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Con este acto de vigor se puso término á la odiosa y sanguinaria tentativa de escitar el fanatismo de los pueblos, y hacerles creer que se aspiraba con los decretos de las Córtes á destruir la religion, á introducir en su lugar la impiedad y la licencia, trastornar el estado y demas inepcias é imposturas con que se acompañan aquellas malignas y eternas declamaciones. La providencia era tan conforme con la opinion de todas las personas ilustradas, generosas у

sensibles

que tenían en su corazon la felicidad futura de su patria; se ejecutó con tal prontitud, órden y decoro, que ciertamente quedó plenamente justificada la confianza que se había concebido del acierto y vigor con que procederían las Córtes. Sin embargo es fuerza reconocer que la escesiva circunspeccion que observaron hasta este dia, disimulando la funesta conducta del gobierno durante muchos meses, especialmente en el importante periodo de establecer el orden constitucional, dió tiempo á la faccion inquisitoria para

exige que no se omita este hecho que debe existir en la memoria de algunos diputados que sobreviven aun, á quienes es natural creer que les fué comunicada entonces la espresada carta.

llevar tan adelante sus revolucionarias maquinaciones. Con ellas se proponía hacer á la nacion el generoso presente de una guerra teológica para restañar la sangre y enjugar las lágrimas que había derramado á torrentes, á fin de preservar al clero de una reforma de que Bonaparte le había dado anticipadas muestras en sus decretos desde Chamartin en diciembre de 1808. La que

le substituían las Córtes, ademas de ser justa, moderada y decorosa, se hacía con participacion y acuerdo suyo, interviniendo en el exámen

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sancion un número de miembros de su clase que casi igualaba al de todas las demas del estado.

Con esta vigorosa resolucion, no solo se evitó que se consumase un grande atentado contra la naciente libertad, sinó que se espuso á la consideracion pública el origen de la liga que, andando el tiempo, ahogó con sus sacrílegas manos el espíritu generoso de una nacion ilustre y desgraciada, víctima de la ingratitud y de la hipocresía conjuradas bajo el odioso influjo de los estrangeros, para repartir entre sí los despojos de lo que su patria había defendido con tanto teson y tanta gloria. Los hombres de luces

y penetracion que lo predijeron no podían enga

TOM. II.

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ñarse. Conocían demasiado el carácter revolucionario de una faccion capaz de arrojarse á tan temeraria empresa, en medio de una guerra todavía llena de peligros, y para ella mayores que para ninguna otra clase del estado. Los que incautos ó mal aconsejados contribuyeron entonces á templar la severidad con que se debía haber refrenado á una bandería de atrevidos hipócritas, y contenido en tiempo los males que no podía menos de traer sobre su triste é inocente patria la impunidad de su loca y atroz tentativa, es probable que hayan llorado dentro de su corazon su yerro. ¡Quiera el Cielo, que, ya que sus lágrimas no hayan sido parte para reparar el daño, sirvan de ejemplo saludable á los que la suerte destine algun dia para redimir de nuevo á la nacion de la ignominiosa esclavitud á que se ve condenada!

Las Córtes, despues de nombrar la regencia, encargaron al gobierno, que ademas de hacer cumplir su mandato sobre el manifiesto, procediese en otros puntos conforme a las leyes y decretos existentes. Esta resolucion no permitía disimular la conducta de los que habían resistido abiertamente al cuerpo representativo de la nacion. La regencia sin detenerse dispuso que se

formase causa al vicario capitular, y á los comisionados del cabildo eclesiástico de Cádiz, considerándolos no solo desobedientes, sinó tambien fautores y promovedores de una liga contra la autoridad suprema

del estado. Todos ellos acudieron a las Cortes acusando al ministro de gracia y justicia como infractor de la Constitucion por haberlos desaforado y suspendido ademas de las temporalidades, mientras se sustanciaba su proceso. Esta queja pasó al exámen de una comision especial, y fué causa de una revelacion importante para la historia, que hallará, en los documentos que entonces se publicaron, preciosos comprobantes de la conjuracion y liga que, á salir triunfante en aquella ocasion, hubiera sepultado en un profundo misterio, borrado y destruido hasta los menores vestigios de sus tramas, para que se mirase a los que la formaron como varones intrépidos y esclarecidos, animados del mas puro celo por la religion, y de la mas ardiente caridad.

El acuerdo de las Córtes que sirvió de pretesto á los conjurados para empezar la liga con formalidad, decía, entre otras cosas, que se publique un manifiesto, en el que, con estilo laconico, sencillo

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acomodado a la inteligencia de todos, se

espongan los fundamentos y principales razones que han tenido las Cortes para substituir a la inquisicion los tribunales protectores de la religion; y que se lea en las parroquias por tres domingos consecutivos. Aunqué pocos diputados se opusieron á este acuerdo, y aunqué todavía le aprobaron varios de los que habían votado antes por el restablecimiento de aquel tribunal, la faccion inquisitoria determinó contradecir abiertamente este mandato. Parecíale que este acto de fortaleza inflamaría al pueblo, y le predispondría á sostenerla en cuanto hiciese, ó intentase para recobrar lo que creía haber perdido en los debates sobre inquisicion, y demas reformas contrarias á sus miras y bienes temporales, disfrazados con capa de religion é interes espiritual de la iglesia. Esta resistencia debía apoyarse en una confederacion de todo el clero, y en la connivencia

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disimulo del gobierno, sin cuyo auxilio ni podía conservarse el secreto, ni conducirse la trama con seguridad.

Las Córtes formaron su acuerdo en la sesion pública de 5 de febrero de 1812.

El dia siguiente el cabildo eclesiástico de Cádiz celebró junta estraordinaria, y en ella deliberó, que por cuanto presumía que las Córtes iban á publicar

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