de Baal,

soys ya esclavos de los hijos de Albion ;' y que “ seais vosotros mismos, Representantes, los que

nos anuncieis esta ignominia !!! No, no era “ esto ciertamente lo que esperaba de voso“ tros !!!” La magnánima fortaleza con que las Córtes sobrellevaron estos desahogos demuestra bien claro que sabían respetar la libertad de hablar y escribir mejor que sus enemigos y detractores.

* Diario mercantil de Cádiz del 29 de noviembre de 1812, y 19 de enero del mismo año.

CAPÍTULO X.

ESTENSION DADA AL DECRETO SOBRE Baldíos.

MENSAGE

DE LA REGENCIA PIDIENDO QUE SE SUSPENDIESEN ALGUNOS ARTÍCULOS DE LA CONSTITUCION. NUEVAS TEN

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Las Córtes proseguían con ardor sus trabajos, deseosas de concluir los mas urgentes, a fin de terminar con toda la utilidad posible su larga y laboriosa carrera.

Entre otros merecen mucha atencion tres decretos, célebres por los graves errores y abusos que corrigieron. Con ellos se llevó a complemento el importante objeto de la

ley sobre terrenos baldíos y de propios; tan deseada y reclamada en todos tiempos por los economistas

у

hombres ilustrados en la nacion. El primero de estos decretos declaraba cerradas y acotadas perpetuamente todas las dehesas, heredades y demas tierras, de cualquiera clase, pertenecientes á dominio particular; y á sus dueños ó poseedores, con absoluta facultad de disfrutarlas libre y esclusivamente, arrendarlas á su arbitrio, y destinarlas á labor, ó á pasto, ó á plantío, ó al uso que mejor les pareciese. El segundo sujetaba á todos los súbditos del estado, sin escepcion de clase ni persona, á contribuir igualmente y en proporcion á sus haberes al servicio de suministros para el ejército, bien fuese en ganados, granos ú otros efectos necesarios, decretados por la autoridad, ó por la ley; como asimismo en el repartimiento de alojamientos y bagages, por turno riguroso entre los vecinos capaces de sufrir este gravámen. Y el tercero, se dirigía á promover los conocimientos teóricos y prácticos de economía civil en todos los establecimientos destinados a la instruccion

у enseñanza pública del reino, á fin de generalizarlos y escitar el celo é interes local en todas las provincias de la monarquía. De este modo

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