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al presidente por qué había permitido que se sorprendiese de aquel modo á las Córtes. Fueron inútiles todos los esfuerzos que se hicieron para calmar el ardor y encendimiento de los ánimos. La autoridad del presidente en el primer momento perdió su influjo y poder, pues las mayores y mas amargas quejas se dirigían contra su falta de circunspeccion y prudencia. Viendo que era imposible restablecer el órden en medio de tanta efervescencia y confusion, se adoptó, como único medio de terminar tan fatal incidente, que el autor de la proposicion la retirase. Entonces se conoció el objeto de leer en sesion pública la carta de aquella princesa; y entonces se acabó de penetrar toda la estension de este vasto plan, que tantas, tan diversas y complicadas miras comprendía.

TOM. II.

CAPÍTULO XI.

LIGA DE VARIOS OBISPOS Y CABILDOS ECLESIÁSTICOS CON

PRETESTO DE RESISTIR LA LECTURA EN LAS PARROQUIAS DEL DECRETO Y MANIFIESTO DE LAS CÓRTES ABOLIEN DO

LA INQUISICION.

Los hombres penetrantes de los dos partidos bien conocían que una controversia pública sobre la inquisicion no podía menos de destruir un tribunal, admitido incautamente por los que le consideraron solo por el aspecto favorable al fin político y momentáneo que se propusieron, y conservado tanto tiempo en medio de la mayor aversion y repugnancia de todas las clases sin escepcion, por las artes é inicua política que él mismo adoptó despues, y que empleaba sin cesar para perseguir y aniquilar al fin á sus opositores y contrarios. Que corrido el velo, con que tan cuidadosamente cubría sus arcanos, la ilusion se desvanecería en el momento; y que una institu

cion cuya alma era el secreto no podía sobrevivir á la revelacion de sus misterios. De aquí el empeño de sus parciales en restablecerla sin discusion ni exámen, y el esfuerzo de sus adversarios para penetrar en la espantosa sima, introducir la luz,

y

difundirla por todas sus sinuosidades.

Tal vez el clero de España, al introducirse en ella la inquisicion, no conoció toda la utilidad que acarreó despues a sus intereses temporales. Intolerante

у

fanático como el de toda la Europa, siguió entonces el espíritu del siglo que favorecía las persecuciones religiosas. Mas luego supo aprovecharse con suma destreza de la ignorancia y debilidad de los príncipes para estender y asegurar su influjo y su poder por medio de aquel tribunal ; habiéndole mostrado sucesivamente la esperiencia lo que servía a su propósito una institucion que ahogaba en su orígen la facultad de pensar y comunicarse los hombres entre sí.

Felipe II dió á la inquisicion mucha mas estension y autoridad

que tenía en tiempo de su padre, consintiendo en los atroces reglamentos que publicó el inquisidor general Valdes, y eximiéndola del recurso de fuerza en que se podía

hallar algun remedio legal contra sus desafueros. Con todo, la independencia y absoluto poder de este tribunal no llegaron a su colmo hasta la muerte de este príncipe. Felipe II se sirvió de la inquisicion para sus fines políticos. Le consintió perseguir á rienda suelta á fin de conservar mejor la union y coherencia de sus estados interrumpidas por su situacion geográfica, pareciéndole,

que

la uniformidad de religion * estre

* Francisco Strada, en su historia De Bello Belgico, ilustra con mucha claridad la política de Felipe II en este punto, insertando un despacho de este príncipe, escrito de su propio puño á Alejandro Farnecio, que había intercedido en favor de los protestantes de Ambéres. El despacho decía—“ In “omni colloquio, conventuque cum civitatibus, arcibusque,

quæ in nostram potestatem venient, hoc primum, hoc supremum esto : ut hisce in locis, Religio Catholica reci

piatur, nulla sectarum professione exercitiove, sive urbano, “ sive forensi hæreticis usquam permisso; nisi ad res eorum “ domesticas componendas mora temporis aliqua, eaque certa " et circunscripta concedenda sit. Qua super re, ne quis “ interpretationi, aut moderationi locus relinquatur planè “ edico, Sibi ut persuadeant, qui in nostris Belgii provinciis “ victuri sunt, alterutrum eligendum, aut nihil de veteris “ Romanæque cultu Religionis immutandum, aut post defini" tum tempus illicò sedem alibi quærendam.” La máxima de ser necesaria, la uniformidad de religion para asegurar la obediencia de los pueblos la inculcaba el mismo Alejandro á los comisarios de Ambéres, segun el citado historiador cuando

charía las relaciones de sus súbditos. Pero al mismo tiempo la mantuvo subordinada á su voluntad, considerandola un instrumento necesario para regir con mas facilidad la inmensa monarquía que administraba. Su capacidad, su activa ambicion y su estrema suspicacia no permitían que fuese dirigido, sinó que

él
por

sí mismo dirigiese y mandase.

Desgraciadamente sus sucesores, destituidos de estas cualidades, no supieron conservar independencia ni vigor en el gobierno. El simulacro de Córtes que solía reunirse, y presentar peticiones contra los abusos de administracion carecía de influjo y autoridad para contrarestar á una institucion que era omnipotente, pues había logrado aniquilar en toda la monarquía hasta la última sombra de proteccion de las leyes y tribunales civiles. Por fin llegó la insurreccion, y su irresistible impulso envolvió á la inquisicion en el trastorno y ruina universal.

ex qua

mas adelante dice :- .........“ Præcisa protinus ab Alexan“ dro omni spe hujusmodi arbitrariæ, ac promiscuæ religionis

civitates ut agebat, ac provinciæ in sectas studiaque distractæ, neque inter se, neque cum Deo, aut cum princi“pibus Dei administris servare pacem queant.” — Famiani Strade, De Bello Belgico, decas secunda, lib. 7.

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