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á la liga; usando de un ardid que muestra bien la solercia y artificio de un agente de la curia romana.

La nota á la regencia estaba concebida en estilo propio de legado. En las cartas particulares usaba otro lenguage. Insinuaciones y frases ambiguas en la que dirigía á los obispos. Sugestiones esplícitas y urgentes en las de los cabildos eclesiásticos. Como nuncio decía al gobierno que cumplía con los deberes de su mision pública y reconocida. A los prelados y cabildos se presentaba como arzobispo de Nicea para hacer causa comun con el clero de España, sin que se le pudiese atribuir intervencion de oficio en los negocios interiores del reino. La importancia de este incidente requiere que se inserten á la letra, como modelo de cautela y de

у astucia, algunas de estas cartas.

“ Ilustrísimo Señor: muy Señor mio, y hermano: He creido propio de mi ministerio

representar a la regencia sobre los decretos “ del augusto congreso que se circulan y man“ dan publicar, aboliendo la santa inquisicion ; “ y dar á V.S. I. para su gobierno esta noticia ; y la de que

el cabildo de esta catedral en sede vacante, con aprobacion de los señores obispos

“ residentes en esta plaza no piensan ejecutarlos “ sin la correspondiente consulta y madurez en

un asunto de tanta gravedad y consecuencia. “ La prudencia de V.S. I. hará con la debida

reserva, el uso que guste de esta noticia y

procederá en todo como le parezca justo. “ Dios guarde á V.S. I. m. a.–Cádiz á 5 de “ marzo de 1813.-Ilustrísimo Señor, b.l. m. de “ V.S. I. su mas atento, seguro servidor ; PEDRO,

Arzobispo de Nicea.—Ilustrísimo Señor Obispo “ de Jaen." La que

escribía á los cabildos era mas esplícita, y atendidas las circunstancias que se han indicado en esta trama, es una verdadera instigacion á entrar en la liga.

Ilustrísimo Señor: muy “ Señor mio, de mi mayor estimacion: Se va á “ circular el manifiesto de las Córtes y el de“ creto para que se lea en los tres primeros

domingos consecutivos á la misa conventual, á “ los señores obispos, con otros varios relativos á “ la abolicion del santo tribunal, al que se subs

tituye otro con el título de tribunal de la fe. “Los señores obispos que se hallan en esta

plaza piensan contestar, que en un asunto tan grave é interesante no pueden proceder á la

ejecucion sin consultar con sus cabildos; “ dando con esto tiempo á esponer cuanto con“ venga en la materia. El cabildo de esta • iglesia en sede vacante se niega tambien á la ejecucion, fundado en la representacion de sus

párrocos, y en varias otras razones que alegará “ en su contestacion. Yo he creido ser de mi

obligacion representar á nombre de S. S. opo“ niéndome á esto, sin preceder el consenti“ miento y aprobacion del papa, ó en su defecto “ del concilio nacional.

Me parece necesario “ dar á V.S. I. estas noticias para su gobierno, “ esperando que en un asunto tan grave se con“ formará con el dictámen de los demas señores “ ordinarios, haciendo este servicio importante “ á la religion, á la iglesia y á nuestro santí“simo Padre, cuya autoridad y derechos se per“ judican, á mi parecer, y no se favorece tam

poco á la dignidad episcopal. Todo esto

exige, como conocerá la prudencia de V. S. I. “ la mayor reserva, y bajo la misma comunicaré “ cuanto vaya ocurriendo, y pueda dar luz para “ nuestros procedimientos en lo sucesivo. Dios

guarde á V.S. I. m'. a'.--Cádiz 5 de marzo de “ 1813. -Ilustrísimo Señor, b. 1. m. de V. S.I. su

“ mas atento, seguro servidor; Pedro Arzobispo “ de Nicea.-Ilustrísimos Señores Dean y Cabildo “ de la Iglesia de Málaga, Granada, &c. &c.”

Estas cartas no necesitan comentario. Fácil es concebir la impresion que producirían, singularmente en los cabildos eclesiásticos, y demas personas a quienes se iniciase en el secreto de la liga, gestiones y solicitaciones directas de un personage que llevaba consigo todo el prestigio de legado de Roma, convertido ahora en gefe y cabeza de una oposicion, y abierta resistencia á la autoridad pública, suprema y representativa de la nacion; resistencia que se pretendía hacer creer estaba fundada y sostenida por todo el clero español para defender la religion, al ver amenazada la iglesia en su unidad, en su fe, en su doctrina, y en sus mandatos. Cuanto no debía halagar la vanidad del clero capitular, que un nuncio apostólico implorase su auxilio al mismo tiempo que se manifestaba tan conforme

у

unido con los prelados nacionales, tan instruido de sus sentimientos y sus deseos, tan dispuesto á continuar su correspondencia con ellos, y á tar cuanto fuese necesario para asegurar el triunfo de la causa que todos promovían. Qué fácil no era sorprender el celo del clero parro

concer

quial incauto, inesperto, y poco versado en las artes y política de la curia romana; y cómo podía dejar de creerlo así, y esperarlo un enviado

suyo amaestrado en ellas toda su vida, y que las aplicaba con conocimiento práctico á un caso singular y favorable, vista la inocencia de un pueblo piadoso, dócil y sencillo, y tan espuesto, por lo mismo, á que se le estraviase.

La moderacion y lenidad con que procedió la nueva regencia no dejaron descubrir los progresos de la liga ántes del 8 de marzo; pues en vez de ocupar los papeles á los conjurados y otras personas indiciadas de participacion para evitar ocultaciones, y que se destruyesen las pruebas que existían, el gobierno se contentó únicamente con pedir por oficios los acuerdos y cartas de que tenía noticia; dejándolos así en libertad de reservar de su conocimiento todo lo que no estaba espresamente designado en las órdenes.

Es muy probable que los cabildos comprovinciales, los obispos, el nuncio apostólico y demas personas que componían en Cádiz la faccion inquisitoria, hubiesen estendido por todo el reino una confederacion, que tenía por objeto propagar el espíritu de rebelion

у

abierta resistencia

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