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les no se descuidaban en aprestarse para la defensa y solicitar á todos los que podian para que los valiesen en aquel peligro. En particular con un embajador que enviaron á España hicieron instancia con el rey Católico para que se declarase contra Francia. Alegaban para movelle el deudo grande, que era ser primo hermano y juntamente cuñado del rey de Nápoles don Fernando. Proponíanle el peligro que correria lo de Sicilia si los franceses se viesen señores de Nápoles. Todo csto no bastó para que el rey Católico rompiese con Francia; solo se determinó de enviar al Papa á Garcilaso de la Vega para aseguralle en la proteccion y buena voluntad que mostraba á los reyes de Nápoles; y á don Alonso de Silva, hermano del conde de Cifuentes y clavero de Calatrava, despachó para Francia con intento de divertir aquel Rey del propósito que tenia y avisalle que si otra cosa hiciese, él no podia desamparará sus deudos y aliados. Todo esto pasó al principio del año de nuestra salvacion de 1494, cuando los reyes don Fernando y doña Isabel, que hasta entonces se habian entretenido en Aragon, de Zaragoza, do estaban, partieron para Tordesillas, y desde allí pasaron á Valladolid y á Medina del Campo; allí les llegó aviso que el rey don Fernando de Nápoles era pasado desta vida. Falleció á 25 de enero cargado de años y cuidadoso del remate de aquella guerra; desgraciado por una parte á causa del peligro en que dejaba sus cosas, ocasionado principalmente de su áspera condicion, por otra parte dichoso por no haber visto echado por tierra aquel su reino poco antes muy florido y muy rico. Sucedióle don Alonso, su hijo, en ninguna cosa mas agradable á sus vasallos que lo fué su padre. Coronóle el cardenal Juan de Borgia, al cual el Papa, su tio, para este efecto envió por su legado á Nápoles. Asimismo el Papa este año concedió por su bula á los reyes de Castilla perpetuamente las tercias, no solo de Castilla y de Leon, sino tambien del nuevo reino de Granada, con condicion que se gastasen en la guerra contra los moros. En Tordesillas, á 7 del mes de junio, se tomó asiento sobre la diferencia que tenian Castilla y Portugal en sus navegaciones de las Indias, de tal manera, que la conquista y descubrimiento de los castellanos comenzase treinta y seis grados mas adelante de Lisboa hácia el poniente; desde allí todo el medio mundo hácia levante perteneciese á Portugal, como queda arriba tocado. Asimismo en la conquista de Africa, sobre que tenian tambien diferencia, se dió traza por este tiempo que la conquista del reino de Fez perteneciese á Portugal, y á Castilla la del reino de Tremecen; si bien no se señaló la línea por do se dividiesen, que fué ocasion de nuevos debates.

CAPITULO VII. Que el rey de Francia se apoderó del reino de Nápoles.

Juntaba el rey de Francia todas sus fuerzas resuelto de pasar en persona á Italia; hacíase la masa del ejército en Leon de Francia. Acudió allí desde Ostia, do por miedo del Papa estaba retirado, el cardenal de San Pedro para dar calor á aquella empresa. Por el contrario, don Alonso de Silva, conforme al órden que llevaba,

hizo de parte de su Rey sus protestaciones para que no pasasen adelante. Sin embargo el Francés, dejando por gobernador de Francia á Pedro, duque de Borbon, su cuñado, partió con toda su gente de aquella ciudad un mártes á 22 de julio. Llevaba en su compañía toda la nobleza de Francia. El ejército era de hasta veinte mil infantes y cinco mil caballos; para pagar esta gente tomó dineros prestados de los señores, demás de ciento y cincuenta mil francos que recibió de un cambio ginovés; pequeña suma para gastos é intentos tan grandes. Acometió el rey don Alonso á alterar el estado de Génova con una gruesa armada que envió para este efecto, y por almirante á su hermano don Fadrique; por tierra despachó á su hijo el duque de Calabria para que hiciese la guerra en las tierras de Milan. Todo le sucedió al revés, porque don Fadrique no hizo cosa de momento, y al de Calabria no dejaron pasar de la Romaña las gentes de Francia y de Milan que acudieron á estorballe el paso. El rey de Francia no paró hasta que por sus jornadas pasó las Alpes, y llegó á la ciudad de Aste á 9 de setiembre, principio del estado de Milan, y sujeta al duque de Orliens, que entre los demás iba á aquella empresa, y pretendia tener derecho muy cierto á todo aquel estado. Andaba el embajador de España don Alonso en aquella corte muy desfavorecido y mal mirado, tanto, que en Viena de Francia le mandaron despedir; pero él pasaba por todo con gran disimulacion como persona que era muy sagaz, puesto que pasaron tan adelante, que en la ciudad de Aste no le dieron aposento, y le fué forzado salirse de aquella corte y partirse para Génova; desde do trató con Luis Esforcia, que ya comenzaba á estar arrepentido de lo hecho, que se confederase con el rey Católico con intencion que le dió de que una de las infantas casaria con su hijo mayor, atento que no podian casar con otros príncipes por el asiento que se puso con Francia. Cebóso Luis Esforcia tanto con esta plática, que desde entonces se resolvió en mudar partido, dado que acudió á Aste para festejar al rey de Francia, y le dió cantidad de dinero para el sueldo de la gente de guerra. Con tanto y con dejar en Aste al duque de Orliens, que pretendia aprovecharse de aquella buena ocasion para apoderarse del estado de Milan, el Rey pasó con su gente á Pavía; allí visitó al duque Juan Galeazo, que se hallaba muy al cabo de una grave enfermedad, y era su primo hermano; porque las madres de los dos eran hermanas, hijas de Luis, duque de Saboya. Partido el Rey la via de Placencia, falleció el Duque á21 de

octubre con claras señales del veneno que le dieron; co

sa que, fuese verdad ó mentira, aumentó en gran mamera el odio que tenian contra su tio. Todos condenaban y maldecian un caso tan atroz, pues no contento con habelle quitado el estado, le despojó de la vida con tanta crueldad. Llegó el rey de Francia á Placencia el mismo dia que murió el Duque, y en su compañía el mismo Luis Esforcia; mas sabida la muerte de susobrino, á la hora dió la vuelta á Milan. Allí públicamelte y sin ningun empacho tomó el nombre é insignias de duque de aquella ciudad, sin embargo que su sobrino dejaba un hijo de cinco años, llamado Francisco Esforcia, y otros dos hijos y la mujer preñada. Cuán

HISTORIA DE ESPAÑA.

poderosa es y perjudicial la desenfrenada codicia de mandar! Todo lo atropella sin tener temor de Dios ni vergüenza de las gentes, en tanto grado, que el mismo dia escribió al rey don Alonso sobre la muerte de su sobrino, en que le avisaba que la nobleza y pueblo de Milan le habian forzado á llamarse Duque; que entendia le daria esta nueva contento, pues sabia con cuanta voluntad acudiria á las cosas suyas y de aquel reino. De Placencia pasó el Rey á Toscana; acudíanle de todas partes embajadores, en particular los venecianos le enviaron los suyos para ofrecelle toda buena amistad; y el Papa le envió por su legado al cardenal de Sena, que llegó hasta Pisa, pero el Rey no le quiso ver. Los florentines despacharon áPedro de Médicis para el mismo efecto, el cual como sin guardar la comision que llevaba concertase de entregar al Francés á Sarazana, Sarazanela y á Piedra Santa, fuerzas que tenia aquella señoría en el Apenino, y los castillos de Pisa y de Liorna, con otras cargas muy graves; fué tan grande la indignacion del pueblo, que le desterraron á él y á sus hermanos el cardenal Juan de Médicis y Julian con tan grande furia, que pusieron á saco sus casas, y les confiscaron sus bienes, que eran muy grandes. Llegó el Rey áPisa, donde se detuvo algunos dias, y á instancia de los ciudadanos, dió libertad á aquella ciudad y la sacó de la sujecion de florentines, en que la tenian de muchos años atrás. En Florencia hizo su entrada el mismo dia que Pico Mirandula falleció en ella, en edad de treinta y cuatro años, persona de raro ingenio y excelente erudicion, por donde le dieron renombre de Fénix. Concertóse el Rey con los florentines en que, acabada aquella guerra, les restituiria sus fortalezas, y que ellos por contemplacion suya perdonarian á Pedro de Médicis y á sus hermanos, y para el gasto de la guerra contribuirian con ciento y veinte mil florines. Estaba á la sazon Roma muy alborotada, los cardenales poco conformes, la nobleza dividida porque Próspero y Fabricio Colona seguian el partido de Francia, y Virginio Ursino el de Nápoles, y los coloneses, junto con el cardenal Ascanio Esforcia, se habian los dias pasados apoderado de la ciudad de Ostia, por donde tenianá Roma puesta en grande aprieto y falta de bastimentos, que no le podian entrar por el mar. Todos tenian entendido que el Papa se concertaria con el rey de Francia, ó que pretendia salirse de Roma; por esto el pueblo comenzó á alterarse, y el Papa fué forzado en consistorio á desengañar los cardenales y caballeros romanos con decilles que su intento era favorecer la justicia, y si el rey de Francia porfiase á entrar con el ejército en Roma, hacelle rostro y defendérselo hasta morir en la demanda. Todas sus razones eran de poco momento para animar la gente, que tenian atemorizada las nuevas que cada dia venian de la llegada del Rey, yde los pueblos de la Iglesia de que los franceses continuamente se apoderaban. El mismo Pontífice, visto que no era parte para defender la entrada á enemigo tan poderoso ni con sus fuerzas ni con las de Nápoles, dado que don Fernando, duque de Calabria, estaba á la sazon aposentado en el Burgo con buen número de gente, despedido el Duque porque no le fuese hecho algun agravio, se retiró al castillo de Santangel. Final

249 mente, el Rey con toda su gente entró en Roma, postrero de diciembre, principio del año 1495, con grandes demostraciones que todo aquel pueblo y aun algunos de los cardenales hicieron de alegría y contentamiento. Aposentóse en el palacio de San Márcos. En esta sazon el cardenal de España don Pedro Gonzalez de Mendoza falleció en Guadalajara, á 11 dias del mes de enero, en edad de sesenta y siete años y tres meses, persona de mucha nobleza y partes aventajadas, y que todo el tiempo que vivió tuvo gran mano en el gobierno del reino. En vida edificó un colegio en Valladolid; en su testamento mandó se fundase á sus expensas un hospital en Toledo, y le nombró por su heredero. El título de ambas fábricas, de Santa Cruz. Vacó por su fin la iglesia de Toledo. Quisiérala el Rey para don Alonso, su hijo, arzobispo de Zaragoza; la Reina no vino en ello; ofrecióla al doctor Pedro de Oropesa, del su consejo, persona de virtud muy aventajada, natural de Torralva, aldea de Oropesa; no aceptó por mucha instancia que sobre ello le hicieron. Finalmente, se dió á fray Francisco Jimenez de Cisneros, fraile menor, de virtud muy conocida y de altos pensamientos. Su natural Tordelaguna, sus padres pobres; estudió derechos, adelante fué capellan mayor y provisor de Sigüenza por el cardenal de España. Tomó el hábito de san Francisco en San Juan de los Reyes en Toledo; vivió tiempo en el Castañar y en la Sazeda, monasterios recoletos de aquella órden. Cuando le nombraron por arzobispo era confesor de la Reina; algunos años adelante le dieron el capelo y le hicieron cardenal. En Roma se trataba de concierto entre el Papa y el rey de Francia; intervinieron personas de autoridad, por cuyo medio se concertó que el cardenal de Valencia fuese en compañía del Rey con título de legado, y que le entregase el hermano del gran Turco, y que se pusiesen en su poder los castillos de Civitavieja, Terracina y Espoleto para que durante aquella guerra se tuviesen por él. Con esto se obligó el Rey, fenecida aquella guerra, de hacer restituir la ciudad de Ostia á la Iglesia, y que antes de su partida daria en persona la obediencia al Papa, como lo hizo poco dias adelante en el palacio de San Pedro. Ayudó mucho á facilitar estos conciertos el capelo que se dió entonces á Brisoneto, obispo de San Maló. Hecho esto, el Rey partió de Roma á 28 dias de enero la via de Nápoles, donde tenia aviso que la ciudad del Aguila y otros muchos lugares sin ponerse en resistencia ni esperar los enemigos se le habian rendido y alzado por él banderas. El rey don Fernando, avisado de lo que pasaba y particularmente del poco respeto que se tuvo al Papa, determinó declararse; para este efecto desde Ocaña, do estaba fin del año pasado, despachó á Antonio de Fonseca y á Juan de Albion para requerir al Francés que desistiese de hacer guerra á Roma y á las tierras de la Iglesia, pues sabia que en el asiento que se tomó el año pasado exceptuaron la persona del Papa y sus cosas. Juntamente despachó al conde de Trivento para que fuese general del armada que tenia aprestada en Alicante; por otra parte, enviaba á Gonzalo Fernandez de Córdoba con quinientas lanzas para que hiciese la guerra por tierra. Los embajadores llegaron á Roma

el mismo dia que partió el rey de Francia; sin detenerse fuerzas y ánimo para poner el pecho al trabajo. Mucho le siguieron, y como le hallaron en el campo á caballo, quisiera que las cosas estuvieran en estado con que pule presentaron las cartas que llevaban de creencia, y le diera mostrar al mundo cuán poco caso hago de sus protestaron no pasase adelante sin satisfacer primero grandezas. Esto fuera muestra de valor; y no lo será de á la Iglesia. Turbóse el Rey con esta embajada; respon menor prudencia rendirme á la necesidad, cuyas fuerdió que llegado á Velitre, les daria audiencia. En aquel zas son muy grandes, pues no todas veces el sabio piloto lugar declararon mas por extenso su ernbajada; la debe contrastar á las olas y al viento, antes caladas las suma era quejarse de los agrarios y desacatos hechos al velas, dejar pasar la tormenta. Finalmente, esta es mi Papa ; y en cuanto á la empresa del reino, protestalle determinada resolucion; y pues no puedo ayudar en este po pasase adelante sin que primero por términos de aprieto, quiero, aunque lo siento á par de muerte, sajusticia se declarase á quién pertenecia. Hobo deman-lirme desterrado de mi cara patria, siquiera por no ver das y quejas de una y otra parte; por conclusion, el Rey los trabajos de mi casa y de mi reino. Por ventura con se resolvió, y dió por respuesta que tenia las cosas tan este sacrificio que yo hago de mí mismo se aplacará adelante, que no se podia volver atrás; que conquistado Dios y alzará la mano del castigo, y los hombres, movie aquel reino, holgaria se viese por términos de justicia dos á compasion, acudirán con mayor voluntad á nuesel derecho de cada cual. Entonces Antonio de Fonseca tra defensa. No será menester encomendar á los que replicó : « Pues vuestra majestad así lo quiere, y sin presentes estáis, ni á los ausentes, que guardeis la lealdar lugar a la razon determina proceder por via de tad acostumbrada al nuevo Rey, ni á él que tenga cuifuerza, Dios nuestro Señor, que está en el cielo y suele dado con sus súbditos y con remunerar vuestros servivolver por la inocencia, será el juez desta causa; por lo cios, que confieso han sido muchos y muy grandes.» menos el Rey mi señor con hacer esto ha cumplido Hízose este auto de renunciacion, a los 23 de enero, en con lo que debe, y de aquí adelante quedará libre para el castillo del Ovo, do se recogió para este efecto el rey disponer de sí y de sus cosas y acudir con sus fuerzas don Alonso. Desde allí con su recámara, que era muy donde y como le pareciere. » Esto dijo, y juntamente rica, se embarcó para Sicilia, determinado de pasar en en presencia del Rey y de su consejo rasgó la escritura Mazara, ciudad que era de la reina doña Juana, su made la coucordia que se concerlara últimamente; grande drastra, lo restante de su vida en hábilo clerical. Escriosadía, y que faltó poco para que no pusiesen en él las bió a los príncipes en razon de lo que hizo; y en partimanos; pero en fin los dejaron volver á Roma. Fué esta cular al rey don Fernando decia que su edad y poca saembajada de grande efecto, porque el Papa se animó lud le habian forzado a tomar aquella resolucion, y el con ela, y se determinó de no pasar por el concierto escrúpulo de la conciencia por volo que tenia hecho de hecho con el Francés; y la noche siguiente el cardenal partir mano del gobierno y dejar la corona. La verdad de Valencia se salió disfrazado de Velitre, aunque no era que por ser muy aborrecido de los suyos, y su hijo tomó el camino de Roma porque no se entendiese huia

muy bienquisto, entendió con aquella traza reparar alcon orden del Papa; sino fuese á Espoleto, ciudad de gun tanto el peligro. Vivió poco tiempo, aun no año enla Iglesia muy fuerte.

tero despues desto, ocupado en ejercicios virtuosos. Su

cuerpo está enterrado en la iglesia y capilla mayor de CAPITULO VIII.

Mecina, al lado del Evangelio, con un letrero en dos Que el rey de Francia entró en Nápoles.

versos latinos muy agudos, que hacen este sentido : Al mismo tiempo que el Francés estaba en Roma,

DE ALONSO HUYES MIENTRAS LAS ARMAS HUETE,

MATAS AL DESARMADO. QUÉ PREZ, QUÉ LOA, don Alonso, rey de Nápoles, perdida la esperanza de

MUERTE, DE MUERTE TAL?¡OH GRANDE ALEVE! poderse defender, trataba de renunciar aquella corona, que aun no habia tenido un año entero. Junto para esto El nuevo Rey, luego que se encargó del gobierno, salió los grandes de su reino y los principales de su consejo, en paseo por toda la ciudad, y para granjear mas las juntos les habló en esta manera : « Bien veis, amigos y voluntades mandó soltar gran número de presos, asi de parientes, el aprieto en que están las cosas. El enemigo la nobleza como del pueblo; solo quedaron presos Juan poderoso y bravo á las puertas; en los nuestros poca Bautista Marzano, hijo de Marino Marzano, príncipe de seguridad; no se dan mas priesa á entrar los franceses, Rosano y duque de Sesa, y el conde del Pópulo, que es que los del reino á rendirse y alzar por ellos las bande taban en prision desde que se acabó la guerra de los Baras. Los socorros de fuera están lejos, y los que eran rones, y eran enemigos mortales de la casa de Aragon. mas obligados á valernos muestran cuidar menos de Con esto salió de Nápoles para volver á su ejército, que nuestra afrenta. No pretendo quejarme de nadie ni quedó en San German á los confines del reino, por donmostrar en esta parte flaqueza; mis pecados son, bien de parte término con las tierras de la Iglesia. Dejó en lo veo, y es justo que lo laste quien lo hizo. La vida no el gobierno de Nápoles á don Fadrique, su tio, principe está en poder y en mano de los hombres. Dios es el que de Altamura. Llegó el rey de Francia con su ejército é alarga y acorta sus plazos como es servido. Con lo que ponerse sobre San German; por esto al pueblo fué foryo puedo satisfacer es con esta corona que quito de mi zoso rendirse, y al nuevo Rey retirarse á Capua, ciudad cabeza, como indigno de traella , y la paso á la del Du que tenian puesta en defensa, pero con la inisma facilique, mi lijo, de las esperanzas y valor que todos sabeis. dad se dió luego al Francés por trato de Trivulcio, Trueque de mucha ganancia , pues en lugar de un vie pitan de fama, natural de Milan, el cual á la sazon des jo y enfermo, os doy un rey mozo, valiente y que tiene amparó el partido de Nápoles y se pasé al de Fraucia, !

aun fué ocasion que Virginio Ursino y el conde de Pitillano, otros dos caudillos principales, fuesen presos por los franceses dentro de Nola. Estando el rey de Francia en Capua, murió el hermano del gran Turco, otros dicen que en Nápoles, para donde partió en breve, y con la misma facilidad sin hallar resistencia alguna entró en aquella nobilísima ciudad, un domingo, á 22 de febrero. El nuevo rey don Fernando, antes que llegasen los franceses, desamparada la ciudad y las demás fuerzas que en ella tenia, se recogió á Castelnovo, do ya estaba la reina viuda doña Juana y su hija y don Fadrique, su tio, con otros señores. De allí, por no asegurarse bastantemente, se pasó al castillo del Ovo, aunque estrecho, muy fuerte por estar asentado en un peñasco rodeado de mar por todas partes. Pretendia recogerse con los suyos en las galeras que allí tenia, con intento de pasar á la isla de Iscla, y de allí, si fuese necesario, encaminarse á Sicilia, como lo hizo, con esperanza que las cosas en breve tomarian otro camino, dado que los franceses procedian tan prósperamente, que en menos de quince dias desde los primeros confines del reino hasta la postrera punta de Italia todo se puso debajo de su obediencia; hasta los mismos castillos de Nápoles dentro de pocos dias asimismo se rindieron por traicion de los que á su cargo los tenian. Tambien se ganó el castillo de Gaeta por combate, fuerza que es y era de las principales de aquel reino. Yo dudo que empresa tan grande se haya jamás acabado en tan poco tiempo. Solo quedaban por el rey don Fernando algunos lugares en Calabria, reparo de poco momento, porque como el Rey se entretenia en Iscla sin podelles enviar socorro, cada dia se le iban rindiendo al enemigo. El mismo riesgo corria Rijoles, que al fin se entregó, si bien está á vista de Mecina, y allí se tenia la armada de España, pero sin órden de lo que se debia hacer.

CAPITULO IX. De la liga que se hizo contra el rey de Francia.

Luego que casi todo lo de Nápoles quedó por los franceses, los demás príncipes, así de Italia como de fuera della, comenzaron á considerar y comunicar entre sí cuán pesado seria el señorío de aquella nacion, si se arraigase en Italia. El rey don Fernando de España era el que corria mayor riesgo por lo de Sicilia, ca tenia aviso que concluido lo de Nápoles, pretendian pasar allá los franceses, á instancia principalmente del príncipe de Salerno, uno de los forajidos, y el mayor enemigo de la casa de Aragon. Para prevenirse deseaba que los demás príncipes se ligasen y juntasen sus fuerzas contra Francia. Para este efecto los meses pasados envióá Lorenzo Suarez de Figueroa á Venecia á mover esta prática con aquella señoría; y de nuevo al duque de Milan despachó 0tro caballero, por nombre Juan Deza, con órden de dar á aquel Príncipe intencion, no solo de casar una de las infantas con su hijo, sino de hacelle rey de Lombardía; cosas á que él daba orejas de buena gana. Trataba asimismo que el Emperador y el Inglés entrasen en la liga, tonquien de veras pretendia emparentar; y en especial el tratado que de dias antes se traia de casar á trueque el príncipe don Juan y la inauta doña Juana con el ar

chiduque don Filipe y Margarita, su hermana, se apretó de tal manera, que en fin se concluyeron los conciertos por medio de Francisco de Rojas, que para este efecto pasóá Flándes. Para el gasto de la guerra en Castilla y en Aragon se procuraba allegar dinero. En Aragon se juntaron Cortes para esto, en que pretendió el Rey presidiese la infanta doña Catalina; pero no salió con ello, y hobo de venir el Rey en persona á hacello. Fué tanta la diligencia, que en fin se hizo la liga en Venecia, donde concurrieron los embajadores de los príncipes por fin de marzo entre el Papa, el Emperador y rey de España con la señoría de Venecia y duque de Milan. Concertóse que esta liga, que llamaron Santísima, duraso por espacio de veinte y cinco años, y que entre todos se juntase un ejército de treinta y cuatro mil de á caballo y veinte y ocho mil infantes, repartidos conforme á la posibilidad de cada una de las partes. La voz era para defender la Iglesia y cada cual sus estados; el intento para echar á los franceses de Italia. Adelantóse

este negocio con tanto secreto, que el mismo embaja

dor de Francia Filipe de Comines, señor de Argenton, persona de gran prudencia y experiencia, que se hallaba en Venecia, no supo nada, y quedó de tal manera espantado, que dándole la razon de lo hecho el duque de Venecia Augustin Barbadico, como fuera de sí le preguntó si el Rey, su señor, podria volver seguro á Francia. Mucho se trocaron las cosas despues desto, mayormente que los neapolitanos se arrepentian de lo hecho á causa de los malos tratamientos y agravios que de ordinario recebian de franceses, cuyas demasías por todas partes eran grandes. Asimismo el duque de Milan se via apretado por haberse el duque de Orliens apoderado de la ciudad de Novara; además que tenia aviso que el Francés por medio de su armada pretendia alteralle y sacar de su obediencia lo de Génova, tanto, que le fué forzoso acudir con toda humildad á venecianos para que le ayudasen. El rey de Francia, avisado de lo que pasaba, porque no le atajasen el camino, determinó con toda brevedad dar la vuelta. Antes de su partida nombró por virey de Nápoles á Gilberto, duque de Mompensier, príncipe de la sangre; con él dejó parte de su ejército y otros capitanes de fama. Por otra parte envió á pedir al Papa la investidura de Nápoles, y que deseaba pasar por Roma para comunicar algunas cosas con su Santidad. Cuanto á la investidura, respondió el Papa que estaba aparejado á hacer justicia y dar la sentencia conforme á lo que hallase; en lo de la ida de Roma, que no podria ser sin grande escándalo por estar el pueblo muy indignado contra los franceses. Con esta respuesta, que no fué nada gustosa, apresuró el Rey su partida. Salió de Nápoles á 20 de mayo. Llegó en breve á Roma; no halló allí al Papa, que por no asegurarse de la voluntad del Francés, se retiró á Perosa. Pasó el rey de Roma áToscana, detúvose algunos dias en Sena, y sin tocará Florencia, llegó á Pisa. Pretendian los florentines les entregase aquella ciudad como se lo tenia prometido. La instancia y lágrimas de los pisanos, que le suplicaban los conservase en la libertad que les dió, fueron tantas, que le movieron á no determinarse. Partió de allí á Lombardía. Acudió para atajalle el camino Francisco, Inarqués de Mantua, al cual la señoria de Venecia nombrara por general de sus gentes. El Francés rehusaba por su poca gente de venir á las manos con los contrarios, y se apresuraba para juntarse con el duque de Orliens, pero no pudo excusar la batalla. Juntáronse los campos á las riberas de Tarro, rio que pasa á una legua de la ciudad de Parma. El de venecianos alojaba junto á Fornovo, aldea asentada á la raíz de los montes. El Francés se puso á la entrada de aquel valle; allí rompieron los ejércitos y se dió la batalla, que fué una de las mas famosas de Italia, en que los italianos desbarataron los primeros escuadrones de los franceses; mas como por tener la victoria por suya se embarazasen en robar el carruaje y tomar la artillería, los franceses tuvieron lugar de recogerse y volver en ordenanza con tal denuedo, que rompieron á los contrarios con gran matanza que en ellos hicieron. Vióse el Rey en gran peligro porque le mataron la gente de su guarda, y aunque vencedor, no pudo alcanzar de los contrarios le diesen treguas de tres dias; por donde fué forzado á cencerros atapados partirse para Aste. Ayudóle para no recebir algun daño y revés grande que aquel rio con su creciente impidió á los italianos que no le pudiesen tan presto seguir, aunque de los caballos ligeros que se adelantaron y de la gente de la comarca, que pretendian atajalle los pasos, recibió algun daño. En la batalla murieron pasado de cuatro mil italianos. El de Mantua sin dilacion se puso sobre Novara, donde tuvo al de Orliens muy apretado.

CAPITULO X. Que el rey don Fernando entró en Nápoles.

Apenas el Francés era salido de Nápoles, cuando las cosas comenzaron á trocarse en gran manera. La armada de España estaba en el puerto de Mecina, y por su general el conde de Trivento. Acudieron allí los reyes desposeidos don Alonso y don Fernando y la reina viuda doña Juana. Gonzalo Fernandez de Córdoba, á causa del tiempo contrario, con la gente que llevaba se detuvo algunos dias en Mallorca y en Cerdeña; en fin, aportó á Mecina á los 24 de mayo, en sazon que ya el rey don Fernando se apoderara de Rijoles con su fortaleza y otros lugares comarcanos de Calabria; provincia en que por órden del rey de Francia quedó por gobernador Everardo Estuardo, señor de Aubeni, un capitan muy valeroso y de fama. A Gonzalo Fernandez se entregaron Rijoles, Cotron y Amantia con otras plazas de aquella comarca para que, conforme á lo que tenian tratado, las tuviese en nombre de su Rey hasta tanto que se le pagasen los gastos que en aquella guerra se hiciesen y tambien para asegurar lo de Sicilia. Hobo alguna diferencia entre el nuevo Rey y Gonzalo Fernandez á causa que el Rey con todas sus fuerzas pretendia, pospuesto todo lo al, ir luego á Nápoles, para donde le convidaban aquellos ciudadanos aun desde antes que el rey de Francia partiese de aquella ciudad. Gonzalo Fernandez no queria desamparar lo de Calabria, do tenia aquellas fuerzas, y aun confiaba que todo lo demás tomaria la voz de España por la aficion que mostraban de estar debajo el amparo del rey Católico. Acordaron de ir á Semenara, pueblo que tenian muy apretado los franceses.

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El señor de Aubeni con su gente se puso en un sitio por dolos nuestros forzosamente habian de pasar. Vinieron á las manos; fué vencido el Rey, y aun fuera muerto ú preso, porque le mataron el caballo, si un caballero de su casa, llamado Juan Andrés de Altavila, no le socorriera con el suyo, con que el Rey escapó, y el caballero quedó muerto en el campo; grande lealtad para tiempos tan estragados. Dióse esta batalla, que fué al cierto muy famosa, á los 21 de julio. Recogiéronse los nuestros á Semenara. Desde allí el Rey se partió para Sicilia con determinacion de pasar á Nápoles antes que la nueva de aquella desgracia allá llegase. Gonzalo Fernandez, desamparado aquel pueblo por no poderse defender, se fué con sus gentes á otras partes de Calabria, donde en breve se apoderó de diversas plazas y lugares sin parar hasta que allanó toda aquella provincia. El Rey con sesenta naves que halló en el puerto de Mecina, casi sin otra gente mas que los marineros, alzó velas, y en breve llegóá vista de Nápoles; entró en la ciudad el mismo dia que se dió la batalla de Tarro, es á saber, á los 6 de julio. Fué grande el alegría de los neapolitanos, alzaron las banderas por su Rey. El pueblo tomó las armas, saquearon las casas de los príncipes de Salerno y Bisiñano; el de Mompensier se recogió á Castelnovo, y en su compañía el de Salerno. Los de Capua hicieronio mismo que los de Nápoles, y todo lo de la Pulla se entregó al nuevo Rey, Salerno y otras ciudades sin número. Asimismo con la nueva que llegó de la batalla de Tarro, Próspero y Fabricio Colona, capitanes de gran nombre y cabezas de aquella casa tan poderosa, se concertaron con el rey de Nápoles, y dejado el partido de Francia, se pasaron al suyo. Por el contrario, los Ursinos se pusieron de la parte de Francia, cuyos prisioneros eran el conde de Pitillano y Virginio Ursino. Los castillos de Nápoles todavía quedaban por los franceses. Apretábanlos los contrarios. Un moro que estaba dentro del monasterio de Santa Cruz, que le tenian tambien por Francia, dió aviso á don Alonso, Davalos, marqués de Pescara, que le daria entrada en aquel monasterio. Acudió el Marqués de noche para hacer el concierto á un portillo de la muralla, donde aquel hombre alevosamente le hirió de muerte con un pasador. Esta desgracia se tuvo por muy grande por ser este caballero de gran valor y general por su Rey en aquella guerra. Dejó un hijo muy pequeño, que se llamó don Fernando, y adelante fué capitan muy señalado. En su lugar nombró el Rey por su generalá Próspero Colona. Los castillos al fin se rindieron, poco antes el de Mompensier y el de Salerno en la ar. mada que allí tenian se fueron á Salerno, ciudad que habia tornado á estar por Francia. En esta guerra de Nápoles se descubrió una nueva manera de enfermedad, que se pegaba principalmente por la comunicaciondes honesta. Los italianos le llamaron mal francés. Los franceses, mal de Nápoles. Los africanos, mal de España. La verdad es que vino del Nuevo Mundo, doeslo mal de las bubas es muy ordinario; y como se hobieso desde allíderramado por Europa como lo juzgan losmo avisados, por este tiempo los soldados españoles le lo varonáItalia y áNápoles. La isla Tenerife, una de las Co narias, se sujetó este año á la corona de los reyeso

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