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existia ya en el fondo del corazon de todos. El célebre de sus familias. Con razon pues los primeros fundadoSertorio, despues de haberse apoderado de España, fin- res de las ciudades pusieron en la religion el fundagia para engañar á pueblos sumidos aun en la barbarie mento de la felicidad pública y castigaron, ya con el que una cierva acostumbrada ya de tiempo á acercársele destierro, ya con la muerte , á los que miraban coa al oido le comunicaba lo que debia hacer por órden de desprecio el culto de los dioses, pues no creian que pulos dioses. Son verdaderainente estos recursos necios; diese ser feliz qua república en que que lasen impunes mas es indudable que apelaron á ellos justamente por los hombres impíos y malvados que habian de inficiohaber comprendido que ni es fácil que los hombres vi- nar por fuerza a los demás ciudadanos y encender la van en sociedad, sin leyes ni que las leyes ejerzan sin cólera de Dios con sus infames y detestables hechos. Y el auxilio de la religion una influencia decisiva. Pre- no se contentaron con prescribirlo de palabra , pues tender borrar la religion entre los hombres seria que- dieron de ello ejemplo frecuentando los lugares sarer quilar el sol al mundo, pues no reinaria mejor con- grados y ejecutando por sí mismos las ceremonias relifusion ni habria mayor perturbacion en los negocios giosas, ya privadamente, ya en público, hasta el punto que si pasásemos la vida en profundísimas tinieblas. de llegará ser en las mas de las naciones reyes y sacerdoSi no hubiese para nosotros Dios ni creyésemos que tes, como nos lo indican muchos monumentos históricos toma parte alguna en los negocios del mundo, ¿qué antigyos. Aun pasando por alto á los que gobernaron fuerza tendrian las relaciones entre los hombres, ni las el pueblo judío , sabemos que los principes romanos alianzas que verificasen , ni los contratos que hiciesen? no hicieron nada sin consultar anles los agüeros, que Estamos compuestos de cuerpo y alma; al cuerpo pue- muchos abdicaron el imperio, y otros renovaron los de hacérsele fuerza y aprisionarle y encadenarle; mas comicios solo porque así creian haberlo mandado las al alma , que goza de una libertad completa, ¿con qué dioses que adoraban. Se dirá que esto era una necedad cadena sino es con las de la religion podrá impedirse y lo confieso , pues nada puede haber mas torpe que la que se precipite á la maldad y al crímen? Hay en el religion pagana; mas lambien sostengo que obraban corazon del hombre muchísimos dobleces, y será tan

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en esto prudentemente, porque no confiaban el éxito fácil que prometamos como que faltemos á la palabra de sus empresas al capricho de la suerte, anles bien cuando hallemos para ello coyuntura, si no estamos creyendo que todo se gobernaba por la voluntad de firmemente persuadidos de que cuida el cielo de casti- Dios, le consultaban, así para los negocios de la paz cogar y vengar nuestros delilos. Pruébalo el consenti- mo para los de la guerra, y estaban mas dispuestos á miento universal de todos los pueblos que no creen hacer esta con sacrificios religiosos que con la fuerza asegurados los pactos entre los hombres si no los ven de las armas. No seguian en esto el ejemplo de Numa, confirmados con la santidad del juramento , ni los pac- quien , diciéndole uno, los enemigos de Numa están tos públicos sin ofrecer los acostumbrados sacrificios. preparando la guerra contra tí; y yo, contestó, estoy No por otro motivo pertenecia antiguamente al fecial ofreciendo sacrificios ; indicando con estas palabras declarar la guerra con el heraldo al enemigo; no por que las fuerzas de los contrarios mas se debilitan cone! otra razon el caduceador acostumbraba á sacrificar una ayuda de Dios que con la punta de las fechas y las lanpuerca cuando pasaba á concluir la paz entre pueblo y zas. Dios pues favorece á los buenos y es enemigo de pueblo; no por otra razon se procuraba santificar con los impios, y el valor con que se alcanza la victoria es ceremonias sagradas el matrimonio, el nacimiento de otro beneficio que solo á Dios debemos. En España lelos hijos, todos los actos algo importantes de la vida. nemos aun de mas reciente feclia otro ejemplo seineEn el capitolio la fe estaba consagrada junto á Júpiter jante, que no es menos notable. Cuando se estaban y adorada con gran fervor y celo; y es evidente que echando los cimientos de nuestro imperio actual, descon esto no se quiso dar á entepiler sino que la se es pues de la invasion sarracena , Fernando Antolinez tan querida de Dios, que quiere vivir unido con ella y permaneció en el templo para implorar el favor divido ser con ella objeto de igual veneracion y culto. De- durante la batalla que tuvo con los moros en Gormaz jadas empero á un lado estas cosas que no ofrecen la Fernan Garcia , conde de Castilla , que apenas habiz menor duda, tales como que con la religion se endulzan sabido la llegada de los infieles les habia salido al enlos dolores de la vida, que con ella se sancionan las leyes cuentro, cogido de un repentino temor, con el objelo públicas y los contralos de hombre á hombre, vayamos de libertar á sus pueblos del furor de los infieles. Cuán á lo que es principalmente el objeto de este artículo. agradable fuese esta piedad á Dios lo manifestó un miNo hay para mi cosa que robustezca mas los imperios lagro evidente, pues en aquella jornada peleó con tanque el culto religioso, ora considere la cosa en sí mis- to valor entre los mas bravos un genio del bien, muy ma , ora atienda á la opinion pública, en la cual des- parecido en la forma á Antolinez, que á este principa'cansan muchas veces las cosas de la vida mas que en el mente se atribuyó la victoria de aquel dia ; creencia poder y en las fuerzas materiales. Nadie du la de que la confirmada por las recientes manchas de sangre que humanidad está gobernada y dirigida por la inteligen- aparecieron en sus armas y caballo. Descubrióse descia de Dios, y si hemos de ser consecuentes, no pode- pues la verdad del hecho, y Antolinez, que se ocultala mos menos de creer que ha de ser aquella favorable á por temor de verse afrentado, ganó mas á los ojos de los buenos, contraria i los malos, vengadora eterna de todos en virtuel, fué mas ilustre, y recogió en vez de los conatos impios de los hombres, amante fervorosa ignominia las mayores alabanzas. Tal fué el fruto de de cuantos imploren su auxilio con sincero culto y puras su singular piedad, sin que podamos atribuirlo á sáoraciones , dejando á su voluntad su propia suerte y la bula ni á deseo de aparentar milagros, pues lia sido

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escrito y alestiguado por nuestros antepasados, que cierto y el mas constante apoyo para to toman de esto motivo para dar a conocer que Dios tie- de la república, nò admitas otra religioi ne muy en cuenta la religion y la virtud de los hom- na , ni permitas que la adopte ninguno e bres verdaderamente piadosos.

nos, si no quieres ver castigada esta falta No nos queda ya que hablar sino de cuánto sirve la dades públicas; porque nada hay mas aparem. religion para procurar á los principes el amor de sus gañoso que las falsas religiones, nada mas disol súbditos y excilar en estos los deseos de servir á aque- que dejar de adorar á Dios como le adoraron nuestros llos. Los pueblos creen generalmente que es superior padres. Evita toda clase de supersticion, len por futiliá los demás hombres, y por lo tanto inaccesible a toda sima y vana toda arte que pretenda aprovecharse del injuria y asechanza, el que mas brilla á sus ojos con la conocimiento del cielo para indagar lo suturo, no emluz de la religion y el claro resplandor de las demás plees nunca en la ociosidad ni en la contemplacion el virtudes. ¿Quién pues se ha de atrever á oponerse al tiempo debido á los negocios. Implora con puras y arque por su gran piedad creen firmemente que tiene á dienles oraciones el favor de Dios y de todos los santos, Dios por escudo? La reconocida bondad del príncipe principalmente de los que son nuestros tutelares; aparconmoverá todos los ánimos y atraerá tambien hácia ta tu entendimiento del camino que sigan lus sentidos él la voluntail de todos. Circuido de la proleccion de y elévale á la contemplacion de las cosas divinas; freDios y de los hombres, estará entonces fuera de los aza- cuenta los templos, guarda en ellos moderacion, silenres de la suerte y podrá arrollar y vencer todo género cio; viste en ellos con modesto traje para que te tomen de dificultades. Conocieron esto los grandes principes, tus ciudadanos por modelo, procura que no prosanen y cuidaron principalmente de la religion, hicieron la casa de Dios con imprudentes cuchicheos, con immas, ejercieron con sus propias manos el ministerio pudentes carcajadas, con hechos lascivos, que seria aun sacerdotal, ofrecieron con sus propias manos y con so- mas triste y repugnante; ve que en vez de alcanzar el lemnes ritos cruentos é incruentos sacrificios. Por esto patrocinio de Dios, que es á lo que se aspira, no se llaen las historias divinas y profanas llevan los príncipes y me la cólera de Dios sobre tu frenle y la frente de tu los legisladores el título de sacerdotes y pontifices, por pueblo. No porque estés sin testigos faltes nunca á lo eslo Hesiodo supuso á los reyes descendientes del Pa- que te exige la conciencia; ten horas determinadas para dre de los dioses, por esto Homero á los héroes que pensar con Dios, para pensar contigo, ya en tu gabinete, mas quiso inmortalizar les fingió queridos especialmen- ya en tu lecho; considera todos los dias la enorme carga te de ciertos dioses, suponiendo siempre que estaban que pesa sobre tus hombros y las faltas que llevas comebajo la tutela y salvaguardia de las divinidades á que se tidas; examina atentamente lo que has de enmendar y mustraban más afectos. Sabemos que Escipion, llamado corregir mañana. Te servirá de mucho ese cuidado para el Africano, acostumbró á frecuentar el capitolio y los que gobiernes bien tu vida, para que gobiernes bien tu lemplos de Roma, y que con este celo religioso, ya sin- imperio. Debes, por fin, portarte de manera que todos cero, ya acomodado á las circunstancias de los tiempos, comprendan que nada hay mejor que la religion, que alcanzó entre los ciudadanos una gran fama de probi- es la que nos instruye en el cullo del verdadero Dios, dad y se conquistó un nombre inmortal por sus haza- refrena nuestros deseos, suaviza los dolores y trabajos îas. Podria cilar muchísimos ejemplos de otros que de la vida, da fuerza á las leyes, conserva las sociesiguiendo las mismas huellas consiguieron una gran

dades humanas, procura cumplimiento de los congloria y riquezas no menores, mas deseo ya poner fin tratos hace agradables los príncipes á Dios y á los homá mi discurso.

bres, les colma de bienes, les proporciona una gloria Ten pues, ¡oh dulcísimo príncipe! por firme y se- inagotable, eterna. guro que en el cultivo de la religion se encierra el mas

LIBRO TERCERO.

CAPITULO PRIMERO.

sobre ellos pesan con honradez y rectitud de costum

bres de modo que resistan á la fuerza del dinero, del De los magistrados.

deleite y de ardientes y exagerados deseos, cosa inJuzga el pueblo felices á los que disfrutan del poder asequible si todos los agentes del gobierno á quienes viéndoles nadar en la abundancia y los placeres, que es

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está confiada alguna parte de la república y todos los lo que lienen en mas los hombres, pero yo los tengo empleados de palacio no llevan muchia ventaja á sus por los mas desgraciados de todos, pues sé que bajo la mismoscompañeros, á los ciudadanos y á todas las clases púrpura y el oro se esconden muchos y graves cuida- del Estado. dos, que sin cesar les sirven de tormento. Lo que en- ¡Cuán triste y pesada es por cierto la condicion del cuentro mas difícil es que puedan llenar los cargos que que gobierna! Evitar las faltas propias son muchos los

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que lo alcanzan , pues nos sentimos inclinados á ello | mismo modo que si estuviesen ála vista de todo el mure por la influencia de nuestra voluntad y la naturaleza do. Si entre los empleados de palacio saliese alguna de nuestra alma ; pero enfrenar los deseos de los de- muy leal, deberá destinársele solo á los negocios y al más, sobre todo cuando hay tanta corrupcion y es tan servicio particular del principe, no confiándole nunca crecido el número de empleados, es ya mas que de ningun cargo importante de gobierno, pues muclias hombres, es ya mas un don del cielo que un resul- cosas que podrian tambien encargarse á criados lietes tado de nuestra propia industria. En todos tiempos ha deben ser confiadas á otros para evitar la murmuracion habido principes que se han hecho acreedores á gran- y el vituperio. Conviene además tener en cuenta su des elogios, no tanto por sus virludes como por la in- orgullo, no sea que con la mucha libertad se lia gan arrotegridad de los que les han servido; mas en todos liem- gantes y se insolenten con los súbilitos, cosa que es uno pos tambien ha habido monarcas manchados con toda de los mayores y mas lemilles daños. Por esto se hiclase de torpezas que se han atraido el odio de los pue- cieron precisamente tan odiosos los nombres de Poliblos, menos por su culpa que por la de sus magistra- creto, Seyano y Palantes en el antiguo imperio, y los dos y servidores. Han sido estos, sin embargo, cri- de muchos empleados de palacio en nuestros tiempos minales , pues no han puesto el cuidado que debian en y en los de nuestros padres. Los que deben estar en la eleccion de sus ministros y demás empleados, y no compañía del príncipe son los que pueden llegar a ser han implorado nunca para ello el favor de Dios, que esclarecidos capitanes é incorruptibles magistrados; no les hubiera faltado en cosas tan necesarias si-lo mas mientras no se les haya confiado ningun cargo de hubiesen solicitado con oraciones puras y fervoroso la república, no debe consentirse en que se arroguen celo.

las facultades de otros, y se la de hacer, por lo contraHemos hablado ya mucho en el libro anterior acerca rio, que se contenten con obsequios domésticos y con de las virtudes del principe; hemos de discutir ahora la gracia de su príncipe. A mi modo de ver , esta grasobre la manera de gobernar la república, ya en tiempo cia debe distribuirla el rey entre muchos, sin permitir de paz, ya en tiempo de guerra, sentando reglas y pre- que crezcan indefinidamente unos pocos, cosa que raceptos que han de servir mucho para su defensa al ras veces deja de producir daños y trastornos, y excita principe el dia en que llegue á coger las riendas del go- la envidia y la sospecha de muchos, y sirve mas bien bierno. Debemos ocuparnos ante todo en examinar, para viciar y robustecer las virtudes de los reyes. Ni quiénes son sus ministros y llamar la atencion del prin- aun cuando se esté seguro de la honradez de ciertos cipe sobre un punto tan importante con abundancia de hombres, se les debe favorecer de modo que vayan garazones y de ejemples. Con respecto á los empleados nando ilimitadamente y con exclusion de los demás el de palacio, basta un solo precepto, y es que de enlre corazon del principe. Sancho de Casti Ha , llamado por toda la nobleza se elija á los que se distingan por su

sobrenombre el Deseado, al morir, en el año 1158, conbonradez, su ingenio, su prudencia, su grandeza de lió la educacion y lulela de su hijo Alfonso á Gutierrez alma y su rectitud en obedecer al principe, procurando de Castro, uno de los mejores y mas insignes alejar cuidadosamente de palacio y sobre todo privar de su tiempo. Los infanles de Lara, cuya voz y auloque se familiaricen con el que ha de ser rey un dia ridad eran poderosas en las Cortes del reino, se crehombres de perverso carácter, jóvenes entregados á yeron. injuriados con el hecho, y vejaron por largotiem. todo género de excesos, personas viciosas que con su po la república haciéndola casi servir de presa y juiejemplo y su influencia poilrian alterar la buena con- gucle. Y si esto acontece tratándose de un hombre dicion del que es la esperanza de su patria. No es po- bueno, bajo cuya sombra babia crecido el mismo Rey, sible que el pueblo lenga en buena opinion al bom- ¿qué no habrá de suceder tratándose de hombres malos bre cuyos criados se entregan á toda clase de in- ó por lo menos sospechosos que estén muy unidos con famius; así que estoy en que es preciso examinar la vi- el principe? da y las costumbres de los que van propuestos como

En elegir á los ministros y en nombrar magistrados empleados antes que se les adinita para compañía y debe ponerse aun mayor cuidado, es decir, todo el cuiservicio del principe, á no ser que ya desde sus prime- dado que exige la grandeza y la importancia del asunros años hubiesen despuntado por sus buenas prendas. to, pues si se procede sin tino, y se ponen al frente de Está envuelto el carácter de cada cual debajo de mu- los negocios públicos hombres indicados por la suerte chos pliegues y como encubierto por un velo; la frente, ó el caprielo, es indudable que estos considerarán la los ojos, el semblante y mas que todo las palabras se república como su presa, y saldrán falseados los juicios, prestan mucho á ia ficcion y á la mentira. Podrá acon- y no po:Irán reprimir las maldades la fuerza de las leyes, tecer que despues de admitido un hombre en palacio falscadas á cada paso por la violencia , el favor, la intri

ga y el dinero. No mirarán aquellos sino por sus interepudiendo menos de corromper sus costumbres en me- ses, y los fomentarán con daño y mengua de su princidio de tanto liberlinaje como hay en las casas reales; y pe. Yo no confiaria ningun cargo de gobierno á nadie cuando talsuceda, con vendrá dar á este hoibre un des- que no fuese antes proclamado al pueblo, para que cada tino que le obligue á salir del alcázar regio, á fin de que cual tuviese derecho de revelar sus faltas, como hacia con su depravacion no le inficione, pues el palacio ha en Roma Alejandro Severo , principe de esclarecida inde venir á ser una especie de templo sagradísimo, oje dole, insiguiendo una costumbre introducida por los no de todo contagio, y esto puede muy fácilmente alcan- cristianos. ¿Por qué no han de poder practicar hoy nueszarse con que los criados del principe se porten del i tros reyes lo que practicó un emperador que, aunque

varones

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se manifieste muy distinto

de lo que su fama decia, no

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de grandes virtudes, no estaba imbuido en la religion dencia; y recuerdo que entre los milesios, pueblos del

1 de Jesucristo? Mas ya que no pueda apelarse á esas pro- Asia, tratándose un dia de elegir magistrados despues de clamaciones, para que no surjan fraudes y calumnias

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un cambio de gobierno, fueron recorridos atentamente en me lio de tan grande aluvion de vicios y de tan des- todos los campos y encargados los destinos á los que mas enfrenada envidia, indágnese por lo menos con celo, se distinguieron a los ojos de todos por el esmero é incuál es la conducta , cuáles son las costumbres, cuál es teligencia en cultivarlos. ¿Será, por otra parte , justo el carácter de los que van a ocupar los altos destinos que lengül que pagar los pueblos las faltas de hombres del Estado. Conviene procurar mucho que no se confie perdidos, y satisfacer con su dinero los exagerados dela guarda de las provincias á lobos hambrientos, cu- scos de los que por su culpa han bajado á la mayor biertos con la capa y el nombre de pastores. Evitese so- pobreza ? Con razon Escipion Emiliano, viendo que en bre lodo conferir tai grandes lionores á instancias de fa- el Senado se disputaban entre sí los cónsules Servio voritos y privados. Si para curar nuestras enfermedades Sulpicio Galva y Aurelio quién habia de pasar á España ó las de nuestra familia no llamanos al médico que nos á combatir los esfuerzos de Virialo, levantó la voz en recomiendan nuestros amigos, sino al que pasa por en- medio de los padres de la patria, que estaban suspensos lendido en su arte, ¿por qué no se ha de hacer lo mis- esperando su dictámen, y dijo que no le parecian á promo tratándose de curar las dolencias de la república ?pósito ni el uno ni el otro, porque no teniendo el uno i Qué perversion lan terrible atender al favor ó al odio nada, ni bastándole nada al otro, tanto se podria temner para elegir los magistrados, eleccion de que depende de la pobreza del primero como de la codicia del sela salud del reino! No se han de confiar los cargos de la gundo. república solo á los que los solicitan, como vemos que No se confiera tampoco á cada hombre mas que un hacen inconsideradamente cierlos principes; deben si solo cargo, no se acumulen en uno solo muchos desticontarse á lus mas idóneos, á los que mas se dis- nos, y menos aun destinos de diversa índole. Aristóteles tingan por sus candorosas costumbres y su mucha ex

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impula esta falla á los cartagineses, y nosotros podriaperiencia. A estos no solo conviene llamarlos, sino hasta mos imputarla tambien á muchos príncipes que obraobligarlos á salir de su retiro, á no ser que el príncipe ron en esto muy inconsideradamente. Ni las fuerzas ni haya creido justo jubilarlos despues de muchos servicios el saber de un solo hombre bastan para un solo cargo. y de muchas y penosisimas fatigas. Los que llevan una Así que es forzoso

que

el
que

lo reuna sucumba á tan vida infatne, los que tienen corrompidas las costumbres, gran peso, debiendo sentir la falta, no solo él, sino lamlos que fundan su esperanza solo en la riqueza y en el bien sus súbditos, que habrán de hacer grandes gastos, fraude, los que se introducen en lodas partes, confian- con menoscabo de tiempo y de fortuna, por no poder do mas en el favor ajeno que en su probidad , su indus- acabarse nunca los negocios ó cuando menos por no potria y su riqueza ; los que viendo arruinada su hacien- derse terminar sino despues de muy largas dilaciones. da , su albieren á la magistratura como el náufrago á Queremos aun suponer que un solo hombre bastase para la roca, y pretenden salir de sus apuros á costa del todo, y aun así encontrariamos mal que se acumulasen estado, hombres los mas perniciosos, todos estos han en un hombre dos ó mas destinos, pues distribuyendode ser rechazados, evitados con el mayor cuidado. El los entre muchos, son tambien muchos los que aman al que por medio de maldades busca el poder no se crea principe, obligados por los beneficios recibidos, y siennunca que lo ejerza lealmente, no revolverá en su entene do muchos los que entiendan en las cosas públicas, ba dimiento sino proyectos de estupro, dle robo, de crime- de ser menor el deseo de innovarlo y reformarlo todo; nes sin cuento, 110 alenderá para nada á su reputacion, pues es claro que los que no participan de los bienes obrará siempre conforme á su carácter. Elegantemente del Estado ni por sí ni por medio de sus allegados, han dijo el festivo poela latino:

de aborrecer el estado actual de cosas y desear que suVirtute ambire oportet non ravitoribus,

fra mudanzas, cosa que no sé cómo no han considerado Sat favitorum habet semper, qui recte facit.

los príncipes al nombrar magistrados y al elegir gente

para su servicio y para la administracion y gobierno de El que no supo guardar su hacienda ¿se podrá espe- palacio. rar que sepa guardar la pública ? ¿Cómo ha de cuidar de Lo que nunca podré yo aprobar es que hombres ociolo ajeno el que miró con descuido lo propio? Podrá su- sos vayan destruyendo la república con las rentas anuaceder que sin culpa por su parte, y sí solo por la cala- les que perciben, sin mas que por tener empleos imagimidad de los tiempos, ó por las injurias de sus enemi- narios, de los que suele haber desgraciadamente un gos haya venido alguno á menoscabo y ruina; podrá gran número, sobre todo cuando el reino está alterado suceder que otros, á medida que entren en edad, vayan y en singular desórden. Alejandro Severo, excelente arrepiotiéndose de sus pasadas faltas, y corrijan y me- príncipe, fué tambien el que suprimió esa causa de joren sus costumbres; mas mientras no sea esto cosa ruina para la república. Pretendo pues que no ha de averiguada, mientras no falten hombres de reconocida haber destinos inútiles, que no se han de conferir á uno probidad y de virtudes nunca desmentidas, ¿por qué, si solo muchos cargos, ya se trate de magistraturas, ya de queremos asegurar la suerle del Estado, no hemos de empleos de palacio, á fin de que compartida la carga, preferir estos á aquellos para lodos los cargos públicos? sigan los negocios un curso mas expedito y breve; y se San Pablo no puso por obispos al frente de sus iglesias extiendan lo mas posible los beneficios de los prínsino á los que en sus casas, recta y prudentemente admi- cipes. nistradas, hubiesen ya dado prueba de su natural pru- Admitido esto, ocurre la cuestion de si deben ser los

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empleados movibles ó inamovibles. Platon pretendia que parecer dentro de un breve plazo? ¿Cuánta perversidad

fin de que fuese mayor en ellos la prudencia é infundiesen prórogas que acompañan á los pleitos, abusos todos de mayor respelo al pueblo; mas Aristóteles profesa la opi- que viven á costa de la miseria pública un infinito núnion contraria , fundándose primero en que el alma co- mero de abogados, procuradores y escribanos? Ocurren mo el pueblo envejece y se incapacita para los negocios tambien muchas veces dudas entre los jueces sobre a del gobierno, y luego en que es muy útil para el bien quién corresponde entender en taló cual negocio; mas, público que todos los empleados entiendan que han de á mi modo de ver, para arreglar estas diferencias, podria devolver el mando que les ha sido confiado y ha de ser

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hacerse que en cada ciudad hubiese uno con anchas fasu autoridad conferida y revocada por unas mismas le- cultades para dirimirlas, á quien pudiesen dirigirse las yes. El dictámen de Platon fue muy del agrado del em- partes interesadas cuando lo tuviešen por conveniente. perador Tiberio, que no removia casi nunca los prefec- -Creo que se estará convencido de cuán justo es que tos de las provincias, de quienes solia decir que, pare- el príncipe ponga el mayor cuidado en elegir jueces y cidos a las moscas, se van haciendo tanto menos ino- todo género de funcionarios públicos, y es evidente que lestos cuanto mas van chupando el pus y sangre de las no ha de ser mucho mayor el que ponga en la eleccion llagas. Muchos otros principes en cambio, y sobre todo

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de los obispos en los casos en que le competa, pues asi lo muchas repúblicas, quieren que se renueven con fre- está pidiendo la imporlancia del cargo y la salud de cuencia los magistrados para que no se corrompau ni reino y de la Iglesia. Si no se toma el principe ese cuise vicien ni degeneren en tiranos, creyendo que es dado, dificilmente podrá conservarse la santidad de la muy saludable acostumbrarlos por intervalos á vivir con religion, la integridad de las costumbres ni la tranquilos demás bajo un mismo derecho y á dar en tanto es- lidad del Estado, pues es muy de advertir que las faltas trecha cuenta de su administracion pasada. Sobre esto que en esto se cometan no tienen en ienda, pues las observo que fué muy usado en los antiguos tiempos, y leyes eclesiásticas no permiten la remocion de los preaun sancionado por una ley de Carlomagno, que en lados por depravadas que sean sus costumbres. Escáépocas dadas recorriesen todo el reino obispos y gran- janse pues por obispos varones de reconocida probides elegidos al efecto, y examinasen atentamente la dad y prudencia, de edad algo avanzada y en cuanto sea conducta é integridad y costumbres de todos los que posible versados en los negocios eclesiásticos desde sus están encargados de alministrar justicia, práctica que primeros años, pues no aprobamos que de gente prosi ahora restaurásemos, no podria dejar de pro:lucir ex- fana y de hombres del pueblo se bagan de repente pascelentes resultados. La que hoy se observa , de que el tores y maestros de la grey de Cristo, pues el que esto sucesor examine la conducta del que le precedió en el haya dado buenos resultados con un san Ambrosio y cargo, está sujeta á gravisimos inconvenientes, se cor- san Nectario y algunos mas, que no son muchos, no es re sobre todo el peligro de que aun siendo muy severos razon para que en nuestros tiempos se repita con irepara los demás, se perdonen y disimulen mútuamente cuencia. Disputan tambien muchos acaloradamente sus faltas y pecados. Habiendo llegado ya nuestras cos- sobre si es mejor que se pongan al frente de las iglesias tumbres á un estado tal de corrupcion y ligereza, no soy jurisconsullos ó teólogos , y yo soy de parecer que en tampoco de parecer que el principe indague y castigue iguales circunstancias deben ser preferidos los teólogos, las mas leves faltas de los magistrados, mas creo si que pues estos, si llevan una vida contraria á su profesion, ha de tener exploradas las costumbres de cada uno, han de aventajarles en el conocimiento y práctica de para que conociendo la lealtad y el ingenio de todos, las cosas sagradas, y los jurisconsultos consumen todo sepa hasta qué punto pueda confiar en los que han de su tiempo y su ingenio en la barahunda del foro. Sobre ejecutar sus órdenes y las leyes del Estado. Debe aten- esta cuestion, sin embargo, lablaré en otra parte mas der el principe mas á lo futuro que á lo pasado, pues lo detenidamente, contentándome ahora con añadir, sin pasado es de una condicion tal, que no es ya susceptible pretender arrogarme el derecho de decidir una cosa de de mudanza.

tanta importancia, que no puedo menos de admirarme Vamos á dar otro precepto, que es el último, pre- mucho de que se haya ido despreciando la costumbre de cepto que tal vez excite la risa de algunos, á

los antiguos, que solian nombrar obispos principalinenser, si no ingenioso, necesario, y sobre todo, mas propio te a los que pertenecian a las órdenes religiosas. Los de un consejero humilde que de un profesor erudito y antiguos estaban persuadidos, y á la verdad con razon, consumado. Debe, á mi modo de ver, imaginarse al- de que babiari de salir siempre mejores maestros y pregun medio para que no puedan alargarse los pleitos lados entre los que ya desde sus mas tiernos años se hasta lo infinito. Podria haber para cosas de menor habian acostumbrado á la disciplina eclesiástica y emcuantía jueces especiales que tuviesen para ellas pro- papado en santas costumbres y dominado el alma, que cedimientos leves y sencillos, de cuya sentencia no cu- entre los que sin ninguna educacion prévia, ó cuando piese apelacion alguna; y con respecto á los de mayor menos con una educaciou ligera se habian de presencuantía, señalarse un plazo dentro del cual debiesen sor- lar de repente como modelos de probidad y de virtudes zosamente terminarse, lo que se alcanzaria , entre otros cristianas. Así, en los tiempos antiguos apenas cabe medios, con el de quitar la esperanza de llamar testigos contar los obispos y sumos pontifices que salieron de que se encuentren en apartadas regiones, cosa que da los monasterios, al paso que en los nuestros apenas hay no poco lugar á la dilacion y el fraude. ¿Por qué no se uno que otro, y estos aun lo han alcanzado mas con podria dar por muertos á los que no hubiesen de com- malas mañas y pérfidas intrigas que por la integridad

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