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siciones para la conversion de los moriscos, y algunos frailes celosos y santos, en especial San Luis Beltran, se habían dedicado á su conversion con celo y caridad cristiana; pero tenían que

luchar no solamente contra el error, que era lo də ménos, sino contra los intereses, el ódio y las preocupaciones de los que debieran secundar su caridad. Durante el levantamiento de las Germanias de Valencia , degollaron los Agermanados á cuantos moriscos habían á las manos, aparentando celo religioso. Excitábalos á esta matanza un malvado clérigo portugués que hizo en Játiva el papel del encubierto (1). Mas no era celo religioso lo que movía á tales malvados, sino el perjudicar á los señores y títulos del país, de quienes eran vasallos los moriscos. Así es que los señores, no solamente protegian á los moriscos, sino que los armaban y ponían de guarnicion en los castillos.

El Emperador Cárlos V tuvo empeño de expulsar á los moriscos (2). Para ello acordó que todos los de Valencia se bautizasen, ó fueran expulsados: opusiéronse varios teólogos y canonistas al proyecto (3), manifestando que no había derecho para obligar á los infieles á que se bautizasen, ni se faltase á las capitulaciones hechas con ellos. A pesar de eso el Emperador envió al Obispo de Guadix para formar tribunal especial de Inquisicion, juntamente con el célebre P. Guevara, el maestro Fr. Juan de Salamanca, dominicano y predicador de S. M., y el Dr. Escarnier, oidor de la Audiencia de Cataluña. A pesar de la orden de perdonar á los apóstatas, y recibir benignamente a los conversos, se retiraron á la Sierra de Bernia, donde estuvieron tres meses en número de 16.000. Al fin se dieron á partido y ofrecieron bautizarse, como lo hicieron algunos de ellos en la villa de Morla. Pero viendo que la mayoría de ellos se negaba a convertirse, dió órden el Emperador para que los de Valencia saliesen del territorio para el dia 31 de Diciembre de 1525, y todos los restantes se fueran de Es

(1) Sayas : Anales de Aragon.
(2) Véase el S. 48 en este tomo.

(3) Entre ellos cita el cronista Sayas al insigne jurisconsulto Jaime Bonet, que por espacio de 38 años fué catedrático de leyes y cánones en Lérida, y lespués entró monje jerónimo (fol. 178).

paña durante cl mes de Enero de 1526 (1), debiendo marchar á embarcarse á la Coruña.

Las Cortes de Aragon, incluso ei brazo eclesiástico (2), manifestaron al Emperador enérgicamente los graves perjuicios que se iban á seguir á las iglesias y al Estado de la despoblacion consiguiente á la expulsion de los moriscos, manifestando que en Aragon, no solamente no eran perjudiciales, sino que eran necesarios, sumisos á sus señores, y que no se sabía caso alguno de que hubieran hecho apostatar á ningun cristiano. Finalmente, que D. Fernando el Católico al expulsar los moriscos de Castilla y Granada , había jurado á los aragoneses no expulsar los de Aragon. El Emperador no desistió, á pesar de eso, de su propósito: mandó expulsar á todos igualmente; pero cuando llegó el caso de ejecutar la medida, hallóse que no había medios de transporte, ni otras disposiciones para llevarla á cabo.

Tal era el estado en que se hallaba aquel árduo negocio, cuando hubo de fallarlo Felipe III. Los pareceres estaban divididos, aun entre los eclesiásticos mismos. Los más celosos, y especialmente el beato Patriarca D. Juan de Ribera, opinaban por la expulsion completa. Los políticos, los jurisconsultos у los títulos, opinaban en contrario. Ya no se pensó en obligarles principalmente á bautizarse, como se había querido en tiempo del Emperador. Se habia visto que los bautizados, especialmente en Aragon, eran tan moros despues como antes del bautismo. El negocio se trató en Valladolid con mucho detenimiento, y el Rey para salir de una vez de tal ansiedad, que no se hubiera calmado mientras los moriscos hubiesen estado en España, acordó su expulsion, expidiendo un bando en términos muy perentorios (3), que se publicó en 11 de Setiem

(1) Sayas, cap. 127 y 130.

(2) T'irmaron por el brazo eclesiástico D. Fr. Juan de Robles, ahad de Santa Fe, y Antonio de Talavera , chantre de Tarazona.

(3) Además de aquel bando se publicaron otros varios que pueden verse en la Coleccion de tratados de paz , por Abreu , tomo I, parte primera. El del Marqués de Caracena para expulsion de los moriscos de Valencià ( 22 de Setiembre de 1609): el del Marqués de San German para expulsion de los de Andalucía y Múrcia (15 de Noviembre de 1609 ): el del

bre de 1609. El Rey salió con esto de la ansiedad que padecia, ocasionada por la divergencia de opiniones de sus consejeros. Aun en el dia no todos convienen acerca de la equidad y utilidad de esta medida, apoyándola unos, é impugnándola otros, segun sus respectivas opiniones.

Los moriscos de Valencia se levantaron en el valle de Ayo ra y otros puntos inmediatos, reconcentrándose en el valle de Alajhuar, desde donde salían á talar los pueblos y campos de los cristianos. Pero no recibiendo los socorros que esperaban de fuera, hubieron de darse á partido, despues de una tenaz resistencia. Los de Aragon, que trataban tambien de resistirse, hubieron de resignarse á su triste suerte, y fué el pais donde se llevó la medida á cabo con mayor rigor. No asi en Valencia, la Mancha y Granada, en donde la connivencia de Jos señores hizo que muchos permanecierán bajo diferentes pretextos, y todavía en aquellos países pueden verse pueblos, que en trajes, costumbres é instintos pueden creerse moriscos, teniendo apenas ideas muy groseras del cristianismo.

Acerca del número de los expnlsos se ha escrito con mucha variedad. Los que han impugnado aquella medida han fijado el número en un millon: es el modo de redondear las cuentas. Por algunos papeles de la época se echa de ver, que el número no fué tan considerable, y los escritores coetáneos (1) lo presentan como muy inferior. Por papeles de aquel tiempo, que conservo en mi poder, aparece el cálculo siguiente:

CASAS.

En el distrito de Zaragoza.
Alcañiz..
Montalban..
Calatayud..
Tarazona.
En la parte de Levante.
De Poniente. .

1.462

163 225

400 1.296 11.619 20.196

Total de casas..
Computadas á cinco personas son.

35.361 176 805

Marqués de Aitona para los de Aragon ( 29 de Mayo de 1610). Para los de Castilla y Extremadura ( 10 de Julio de 1610).

(1) Fr. Márcos de Guadalajara en su continuacion de la historia de Illescas. Además escribió un tomo en 4.°, sobre la expulsion de los moriscos. De los registros de embarque de los principales puertos del Mediterráneo y de los reconocidos en Búrgos, aparecen 111.694 sin contar los niños pequeños. Permitióse quedar en España un 5 por 100 de ellos, de modo que el un cálculo se aproxima al otro, y por tanto puede fijarse en unos 150.000 cuando más el número de los moriscos expulsados de España (1). Su suerte fué harto aciaga, pues al llegar al África fueron maltratados, perseguidos y desbalijados bárbaramente.

No escarmentando con eso los que aun quedaron en España, escribían algunos años despues à Muley-Zidan una carta (2), que fué interceptada por el comandante militar de Mallorca, en la que se le decía, que si quería invadir á España podia contar con 150.000 moriscos, tan moros como sus vasallos.

Se ve, pues, que ni Felipe III fué tan criminal como se le ha querido suponer , ni la cuestion era de tan fácil solucion como se la cree hoy en dia , ni toda la culpa fué de Felipe III, pues venía ya la cuestion prejuzgada por los Monarcas del siglo XVI, en el mismo sentido en que obró éste, y finalmente que el número de expulsos no fué tan grande como se ha querido suponer, ni tantos los males consiguientes. Ciento cincuenta mil hombres los pierde una nacion en cualquiera epidemia, y áun más en una guerra civil.

No se puede negar que la expulsion de los moriscos perjudicó algo á nuestra industria, y que hizo bajar las rentas de las iglesias y señoríos. Las diócesis de Zaragoza, Valencia y Tarazona padecieron tanto con ella, que apenas hubo beneficio, cuyo valor no bajase cási en una mitad. Esto era previsto de antemano; y puesto que la Iglesia perdió á sabiendas en sus intereses materiales por salvar la pureza de la fe, y mirar por la tranquilidad de la nacion, no hay derecho para culparla

por ello.

(1) La estadística que aquí se publica la ha dado tambien á luz el Señor Sangrador en su Historia de Valladolid , tomo I, fól. 469. Porreño (Memorias de Yañez, pág. 209) pone 150.000, si bien dice que otros los hicieron subir á 200.000.

(2) La cita el Sr. Sangrador (con referencia al archivo de Simancas) en el tomo I de la Historia de Valladolid, pág. 470, en la nota.

CAPITULO XXI.

FALSARIOS A FINES DEL SIGLO XVI Y DURANTE EL XVII.

FUENTES.-D. Nicolás Antonio: Censura de historias fabulosas , obra pós-

tuma publicada por D. Gregorio Mayans y Siscar.-Mondéjar (Marqués de): Sus Obras, disertacion 5."-Godoy Alcántara (D. José), Memoria premiada por la Real Academia de la Historia.

g. 139.

Propension á toda clase de supercherias durante el siglo XVII.

La Iglesia de España había llegado durante el siglo XVI al más alto grado de esplendor en su parte científica; era de temer por eso mismo una decadencia deplorable: cuando el sol ha llegado a su apogeo, principia á declinar. Ya durante aquel se habían presentado varios fanáticos que pretendían hacer pasar su hipocresía por santidad. El afan de figurar y pasar por grandes sujetos á poca costa extravió á varios hombres de talento, hasta el punto de falsificar monumentos é historias, que suponían encontrados en los archivos; reproduciendo las falsificaciones del siglo XI, manchando nuestra historia eclesiástica con estupendos abortos, que aún hoy en dia nos hacen dudar si mucho de lo que escribimos, y algo de lo que veneramos, será invencion de aquellos malvados. Que los falsarios de los siglos IX y XI tratáran de apoyar la nueva disciplina, ó los derechos existentes, con documentos fraguados por ellos, es muy feo, y como tal se ha combatido; mas puede merecer alguna indulgencia en una época de rudeza , atraso é ignorancia. Pero que estos engendros del error у de un falsa piedad se dieran á luz en los siglos XVI y XVII, época de tanto saber ; que por una supersticion grosera , estúpida y anticristiana se llenara la historia de supercherías y glorias postizas, cosa es que no se puede llevar en paciencia, ni atenuar bajo ningun concepto. Cási llegaría á desearse ha

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