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Los hechos referidos hasta aquí .ponen de manifiesto la lucha que sostuvo su partido; lleno todavía de esperanzas de recobrar pronto

lo

que le habían arrancado circunstancias que consideraba transitorias. Bien sabía que la inquisicion era el antemural inespugnable que había mantenido ileso el dominio temporal del clero, á pesar del tiempo, de los adelantamientos

y

vici. situdes que agitaron á otras naciones, y que tanto alteraron el espíritu á que debió su origen é incremento la inmunidad é influencia eclesiástica. Que en España durante todo el siglo anterior halló medio de frustrar cuantas reformas se recomendaron y propusieron, arrebatando con un proceso oculto al audaz ministro ó funcionario que tenía el arrojo de concebirlas; aterrándole con alguna intimacion secreta para que las abandonase si las había llegado á emprender. En suma, que la inquisicion valía, ella sola al clero, riqueza y poder, porqué el impenetrable secreto con que procedía los hacía inútiles fuera de sus manos.

Vencida al fin en la controversia pública á que se vió obligada á comparecer; espuesta al juicio universal de los españoles con revelar lo que había sido en todos tiempos un arcano para

el

mayor número, no le quedaba mas recurso que esa misma ignorancia y credulidad que había fomentado en el inocente pueblo con tanta perseverancia y ardor. El manifiesto de las Cortes era el golpe mas terrible que se había descargado sobre ella desde su establecimiento. Despojado de toda verbosidad y ornato, presentaba con sencillez y claridad los fundamentos en que se apoyaba un congreso venerado por sus eminentes servicios, y por las pruebas tan señaladas que

había dado de sensatez y prudencia. Por lo mismo era necesario impedir esta funesta revelacion costase lo que costase.

La autoridad a quien tocaba ejecutar el decreto de las Córtes estaba de parte de la faccion inquisitoria. La regencia le servía en realidad de instrumento. Celeridad y reserva era lo que necesitaba para asegurar el triunfo. Un personage de alta categoría é influencia eclesiástica servía de centro y punto de apoyo a toda la empresa. Los primeros pasos permanecieron ocultos algun tiempo, hasta que descubrió el primer hilo de la trama un aviso reservado dirigido á un diputado de acreditada virtud

у celo religioso, donde se le decía, que el cabildo eclesiástico de cierta catedral había recibido

una circular en que se le comunicaba el concierto hecho en Cádiz entre varios prelados y otras personas constituidas en dignidad, para resistir abiertamente que se leyese en las parroquias el manifiesto de las Córtes. La revelacion, aunque estaba acompañada de circunstancias casi auténticas, no bastaba por sí sola para que se tomase ninguna providencia. En el entretanto, los anuncios se multiplicaban; por todas partes se esparcían rumores siniestros, hasta llegarse á decir que había movimiento de tropas de Sevilla hacia Cádiz.

Había mucho tiempo que el nuncio apostólico estaba designado como centro de la oposicion eclesiástica, y la frecuencia á su posada de los diputados ultramontanos y otras personas notables del partido anticonstitucional de aquella época no dejaba de aumentar las sospechas del público. Los recelos se escitaron ahora con mas

haberse traslucido que aquel prelado había hecho gestiones directas con el gobierno contra el decreto de las Córtes sobre la inquisicion. Finalmente, se acercaba el primer domingo en que correspondía leer el manifiesto en las parroquias. Este acto iba á ser el que despejase el orizonte tan cargado de obscuras y

fuerza, por

densas nubes, ó confirmase los fatales anuncios que tanta inquietud y sospechas habían causado.

Era entonces gobernador militar y gefe político de Cádiz un general * de marina, persona activa, de carácter firme y severo, y de la mas calificada integridad. Como presidente del ayuntamiento había, á nombre de esta autoridad, felicitado á las Córtes en sesion pública por haber abolido la inquisicion. Cualquiera que fuese el plan de la regencia y de la faccion inquisitoria, este magistrado era un obstáculo que convenía remover.

En la noche del sabado 6 de marzo fué separado del mando, y puesto en su lugar otro gefe de toda la confianza de los conjurados. Al dia siguiente desde muy temprano se advirtió en las parroquias un concurso inmenso á oir el manifiesto; pero en ninguna fué leido, ni apareció tampoco anuncio alguno que esplicase por qué no se daba cumplimiento al mandato de las Córtes. La separacion del gobernador, hecha precisamente la vispera por la noche del dia en que se daba este testimonio público de desobediencia al congreso, fué mirada como una provocacion, y no dejó ya duda de

* Don Cayetano Valdes.

que la regencia estaba resuelta á cometer un atentado.

La anxiedad y agitacion pintada en los semblantes de todos anunciaba una catástrofe. Sin embargo, la confianza que inspiraban la firmeza y energía de las Córtes contribuyó poderosamente á conservar todo aquel dia el órden y tranquilidad de la plaza. Los diputados constitucionales privadamente se concertaron sobre la conducta que debían observar en la sesion inmediata, resueltos á correr todos los riesgos.

Apenas se había empezado el despacho de los negocios, cuando se recibió un mensage del gobierno, acompañado de tres representaciones que le habían dirigido el vicario capitular de la diócesis, los curas párrocos de la ciudad y el cabildo eclesiástico de la catedral, en las cuales esponían respectivamente las razones en que se fundaban para no dar cumplimiento al mandato de las Córtes. El mensage, por su parte, decía que, “ La regencia del reino, si bien creía deber “ llevarse á efecto el decreto de las Córtes no “ había tenido por conveniente tomar medidas

vigorosas para que se le diese puntual cum

plimiento, temiendo que quizas contribuirían “ á turbar el orden y tranquilidad pública; por

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